Mujeres y literatura: las pioneras

En el año 1928, la escritora inglesa Virginia Woolf fue invitada a dar en Cambridge dos conferencias sobre el tema “La mujer y la novela”. En su libro Una habitación propia (1929) nos cuenta cómo acudió al Museo Británico y encontró miles de libros sobre la mujer, pero todos escritos por hombres. Ante este hecho hubiera sido fácil pensar que la literatura es cosa de hombres y que las mujeres se han limitado a ser instigadoras de la creación literaria, pero no creadoras, parte del objeto producido, pero raramente productoras del mismo. Partiendo de esta premisa, la palabra que mejor definiría, aparentemente, el papel de la mujer en la historia de la literatura universal sería ausencia. No se podría ignorar, por supuesto, la existencia de algunas mujeres escritoras que han dejado su impronta en el campo literario, las mujeres con cerebro de hombre a las que aludía Simone de Beauvoir. Pero precisamente esas mujeres no negarían la ausencia a que nos referimos, sino que, en todo caso, permitirían sustituir la palabra ausencia por excepcionalidad. Samuel Bennet, en su obra Our Women: Chapters on Sex-Discord, escribió: “() Con la posible excepción de Emily Brontë, ninguna novelista de sexo femenino ha producido una novela que iguale las grandes novelas escritas por hombres (…) Si bien es verdad que un pequeño porcentaje de mujeres son inteligentes como los hombres, en conjunto, la inteligencia es una especialidad masculina. No hay duda de que algunas mujeres son geniales, pero la suya es una genialidad inferior a la de Shakespeare, Newton, Miguel Ángel, Beethoven, Tolstoi. Además, la capacidad intelectual mediana de las mujeres parece muy inferior.” Añadiríamos, entonces, otro concepto que se aplicó a las mujeres que intentaron abrirse camino en un espacio que, durante siglos, fue prácticamente monopolio de los hombres: incapacidad. Para hablar en términos actuales, la literatura femenina fue considerada como un producto de serie B y, por tanto, marginal.

Si bien la mujer tardó siglos en reivindicar el espacio que le correspondía en el campo de la creación literaria, no cabe duda de que la literatura popular fue creada y transmitida en buena parte por mujeres. Esta literatura, bien ligada al ciclo vital o bien de temática amorosa, se caracteriza por ser, además de anónima, oral. Aparece aquí una de las primeras explicaciones para entender esa presencia casi excepcional de mujeres escritoras desde los inicios de las literaturas europeas occidentales hasta hace poco más de 150 años: el difícil acceso de la mujer a la educación y a la cultura letrada. La feminización indiscutible de la literatura popular oral demuestra que, aunque el genio creativo existía entre las mujeres, haberlas mantenido apartadas de la cultura escrita explicaría esa escasez secular de mujeres escritoras. Mientras que los hombres acudían a la universidad, sus hermanas ni siquieran podían pisar sus jardines, es decir, tenían que ser, en el mejor de los casos, autodidactas. Además, durante siglos, se consideró que la mujer no necesitaba saber leer o escribir para desarrollar las tareas que tenía asignadas en función de su sexo y que tener esos conocimientos constituía un peligro, una ventana abierta al mundo exterior, una forma de rebelión.

Es de nuevo Virginia Woolf en Una habitación propia quien nos da las claves sobre qué necesitarían las mujeres para poder competir con los hombres como creadoras de literatura: unas guineas y una habitación propia, es decir, algo de dinero (que proporciona independencia y acceso a la cultura) y una habitación cerrada a cal y canto, un espacio propio, no sólo entendido como un lugar físico individualizado y separado, sino también como un espacio vital, en el que la mujer pudiera ser dueña de su tiempo. Sus reflexiones apuntaban ya a una demanda de emancipación respecto de la tutela del padre o del esposo que todavía a principios del siglo XX sufría cualquier mujer, instalada en una minoría de edad mental permanente. Y si leyendo las reflexiones de Virginia Woolf no podemos evitar pensar que para la mujer la escritura profesional sería una especie de lujo burgués, es evidente que el mismo esquema se reproduce cuando estudiamos los casos de esas verdaderas pioneras de la literatura pensada y creada en femenino: en una inmensa mayoría, se trata de mujeres que, fuera cual fuera su estado (religiosas, solteras, casadas) pertenecían a estamentos sociales privilegiados, lo cual les garantizaba cierto acceso a la cultura y un apoyo económico. Éste sería el caso de Safo, la primera mujer escritora de obra conocida de la literatura occidental, de las refinadas poetisas que vivían en los harenes de Al-Andalus, como la conocida Wallada, o de las trobairitz, nobles occitanas del siglo XII, mujeres que cantaban al amor y al deseo que sentían por sus amantes con atrevimiento y cortesía, que tenían amplios conocimientos de música y que competían de igual a igual con los trobadores masculinos. Sus poesías sorprenden por su realismo y por sus referencias explícitas al amor carnal. Entre ellas destacan Beatriz, condesa de Dia, o Azalais de Porcairagues.

Trobairitz

A medida que avanzan los siglos, en la Edad Media y hasta el siglo XVII, la mayoría de mujeres que desarrollaron una actividad como escritoras pertenecen mayoritariamente al estamento religioso. La Iglesia condenaba determinados géneros y temas literarios y, por supuesto, consideraba que la mujer que se atreviera a escribir debía hacerlo bajo el amparo de su condición de religiosa o de una familia noble e influyente y, desde luego, sobre temas cuanto menos mundanos, mejor. Sería éste el caso de mujeres como Hrotsvitha, considerada la escritora más sobresaliente de la Alta Edad Media; o de Hildegarda de Bingen, la abadesa del siglo XII; de Catalina de Siena o de místicas como Teresa de Jesús o Sor Juana Inés de la Cruz. Aquellas mujeres que no habían abrazado la vida monástica, escriben igualmente sobre temas religiosos o, si no es así, sobre cuestiones que competían al rol que desempeñaban en la sociedad: el de esposas y, sobre todo, el de madres. Así son frecuentes las obras de mujeres dirigidas a sus hijos, en las que abundan los consejos de todo tipo, desde cómo gobernar un territorio a cómo gobernar una casa noble, pasando por consejos de tipo médico. No podríamos hablar aquí de literatura de ficción, sino de obras pertenecientes al género didáctico. Dhuoda, noble del siglo IX, sería una de sus representantes, aunque posiblemente el caso más notable sea el de Cristina de Pizán, hija de un médico y astrólogo italiano que vivió en la corte del rey Carlos V de Francia a principios del siglo XV.

Christine de Pizan

Cristina se educó en la corte y en su formación tuvieron un peso importantísimo las ideas de su padre sobre la necesidad de educar a las hijas. Cuando enviudó siendo muy joven y se encontró con tres niños a los que mantener, se puso a escribir como único medio de ganarse la vida. Nos encontramos ante el primer caso de mujer escritora profesional. Sus obras más importantes son La ciudad de las damas y Referente a mujeres famosas, escritas en 1404 y 1405 respectivamente. Ya en el siglo XVII, Madame de Sevigné escribió una serie de cartas a su hija, entre 1671 y 1696, en las que se pueden leer descripciones de la frívola corte de Luís XIV, comentarios acerca de sus preocupaciones afectivas o religiosas, su amargura por la separación de su hija o la angustia por la fugacidad del tiempo.

Aunque el XVIII es el siglo de la Ilustración, de la defensa de la libertad y de la igualdad, la mujer no consigue todavía situarse en el mismo plano que los hombres escritores. Si bien se alzan voces a favor del derecho a la educación de las niñas y jóvenes, ésta continúa circunscrita a ámbitos sociales privilegiados. Sin embargo, la mujer ya no será simplemente la protagonista de la literatura moralista y misógina o bien el objeto de deseo de la literatura amorosa escrita por hombres, sino que se le reconoce el derecho a leer, a codearse con los filósofos de la época en los salones literarios, a tener opinión, a conocer. El paradigma de la escritora del siglo XVIII podría ser Madame de Staël, alma de los principales salones literarios de París, relacionada con pensadores y políticos de la época y buena conocedora de sus obras. En su novela Delphine (1802) preconiza ya la libertad de elección sentimental por encima de los convencionalismos sociales.

A lo largo del siglo XIX asistimos al fenómeno de las mujeres que empiezan a plantearse decididamente su derecho a escribir y a que su literatura sea valorada según los mismos parámetros que la de sus compañeros masculinos. Me refiero a escritoras como Mary Shelley, Jane Austen, George Sand, a las hermanas Brontë, a Cecilia Böhl de Faber, a Colette o a Víctor Català, entre otras. Estas mujeres tuvieron que escoger entre tres opciones para poder ejercer como escritoras en toda la extensión del término que su época les permitía:

Masculinizarse, negar su condición de mujeres y asumir una identidad masculina, a través del uso de un pseudónimo o del apellido del esposo. Sería el caso de la escritora francesa Aurore Lucile Dupin, conocida como George Sand; de las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne quienes, en sus inicios literarios, utilizaron los pseudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell, respectivamente. La española Cecilia Böhl de Faber, autora de La gaviota, publicó sus obras con el sobrenombre masculino de Fernán Caballero. Mary Wollstonecraft, la jovencísima autora de Frankenstein, cambió su apellido por el de su compañero sentimental y posteriormente marido, el poeta Percy Shelley. La novelista Caterina Albert, máxima representante de la novela rural modernista en lengua catalana con obras como Solitud o Drames rurals, tenía que firmar con el pseudónimo de Víctor Català. La novelista francesa Claudine Colette (1873-1954) se vio obligada a vivir la humillación de ver algunas de sus obras firmadas por su esposo, quien, además, no tenía escrúpulo alguno de mantener esa mentira y jactarse de un éxito literario que no era suyo

Describir en sus novelas vidas femeninas “impropias”, “marginales”, que no seguían el camino marcado, que sirvieran de revulsivo y a la vez de ejemplo conminatorio para el resto de las mujeres, como el personaje de la esposa loca de Rochester en Jane Eyre, de Charlotte Brontë, el de Catherine Earnshaw en Cumbres Borrascosas, de su hermana Emily, o el de la infanticida en la obra homónima de Víctor Català.

Crear una literatura estrictamente “femenina” hecha por y para mujeres en la cual no se pusiera en entredicho ninguno de los valores sociales imperantes. Nos servirían como ejemplo las novelas de Jane Austen, quien durante mucho tiempo fue acusada, incluso por otras mujeres escritoras, como Emily Brontë, de desarrollar una literatura de “saloncito”, de desconocer el mundo que había más allá de las paredes de su casa, aunque afortunadamente, la crítica moderna ha sabido reinvindicar el estilo, el humor, la ironía e incluso la crítica social que, siempre de manera muy tangencial, contienen las novelas de esta escritora inglesa.

Así pues, el camino que la mujer ha tenido que recorrer hasta ser considerada una profesional de la literatura ha estado sembrado de obstáculos: el dificilísimo acceso a la cultura escrita, unido a una infravaloración de la capacidad creativa de la mujer serían los principales y los más penosos de superar. Por esta razón, la tenacidad, el esfuerzo, hasta el atrevimiento que demostraron estas pioneras de la literatura merece que su obra sea conocida, reivindicada y valorada.

 

28 de Noviembre: ¿las elecciones de la abstención?

Queda una semana para las elecciones autonómicas y todavía estoy dándole vueltas a la cabeza sobre cuál será el contenido de la papeleta que debería depositar en la urna el próximo Domingo 28. Y lo que es peor: por primera vez me estoy planteando seriamente la abstención, opción que siempre he rechazado y he combatido, aunque solo sea por la obligación moral que entiendo que tengo con todos aquellos que lucharon para hacer posible que pudiéramos expresar nuestra voluntad en el marco de un sistema democrático. Porque este sentimiento lo tengo muy presente y porque sé que Catalunya se juega mucho en estas elecciones, sigo haciéndome estas reflexiones: sé que debería ir a votar, pero la abstención me tienta. Y no es por desinterés o por irresponsabilidad, como podréis suponer, sino porque estoy confundida. Y decepcionada. Y cabreada. Y no debo ser la única. No sé si el resto de los que son llamados a las urnas el 28 de Noviembre han votado nunca en estas condiciones. Para mí, al menos, es una novedad.

Estas elecciones deberían servir para estampar en las narices de los políticos, los de dentro y los de fuera, el cabreo, la decepción y el malestar de los catalanes, sentimientos que no solo están provocados por los cuatro últimos años de gobierno del Tripartito, sino por la actuación política hacia Catalunya de los partidos estatales, de los que gobiernan y de los que querrían hacerlo. La crisis económica, sus repercusiones y la manera cómo se están gestionando también serán determinantes en la decisión de los votantes y, por tanto, jugarán un papel importante en los resultados que salgan de estos comicios. En este sentido, estoy convencida de que lo que expresamos los catalanes en las urnas servirá, en buena parte, como precedente de lo que puede suceder en las próximas elecciones generales. Ir a votar en un país que vive la peor crisis económica que hemos conocido la mayoría no es el mejor de los escenarios. De esto, y también de la cuestión de la inmigración sacarán votos baratos y populistas partidos como Plataforma per Catalunya y el propio Partido Popular. Los partidos que defienden postulados xenófobos y racistas, que hasta ahora estaban más o menos camuflados, ya levantan la voz y quedarán totalmente al descubierto después de estas elecciones, si tienen razón las encuestas que les otorgan representación parlamentaria. No me sorprende, porque esta es también la sintonía que está sonando en otros países europeos. ¿Qué pienso al respecto? No estoy de acuerdo con lo que dijo la candidata del PP en Catalunya, Alicia Sánchez-Camacho, en el sentido de que “En Catalunya no cabemos todos. Pero tampoco apoyo la actitud política con la que se ha gestionado la cuestión de la inmigración desde hace una década, con despreocupación, sin ninguna previsión, considerando a los inmigrantes como piezas de un tablero económico que servían mientras tenían una función y que después nos sacamos de encima cuando no sirven. Como en todo, también en este caso se ha gobernado y legislado sin ningún tipo de previsión, sin prever los costes económicos y sociales y sin aprender de la realidad de nuestros vecinos europeos. Y eso puede comportar que tengamos que ver a individuos de extrema derecha sentados en escaños de nuestro parlamento, una imagen que yo quisiera reservada sólo para los pesadillas.

Otra cuestión que tendrá un peso evidente en estas elecciones, pienso que debería ser una de las más determinantes, es el modelo de relación que los catalanes queremos tener con el Estado español. En resumen, cómo se repartirá el voto independentista en un momento en que esta opción empieza a salir del ámbito más o menos emocional y se convierte en una opción que una parte importante de los catalanes consideramos viable, tras constatar, porque nos lo han dejado bien claro, que no tenemos cabida en el proyecto autonómico español, que por otra parte está cerrado y superado. El voto independentista, que desde siempre había sido representado por Esquerra Republicana de Catalunya, respondía mayoritariamente a cuestiones identitarias con las que no se sentían representados una parte de quienes viven y trabajan en Catalunya (ésta es la definición de “catalán” que un día dio Jordi Pujol). Pero es obvio que amplios sectores de la sociedad catalana han entendido que aquél “Adiós España” que se vio y se escuchó en la manifestación del 10 de Julio va más allá y responde a cuestiones no sólo de identidad . La opción independentista creo que ahora mismo es mucho más plural porque, por suerte o por desgracia, las razones que los catalanes podemos tener para desear formar parte de un nuevo estado son muchas. Y aunque Montilla hable de la “desafección” de los catalanes hacia España, yo diría que es más bien al contrario. Si dejamos de lado cuestiones tan importantes como son el derecho de los pueblos a decidir y a gestionar su futuro, la situación de agonía cultural y lingüística en que nos encontramos o los agravios históricos no resueltos (de ello, en España no quieren oír ni hablar, porque dicen que siempre hacemos el llorica y que ya es suficiente), hay muchísimas razones por las que cualquier persona que viva en Catalunya, sea nacida o no aquí, puede querer vivir en un país mejor. Pero los españolistas, a los que ya les parece bien el modelo de relación con el estado que tenemos actualmente, son los que, precisamente, utilizan sólo cuestiones identitarias para defender su postura. Porque se sienten muy españoles, centralistas y monolingües, porque el castellano es para ellos la única lengua con valores superiores (como afirmaban sin ningún rubor los firmantes del último Manifiesto por la Lengua, el Nobel Vargas Llosa entre ellos, por cierto), porque mola mucho pasearse con la camiseta de La Roja, aceptan que el Estado español someta a Catalunya a un expolio fiscal descarado e inmoral. Las cifras cantan, aunque ellos quieran mirar hacia otro lado. No quieren saber nada del déficit fiscal o de la falta de inversiones en infraestructuras. Seguro que se sienten muy bien cuando, después de pagar unas autopistas que están más que pagadas, se levanta la barrera de los peajes y no se acuerdan de las fantásticas autovías gratuitas de que gozan otras comunidades . Lo único que les molesta es que los rótulos de esta misma autopista están en catalán y en castellano: ¿por qué no sólo en castellano si estamos en España? No tienen ni idea, ni creo que les importe, de cuál es el futuro que se dibuja para sus hijos, de cuál es la política estatal con respecto a la concesión de becas (los estudiantes catalanes reciben sólo el 5% del total, mientras que los estudiantes madrileños se llevan el 57%). Si dejaran de lado si se sienten más españoles que catalanes o sólo españoles, entenderían que si tuviéramos una seguridad social propia nuestra renta per cápita anual, también la suya, aumentaría en casi unos 3.000 € anuales. No sé si por cuestiones puramente identitarias se puede admitir que el 70 % de los trenes considerados obsoletos circulen por Catalunya. O que se construya un aeropuerto como el de Ciudad Real, por donde no pasa ni Dios, mientras que las inversiones en el aeropuerto de El Prat son de sólo 12,7 millones de euros frente a los 300 invertidos en Barajas. Si una persona vive y trabaja en Catalunya, paga aquí sus impuestos, no en Albacete, en Mérida o Jaén, no puede aceptar agravios como el que se cometió con el AVE, por poner un ejemplo. Si yo tuviera que ir a vivir a las Quimbambas, por muy catalana que me pueda sentir, lo que querría es que la vida en las Quimbambas fuera lo mejor posible, sin perjudicar ni menospreciar a nadie, pero trabajaría y lucharía por hacer del país Quimbambil el mejor lugar para vivir. Y eso no quita que pudiera entrar en éxtasis si escuchara “Els Segadors” (que os aseguro que no sería el caso, no he sido nunca persona de veleidades folclóricas) o que colgara en el balcón una senyera cada fiesta de guardar. Si esto no se entiende, cualquier argumento que se presente será inútil. Pero para los partidos españolistas, para la últimamente llamada “caverna mediática”, que no es nueva, sino la de siempre, todo esto es lloriquear y hacerse la víctima. También puede que sea necesario explicar de manera clara estas cifras a aquellos que viviendo en Cataluña, trabajando, pagando sus impuestos, continúan exhibiendo un nacionalismo español incomprensible. Porque el Estado español los está perjudicando, a ellos o a los que son catalanes desde hace treinta generaciones. Se ve que les gusta ser cornudos y apaleados (en catalán, el refrán es “ser cornudo y pagar la bebida, y nunca mejor dicho). Pero hay un importante sector de la ciudadanía catalana que sin haber comulgado del todo con el independentismo hasta ahora, entienden este discurso economicista, que tristemente, en tiempos de crisis, es el que más preocupa. Sobran los despropósitos como el de Puigcercós diciendo que Madrid es una fiesta fiscal y en Andalucía no paga impuestos ni Dios. La primera parte de la afirmación parece tener algo de fundamento, viendo como Ruiz Gallardón ha tenido que ir con el rabo entre piernas a pedirle a Rodríguez Zapatero una refinanciación de la deuda del Ayuntamiento madrileño. En cuanto a los andaluces, está claro que pagan impuestos, es obvio. Pero lo que reciben a cambio de sus impuestos es infinitamente superior a lo que se recibe aquí, donde la cantidad que pagamos es también infinitamente superior. Pero, ¡es verdad! Decir eso es ser insolidarios. Pues yo diría que admitir que esto suceda en nombre del patriotismo españolista es ser imbéciles. Basta de demonizar al nacionalismo que desde el centro llaman “periférico” cuando los españoles practican el nacionalismo más rancio y excluyente. Basta de identificarlo con el fascismo y de comparar los partidos independentistas con la Liga Norte italiana, cuando desde el nacionalismo se ha luchado siempre por el progreso y la democracia. Las razones para optar por el voto independentista son muchas: las identitarias (asfixia cultural y lingüística, derecho a la autodeterminación) y las económicas y sociales. Podemos elegir las que queramos. A mí me afectan todas. Hay que estar ciego para no ver lo que interesa a España de Catalunya. Se llenan la boca hablando de España como de una “gran familia”, pero por lo visto, hay hijos de primera e hijos de segunda. ¿Quién querría formar parte de una familia donde se siente despreciado? Creo que el tiempo en que Catalunya ha hecho de motor de España tiene que acabar. Que arranquen de una vez, pero sin mi dinero.

Tras la manifestación del 10 de Julio parecía que algo se movía en Catalunya, que la voluntad de reafirmación y de plantar cara era firme. Por primera vez me planteaba dar mi voto a un partido independentista. Ahora ya no estoy tan segura de ello, no porque mis ideas hayan cambiado, sino porque no acabo de sentirme cómoda con ninguno de los tres partidos que representan esta opción. ERC ha estado en el Tripartito durante dos legislaturas y solo nos ha demostrado que, como siempre, acaba traicionándose a sí misma, que ya es lo último. Y los dos nuevos grupos que hacen suya de manera clara y abierta la opción por la independencia, Reagrupament y Solidaritat Catalana, mucho me temo que contribuirán a fragmentar el voto que escoja esta alternativa. Decepcionante, en definitiva.

Artur Mas, al frente de CiU, se apunta ahora al discurso más o menos independentista. Es sospechoso, como mínimo, cuando CiU no ha hablado nunca claro al respecto. Y por eso no me lo creo. Nos guste o no, tenemos todos los números para ver a Artur Mas instalado en el Palau de la Generalitat. Los primeros que lo tienen claro son los del PSC, que se han dedicado a reírse de él sistemáticamente y a utilizar medios muy poco elegantes para descalificar al candidato convergente, empezando por el eslogan “Artur Mas de lo mismo” y continuando con el vídeo en el que, al ritmo de la canción “Despeinado”, de un tal Palito Ortega, hacen un recorrido por la trayectoria política de Mas a través de diferentes estilos de peinados. Feo y poco serio, si se me permite decirlo. El ingenio que gastan lo podrían aplicar a explicarnos cómo piensan solucionar el follón económico y social en que nos han metido en estos últimos cuatro años. O a intentar justificar su absoluta sumisión a los dictados del PSOE, traicionando sus propias decisiones, lo que han votado en el Parlamento de Catalunya, que han acabado convirtiendo en un Parlamento de juguete. Qué nivel … Y no, no defiendo a Mas, porque me parece que no representa ninguna opción de cambio. Vuelvo a decirlo: no me lo creo en casi ninguna de sus propuestas electorales. Y todos sabemos, además, que si no llega a la mayoría absoluta, entraremos de nuevo en la política de pactos. Los pactos de CiU con el PP ya los conocemos. Y un pacto CiU-PSC, que es bastante más plausible de lo que muchos creen, acabaría haciendo el país ingobernable. Pero parece que las alternativas de gobierno están totalmente atomizadas entre Montilla y Mas, que serían los únicos con posibilidades reales de llegar a la Generalitat.

Ni me planteo dar mi voto al PSC, tengo tantos motivos para no hacerlo que os aburriría, pero correré el riesgo y os daré unas cuantas. Porque en contra de lo que debería haber hecho, no ha sabido defender los intereses de las clases medias y trabajadoras. Porque es totalmente subsidiario de los dictados del PSOE y ha traicionado a gran parte de sus bases en Catalunya. Porque ha permitido que nos convirtamos en una colonia y encima, tenemos que estar satisfechos de ello. Porque si de verdad es un partido de izquierdas y que trabaja para los menos favorecidos, debería darse cuenta de que el modelo de relación con el Estado español que defienden perjudica precisamente a las clases populares, a los trabajadores, a los pequeños empresarios autónomos, a los profesionales liberales, a los funcionarios, a todos aquellos que no llegan a final de mes y que tienen que subvencionar un Estado en quiebra. Porque su discurso cobarde y pseudocatalanista ya no engaña a nadie. Porque han hecho la peor gestión de la crisis económica que se podría imaginar y porque pretende comprar votos con proyectos como el de la subvención a los nini’s que me parece inmoral. Y porque, off the record, algunos de los políticos más destacados del partido, los que representan el sector tradicionalmente más catalanista, los más maragallianos, por decirlo de alguna manera, critican de manera clara la gestión política de este hombre que ha llegado a presidente de la Generalitat sin más aval que haber sido siempre el perro fiel de su amo, del que ha tocado en cada momento.

Los partidos como el de la expopular Montserrat Nebrera, el engendro llamado “Ciutadans” (las encuestas les otorgan un escaño más que en 2006, y eso produce arcadas) o el españolista UPyD de Rosa Díez (que acabaremos viendo apoltronada en las filas del PP haciéndole la competencia en casposidad a la mismísima Esperanza Aguirre si su proyecto no le acaba de funcionar, y si no, al tiempo) es obvio que sacarán votos de este sector que antepone las cuestiones identitarias a su bienestar económico y social. Son aquellos que juran y perjuran que los castellanoparlantes son perseguidos, que el castellano no se habla en Catalunya, que estamos llevando a cabo una especie de limpieza étnica simbólica, que se sienten felices con la camiseta de La Roja y el “torito” en el coche “tuneao”, que mienten como bellacos y lo saben, que fomentan la discordia, el malestar, el enfrentamiento y los estereotipos. Aunque esto les cueste 60 millones de euros diarios. Estos partidos sacarán votos “populacheros”, en el mismo sentido que Plataforma per Catalunya lo puede hacer explotando el tema de la inmigración.

Ante todo esto, no sé si a alguien le puede sorprender que la abstención sea la alternativa escogida por, dicen, entre un 40% y un 55% del electorado. La tendencia abstencionista afirman que favorece a Mas y a los partidos independentistas, ya que si la participación fuera baja, Solidaritat podría tener representación parlamentaria. No me fío mucho de las encuestas, pero como la voluntad abstencionista suele estar oculta, es probable que el porcentaje sea más alto de lo previsto. Y estoy segura de que el grueso de esta abstención lo nutrirán personas que han sido tradicionalmente votantes del PSC. Porque están hasta las narices, porque “pasan”, en definitiva. Las mismas encuestas dicen también que todavía hay entre un 35% y un 40% de indecisos, de potenciales electores que aún no han decidido su voto. Entre ellos, yo misma

Me gustaría poder “pasar”, abstenerme, pero sigue pareciéndome irresponsable. Quisiera tener las ideas más claras, ser un poco más crédula, no sentirme avergonzada por la campaña que están llevando a cabo algunos partidos para los que parece que más que electores seamos simplemente “audiencia”, espectadores de un ridículo “Gran Hermano “. Me parece lamentable el orgasmo que en su publicidad dicen los del PSC que nos provocará votar Montilla. Pues mira qué bien. Me avergüenza escuchar las descalificaciones gruesas y poco elegantes que se dirigen unos a otros, tener que contemplar a la pandilla de “Ciutadans” en pelotas, no doy crédito al videojuego pepero donde se dispara contra inmigrantes. No se está haciendo campaña política, sino publicidad pura y dura.

¿Comprendéis por qué me tienta la abstención?

 

Ser profesor en España: cuando la vocación ya no es suficiente

Hace demasiado tiempo que llego a casa después del trabajo pensando que tal vez no estaría mal intentar un “cambio de aires” laboral. Y este pensamiento, que antes sólo me rondaba por la cabeza después de un mal día (y un mal día lo tiene cualquiera), empieza a ser demasiado reiterativo e insistente. Y me enfado conmigo misma, me riño incluso, e intento pensar en otra cosa, porque si alguien ha nacido con vocación para la docencia, ésa soy yo. Cuando de pequeña  me hacían la insufrible pregunta sobre qué quería ser de mayor, nunca pasé por esa etapa de veleidades artísticas en la que algunas quieren ser cantantes o actrices. Ni sentí la llamada humanitaria que conduce a otros hacia la medicina.  Por fortuna, siempre fui consciente de mis limitaciones y no se me pasó por la cabeza querer ser modelo…. ¡ni siquiera azafata!  Tampoco me tentó, en determinado momento y estando en puertas de mi entrada en la universidad, cierta visión práctica y utilitarista de los estudios, así que no cometí el error de matricularme en Derecho, en Empresariales o en Económicas, que eran las carreras “estrella” en la época. Sólo durante un corto periodo de tiempo barajé la posibilidad de estudiar Periodismo. Pero siempre me interesaron las disciplinas humanísticas, la lengua y la literatura, la historia, la filosofía, así que al final, acabé en la facultad de Filología. Explico todo esto, y pido perdón por el preámbulo, para ilustrar el grado de decepción, de desilusión y de desgaste profesional que puedo estar experimentando cuando llego a plantearme dar un giro a mi vida y cambiar de trabajo cuando la docencia siempre ha sido para mí absolutamente  vocacional y la he ejercido con la entrega y con la motivación que cualquier persona pondría en una actividad que la llena y la satisface. Mi caso, desafortunadamente, no es único, más bien diría que es bastante representativo del estado de ánimo de miles de maestros y profesores en este país. Al menos, es idéntico al que experimentan los que yo conozco.

Hace poco más de un mes que se ha iniciado el nuevo curso. Un curso más. Seguro que cuando termine, allá por el mes de Junio, volverán a publicarse datos acerca de los males de la educación obligatoria en España, tanto en Primaria como en Secundaria. Volverán a ser objeto de debate entre los de siempre, los políticos y los teóricos de la educación, pero la voz de los que día a día entramos en el aula y nos enfrentamos a esos malos, no será escuchada. Y volverá a iniciarse un nuevo curso y, quién sabe si dentro de poco tendremos que lidiar con una nueva ley de educación, que es lo que suele pasar en este país cada vez que cambia el color del partido que gobierna. Y así nos va.

Los datos sobre la calidad de la enseñanza obligatoria en este país son francamente preocupantes, con la segunda tasa de fracaso escolar más alta de Europa. Los sucesivos Informes Pisa de la OCDE han demostrado que la puntuación media de nuestros alumnos de 15 años en Comprensión Lectora, Matemáticas, Ciencias Naturales y Capacidad para la Resolución de problemas está muy por debajo de la media de la OCDE, es más, está rayando la puntuación más baja.

Evidentemente, estos datos han sido motivo de reflexión, aunque existen discrepancias sobre dónde está el origen del problema y cuáles son sus posibles soluciones.  Unos creen que el problema de la educación en España es la falta de recursos económicos y que la solución radica en aumentar las dotaciones presupuestarias destinadas a la enseñanza. No digo que no tengan una parte de razón, por supuesto, aunque este análisis peca de simplista, porque siendo deseable que el presupuesto destinado a educación fuera superior, no podemos olvidar que es también imprescindible marcar en qué forma va a gastarse ese dinero y la eficacia final de ese gasto. Y ya tenemos cierta experiencia acerca de cómo dilapidan los recursos públicos las administraciones competentes en materia educativa, tanto estatales como autonómicas. De todas maneras, espero que no tengamos que llegar a los extremos que se han adoptado en Italia de tener que recurrir a la publicidad en las aulas de las escuelas públicas. Ya sólo nos faltaría ser esponsorizados por PlayStation, o Los 40 Principales. Por otro lado, están los que opinan que el problema lo constituye el propio sistema educativo españo y sus variantes,  y yo, personalmente, me inclino por esta última opción, porque tengo parece indiscutible que sus males estructurales son muchos. Aun así, las cosas no son tan sencillas, porque un sistema educativo es también el reflejo de una sociedad determinada, con sus valores, ideas e intereses,  y de su clase política.

No voy a negar que los problemas de la educación en España vienen de antiguo, pero si tuviésemos que marcar un punto de inflexión, ése sería el momento de la aplicación de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) de 1990, que iba a representar un giro en relación al sistema anterior. Y más que un giro, se hicieron varios luppings y un par de caídas al vacío, estilo Hurakan Condor. La educación española se ha estado moviendo, en los últimos 100 años, entre dos estrategias educativas diferentes: aceptada la premisa que cualquier estado moderno tiene que garantizar una instrucción universal y gratuita a todos sus ciudadanos como forma de garantizar la igualdad entre ellos, se empieza a discutir entonces la diferencia entre “instrucción” y “educación”. ¿Quién es el responsable de instruir y de educar? La instrucción, defienden unos, es tarea del Estado, mientras que la educación corresponde a las familias. Pero aparece una nueva concepción educativa basada principalmente en las ideas que Rousseau expone en su obra Emilio, que defiende que el objetivo del Estado es educar a través de la escuela y no instruir. Esa educación, base para el perfeccionamiento social y moral, sería responsabilidad más del Estado que de los padres, ya que su finalidad sería formar buenos ciudadanos. Para Rousseau, el niño ideal es el que se formaría a su propio ritmo, según sus particularidades (ni más ni menos que la famosa “atención a la diversidad” que se nos exige que llevemos a cabo en un aula con 25 alumnos), sin restricciones ni normas,  sin prohibiciones,  castigos o presiones,  y que sería capaz de aprender según su propia experiencia.  El profesor pasaría a ser una especie de mentor u orientador que lo acompañaría en ese camino.

Es bastante evidente que en España, a partir de la implantación de la LOGSE, hemos asistido al triunfo de la concepción educativa rousseauniana. Para los políticos y para los responsables en materia educativa, el sistema franquista, era autoritario, se basaba en el aprendizaje puramente memorístico de conceptos, tenía un peso evidente en contenidos religiosos, era represivo, monolítico y, además, clasista, ya que no ofrecía la oportunidad de acceder a estudios superiores a todos los ciudadanos y, por tanto, no garantizaba la igualdad de oportunidades para los mismos. Creo que nadie podría, en conciencia, rebatir todas estas objeciones, aunque quizás se ha demostrado que el sistema tradicional de enseñanza no era desechable en todos sus aspectos. De todas maneras, no hay que olvidar que en los últimos años del franquismo se caminó ya hacia un modelo de escuela unificada: se amplió la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 14 años (8º de EGB) y se suprimieron los exámenes oficiales en la Secundaria.

A partir de los años 80, con la llegada de los socialistas al gobierno, se adopta el modelo de la comprenhensive school, que se había ensayado en Europa 30 años antes con resultados más bien poco satisfactorios. Por qué se implantó aquí como si de la panacea educativa se tratara, teniendo en cuenta las experiencias europeas previas, sigue siendo un misterio para mí. La idea principal de este sistema educativo es que la igualdad de oportunidades para los ciudadanos sería un hecho, independientemente de su nivel económico, si al terminar la etapa educativa obligatoria tenían todos el mismo bagaje cultural, la misma formación. Digamos que, hasta aquí, nada que objetar, porque la educación gratuita quiere evitar que las diferencias económicas comporten un nivel educativo inferior para los menos favorecidos. El problema es que nadie se había planteado que la educación, además de ser general para todos los ciudadanos, debía ser de calidad. De otra manera, igualaríamos a todos los ciudadanos, es cierto, pero en la ignorancia. Y esto es lo que acabó sucediendo. Se bajó el listón para que todos los chicos y chicas pudieran exhibir su título de Graduado en ESO, pero la trampa radica en que esos estudios son de una mediocridad escandalosa.

No creo que se pueda cuestionar que todos los individuos tienen derecho a la mejor de las educaciones. Pero lo que no podemos de ningún modo aceptar es que el papel de la escuela sea igualar a las personas desde el punto de vista intelectual, es decir, pretender que todas puedan recibir el mismo nivel de educación con el mismo aprovechamiento,  ya que todas las personas no tienen la misma facilidad o disposición para el estudio. Pretender eso es igualar a todos al nivel del más torpe. No sé si esto suena políticamente incorrecto, pero es lo que extraigo de mi experiencia de años de docencia. Pues esto, ni más ni menos, es lo que pasó en España a partir de la implantación de la LOGSE. Se quiso crear una escuela en la que no habría desigualdades, ni siquiera por razón de la inteligencia o de la capacidad intelectual de cada alumno. Se reprimiría la competitividad, que es algo natural y que si se entiende como algo sano, favorece el proceso educativo de los alumnos. Se aprendería a ser tolerante, solidario y todos los niños serían buenos y felices. Qué bonito sería eso pedagógicamente hablando, desde luego, pero cómo nos manipularon a todos los que íbamos a estar involucrados en la tarea de educar y a todos los que, pretendidamente iban a ser educados en la escuela.

Como resultado, con la aplicación de la LOGSE nace la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), con cuatro cursos de enseñanza común, repartidos en dos ciclos (1º y 2º de ESO, Primer Ciclo, y 3º y 4º de ESO, Segundo Ciclo), que los alumnos cursarían entre los 12 y los 16 años (con lo cual, la educación obligatoria se alargaba dos años más). Después, el alumno podría optar por cursar dos cursos de Bachillerato o Formación Profesional. Eso significó que hasta los 16 años los alumnos no podrían ser separados ni en base a diferencias intelectuales ni por intereses distintos. En Educación Primaria, En un principio se pretendía que los conocimientos de los alumnos no fueran valorados con las notas tradicionales, sino con unos “progresa adecuadamente” o “no progresa adecuadamente”, que eran mucho más políticamente correctos y que no traumatizaran a los niños. Afortunadamente hace poco se tuvo que rectificar, pero después de tantos años, el mal ya está hecho. En Secundaria, si todos los alumnos tendrían que haber recibido el mismo nivel de formación, no podía hacerse de otra forma que no fuera aligerando los planes de estudio y recortando los temarios de manera que hasta los menos dotados para el estudio o los que tenían menos ganas de estudiar pudieran alcanzar los mínimos exigidos. ¿Y en qué queda el papel del profesor o del maestro? Pues siempre desde la óptica rousseauniana de la educación,  hemos acabado ejerciendo de mentores y orientadores, y también de psicólogos, policías, asistentes sociales, mediadores familiares, de todo, menos de docentes. Porque transmitir conocimientos es lo de menos. Porque hemos llegado a un punto en que un alumno no puede admitir que siente “cierta curiosidad” en saber cómo se adquiere el lenguaje, cuáles fueron las causas de la Primera Guerra Mundial, qué paralelismos encontramos entre la Odissea de Homero y el poema Ítaca de Kavafis o en la resolución de qué problemas matemáticos se puede aplicar un sistema de ecuaciones sin que sus compañeros le consideren un “friki”. Y es que a la escuela parece que ya no se va a aprender (entre otras cosas porque a los alumnos se les ha inculcado que no existe una verdad objetiva), los profesores, como colectivo, nos hemos convertido en una rama de los servicios sociales y un alumno que no da problemas no es ya el que supera trimestre tras trimestre los objetivos de cada materia, sino aquél que no provoca conflictos, no insulta a sus compañeros o no le falta al respeto flagrantemente al profesor.

Asumiendo todos esos nuevos roles que antes correspondían a la familia, favorecen que muchos padres se inhiban de sus responsabilidades educativas y las traspasen a la escuela. Pero, a la vez, desconfían totalmente de la capacidad de los profesores y maestros, contribuyen activamente a que nuestra consideración social y profesional haya caído en picado, y se erigen en jueces de nuestro trabajo, nos lo cuestionan, y culpan a aquéllos a quien han cargado con una responsabilidad que no les corresponde, al menos, no de manera absoluta, de todos los males de sus hijos y de los problemas que les puedan ocasionar. Para un cada vez más amplio sector de padres, la escuela es un “aparcamiento” donde depositar a sus hijos el mayor número de horas posibles, donde tienen que “aprender”, pero sin estresarse, en donde no se les pueden poner tareas para casa, porque después de las clases tienen taekwondo, ballet, hip hop-funky, fútbol, guitarra acústica o malabares, y claro, después se meten muy tarde en la cama y no les dejan ver la televisión tranquilos (aunque no se preocupan de saber qué hacen cuando  entran en sus habitaciones ni se enteran que, una vez en ellas, se pasan horas conectados al Messenger o al Facebook).

Me explicaban unas amigas, maestras de Educación Infantil, que los niños que entran en P3, cada vez les llegan más inmaduros y menos autónomos, sobre todo en el tema de la alimentación, muchos no quieren mascar ni tomar sólidos, porque para las madres es más fácil y cómodo por la mañana seguir enchufándoles un biberón de cereales, porque tardan mucho en tomar unas tostadas y un Cola-Cao, que además corre el peligro de acabar en el suelo, y eso significa, encima, tener que levantarse antes. O que muchos de los niños que no han ido a la guardería todavía usan pañal, porque tener que quitárselo es trabajoso y un engorro, y ya lo harán en el cole. Si extrapolamos esto a los adolescentes, resulta que somos nosotros, los que se supone que tenemos que despertar el amor por la lectura, el interés por la ciencia o la curiosidad por las aplicaciones de la matemática, los que tenemos que acabar enseñándoles desde que no se come con la boca abierta o que las mesas no se pintan con rotulador permanente, hasta cuáles son los peligros del consumo de drogas, las ventajas e inconvenientes de los diferentes métodos anticonceptivos, que la ducha diaria es muy sana o que no se debe llamar “puto moro de mierda” a los inmigrantes de religión musulmana. Si con el tiempo que nos queda podemos enseñarles a comprender lo que leen, a escribir sin demasiadas faltas de ortografía y a saber localizar en un mapa dónde está Bosnia-Hercegovina, pues mejor.

La LOGSE significó también que en educación se empezaran a utilizar una serie de conceptos de nueva cuña pedagógica: “desarrollo curricular”, “temporización”, “secuenciación”, “contenidos conceptuales”, “procedimientos”, “valores”, “normas” y “actitudes”. Ya no existían las asignaturas, sino los contenidos curriculares. No había exámenes, sino “pruebas diagnósticas”. Las evaluaciones tenían que ser “continuas, sumativas y formativas”. En todos los “desarrollos curriculares” se tenía que tener en cuenta la “transversalidad”, otra de las sopas de ajo descubiertas por los pedagogos, y que no es otra cosa que trabajar los temas recurrentes que aparecen en distintas asignaturas y que debían servir para trasmitir los valores que se suponía que tenía que difundir la escuela (la tolerancia, la solidaridad, el respeto al medio ambiente, la educación para la salud, etc).

En definitiva, mientras que en los países europeos que habían adoptado este modelo pedagógico éste se encontraba ya en franco retroceso, en este país parecía que se había descubierto la panacea educativa. La escuela ya no tenía como finalidad transmitir conocimientos sino inculcar valores y asegurar la adquisición de una serie de habilidades a las que llaman “competencias”. Los niños, nos dicen, tienen que “aprender a aprender”.

Transmitir conocimientos ya no es moderno, porque todo es relativo, porque los profesores no tienen la verdad absoluta. No, desde luego que no, decían los profesores que se enfrentaron con la reforma educativa en sus primeros años de andadura, pero algo más que los alumnos seguro que sabrían, al menos, en lo que respecta a las disciplinas que supuestamente tenían que impartir. Craso error, sería la respuesta de los padres de la LOGSE. Porque como cada niño tiene que aprender a su manera, educar no tenía que consistir en la transmisión de un conjunto de conocimientos, sino en quedarnos calladitos a su lado mientras observamos cómo “percibe el mundo” y, a partir de eso, aprende de la experiencia. A lo sumo, podemos darle un toquecito en el brazo si se desvía del camino de los valores, las normas y las actitudes que debe incorporar para convertirse en un buen ciudadano, pero no demasiado fuerte y siempre con educación, que si no, les faltas al respeto y pueden denunciarte.

Posiblemente llegar a estos extremos ridículos no era lo que pretendían los que, quiero creer que de manera bienintencionada, parieron la LOGSE.  Pero que lo que no pueden negar es que su objetivo principal era conseguir una educación sin alternativas para los alumnos, ni en función de su capacidad, inteligencia o intereses futuros. Que gracias a ellos, el docente ha perdido cualquier tipo de autoridad y que la permisividad es total y absoluta en todos los aspectos, disfrazada bajo la máscara de la tolerancia y del diálogo. Todo ello siguiendo la idea de que la escuela no debe sólo transmitir conocimientos (pero no muchos, no vaya a ser que algún alumno no apruebe la ESO), sino “educar en valores”. Y muchos de nosotros, viendo el panorama de la sociedad en la que vivimos, pensamos que, además de todos los conocimientos que marca el currículum, y algunos más, para que nuestros alumnos no salgan al mundo como analfabetos funcionales, les acabamos educando en esos famosos valores: la tolerancia, el valor del diálogo, la igualdad de género, el rechazo al racismo y a la xenofobia… Y a no comer con la boca abierta o a respetar el mobiliario del centro. Añadiría que en esa “educación en valores” se podrían añadir otros que parece que los defensores de la comprehensive school parecen haber olvidado: el valor del esfuerzo, la constancia, el respeto por la opinión del otro, la responsabilidad individual y colectiva, el deseo de superación o la iniciativa.

Pero nadamos contra corriente: si nuestro sistema educativo no contempla ningún principio de autoridad y deja al profesor o al maestro sin ningún recurso frente a las actitudes de apatía, desinterés, hostilidad e incluso violencia de los alumnos; si a un alumno que suspende cinco materias se le puede “promocionar” y, por tanto, pasar de curso, aunque no haya logrado adquirir los conocimientos mínimos exigidos, si hasta hace unos años no se podía repetir curso, si todos los alumnos van a llegar al mismo punto, independientemente del esfuerzo y del trabajo, si la actitud que mantengan en la clase, con los compañeros o con los profesores no se tiene en cuenta ¿quién va a ser el tonto que quiera estudiar y esforzarse?  Entonces ¿por qué nos sorprendemos de que la educación en España esté a la cola de Europa? Lo sorprendente sería lo contrario. Con la implantación de la LOE, la Ley Orgánica de Educación, de 2006-2007, el panorama educativo no ha mejorado y en algunos aspectos, diría que ha complicado más la situación porque el “buenismo educativo” campa a sus anchas.

Las diferentes leyes de educación que ha habido en España desde la transición han sido proyectos fallidos. Creo que cualquiera puede darse cuenta de que la idea de una educación común y prolongada lo único que hace es perjudicar a los alumnos, a todos, sean cuales sean sus intereses académicos y profesionales futuros, y desmotivar a los docentes (que somos uno de los colectivos profesionales con más problemas de depresión, ansiedad y estrés).  Lo único que debería interesarnos es encontrar la manera que los alumnos acaben la educación obligatoria con un nivel de conocimientos que nos iguale al que se exige a los alumnos de los países europeos que están a la cabeza en materia de educación, más que pretender que todos obtengan el mismo mediocre bagaje de conocimientos.  Y para aquéllos que no logren el nivel exigido, que existan alternativas en formación que les permitan afrontar con éxito su futuro en el mundo laboral, dignificando la formación profesional. La situación que se vive en la secundaria de este país es bochornosa: un grupo de alumnos que “desconectan”, en el mejor de los casos, o se dedican a molestar a sus compañeros o profesores, que sólo tenemos dos opciones: o prescindimos de ellos, lo cual es bien triste, o les prestamos atención, con lo cual retrasamos al resto o corremos el peligro de entrar en su juego y llegar a situaciones no demasiado agradables. Tal vez en España alguien tendría que atreverse, como han hecho los laboristas británicos, a permitir la agrupación de los alumnos según su rendimiento, al menos en las materias principales, porque la idea de la “igualdad de resultados” es una falacia, pero además es injusta y no beneficia a nadie.

Quiero dedicar esta reflexión a mis alumnos que durante años me han demostrado sus  ganas de aprender y de superarse y que, echando la vista atrás, han sido muchísimos. A todos los padres y madres que colaboran con la escuela y se esfuerzan cada día en hacer de sus hijos mejores personas. Y a todos mis compañeros y compañeras de profesión, Blanca, María Jesús, Josep Manuel, Cris, José Luis, Anna, Lydia, Jordi, va por vosotros, para que nuestra vocación profesional nos siga animando a acudir cada día a las aulas pensando que sigue mereciendo la pena enseñar… y educar.

Imágenes: www.e-faro.info

 

 

 

 

 

 

 

 

Dame un voto… y toma un bocadillo (o 633,3€)

Hace tiempo que pensaba que la actuación del PSC no podía depararme más sorpresas (o disgustos, según se mire). Pero es bien cierto aquéllo de “vivir para ver”. Porque su última propuesta electoral supera con creces el nivel de insensatez que podría suponerle a cualquier formación política, y eso que, entre unos y otros, están dejando el listón bien alto.

La nueva promesa electoral de Montilla es ofrecer créditos a los jóvenes menores de 25 años que forman parte de la llamada “generación NI-NI”, es decir, aquéllos que “Ni estudian Ni trabajan” para  facilitarles, dicen,  la formación y las posibilidades de encontrar un empleo. Montilla presentó la propuesta en uno de los feudos socialistas en Catalunya, L’Hospitalet de Llobregat, durante la conferencia nacional del PSC para la aprobación de su programa electoral de cara a las elecciones autonómicas catalanas del 28 de Noviembre. Los socialistas catalanes han bautizado la propuesta como “contrato para el futuro” y, según parece, tiene como objetivo que ningún joven en Catalunya esté más de seis meses en paro sin formarse.

La propuesta socialista sería la siguiente:

-los jóvenes menores de 25 años que ni estudian ni trabajan (los famosos “NINI” percibirían 633,3€ mensuales (el equivalente al salario mínimo) durante nueve meses y seguirían cobrando durante tres meses más mientras busquen empleo.

-podrían obtener, además, una “beca-formación”, a fondo perdido, que costearía los estudios durante esos nueve meses.

– para los menores de 30 años con formación, pero que deseen mejorarla, se otorgaría un “crédito-salario” por un máximo de 11.399€, que deberán devolver cuando encuentren trabajo. Con esto, dicen los socialistas, se pretende que este sector de población no permanezca en el paro más de 6 meses sin oportunidad de mejorar su formación.

 – los créditos, que solicitarían a través de los ayuntamientos, tendrían que devolverse sin intereses en el plazo de seis años siempre y cuando el beneficiario encuentre trabajo y el sueldo sea el doble al del salario mínimo nterprofesional. Si durante este plazo el joven perdiera el empleo, se suspendería también la obligación de devolver el crédito hasta que volviera a incorporarse al mundo laboral.

Los socialistas estiman que podrían beneficiarse de estas medidas un colectivo de aproximadamente 124.000 personas y que el coste sería de entre 137 y 148 millones de euros.

Cuando conseguí dejar de parpadear después de leer la noticia, confieso que lo primero que me pasó por la cabeza fue que esta nueva “ayuda” ideada por los socialistas difícilmente se iba a poner en práctica porque, tal como pinta la situación, el PSC lo tiene bastante difícil para repetir mandato. A no ser que haya un nuevo Tripartit, diga Montilla lo que diga en estos momentos. Pero es obvio que, independientemente del resultado de las elecciones del 28 de Noviembre, que sean capaces de “vender” esta propuesta merece algunas consideraciones, de tipo económico y de tipo moral.

Desde el punto de vista económico, no hay que ser un experto para darse cuenta de que los números no salen. Y que una ayuda de este tipo acabaría suprimiéndose, como otras, o bien conseguirla sería una especie de vía crucis más largo que las obras de la Sagrada Familia, como siempre. Que Montilla anuncie esta propuesta, electoralista donde las haya, teniendo en cuenta que hay miles de personas que todavía no se benefician de las ayudas que les corresponden según la Ley de Dependencia, por poner sólo un ejemplo, me parece poco menos que grotesco y que insulta la inteligencia de los votantes. ¿Dónde han quedado otras ayudas sociales anunciadas a bombo y platillo por el PSOE y que han tenido que retirar a causa del estado agónico de nuestra economía? Las “ayudas” de los socialistas, concebidas en una especie de estado de borrachera presupuestaria, las estamos pagando con más déficit, recortando sueldos, congelando pensiones, pretendiendo aumentar la edad de jubilación porque no tienen ni un euro, comprometiendo, en suma, el futuro de los jóvenes, de los que sí quieren formarse y trabajar. La reflexión que me hago es la siguiente: si no hay dinero público para becar a los jóvenes que desean labrarse un futuro, para los parados que han pagado religiosamente sus impuestos y que ahora se encuentran en una situación francamente comprometida, para los pequeños y medianos empresarios que tienen que hacer cada día juegos malabares para no echar el cierre a sus empresas… ¿Van a encontrar presupuesto para subvencionar a ese sector de jóvenes que prefiere pasarse el día en el parque o apalancados en el sofá?

Ésta es una medida muy del estilo del socialismo español, que ha fomentado la cultura de la “gratuidad”, del recibir sin aportar nada a cambio. Algo así como el PER en Andalucía, por ejemplo. Hace poco, una señora natural de Burgos, pero que lleva muchos años viviendo en Catalunya explicaba que en su tierra ha habido temporadas en que los trabajadores del campo han preferido dejar perder la cosecha que recogerla, porque consiguen más dinero tirando de ayudas estatales y europeas que yendo al campo cada día a trabajar. Lo mismo sería aplicable a los NINI’s ¿Para qué van a trabajar si se les está subvencionando precisamente el hecho de no hacerlo?

Por otra parte, creo que esta medida, de llegar a aplicarse, resultaría muy difícil de controlar. ¿Cómo demostrarán esos jóvenes que están buscando trabajo? ¿Pedirán un justificante cada vez que asistan a una entrevista? Además, si tienen que devolver el famoso crédito una vez obtengan un trabajo con un sueldo que sea el doble al salario mínimo interprofesional (estaríamos hablando de unos 1.2oo€), me río yo de cuántos van a poder devolverlo, teniendo en cuenta los sueldos que se pagan en este país, incluso a los jóvenes con estudios y formación. Si a esto le sumamos que si llegan a perder el empleo, la obligación de retornar el crédito queda en suspenso, no quiero pensar cuánto tiempo les van a durar los trabajos.

 Y ahora, las consideraciones morales, que pueden hacerse y muchas. Esta medida puede que les permita arañar votos en un sector de población que tradicionalmente no acude a las urnas ¿Para qué? Pero está claro que perderán los de muchísimos jóvenes cuyo futuro no es nada halagüeño debido a la mala gestión económica de los gobiernos socialistas, ya sea central o autonómico. Sumados a los que van a perder entre los que ven, como yo misma, como miles de puestos de trabajo están pendientes de un hilo, su economía se resiente a causa de la subida de impuestos, el gasto social se recorta por todos lados y ya se imaginan trabajando todavía a los 70 años para subvencionar los créditos a los NINI’s. En conjunto, me parece una inmoralidad.

El gobierno no se preocupa de los jóvenes que deben endeudarse para pagar esos másters y postgrados que se les exigen desde la implantación del Plan Bolonia, ya que con los títulos de grado que consiguen en las universidades catalanas y españolas, lo máximo que van a poder hacer es envolver un bocadillo. Esas titulaciones añadidas valen, a menudo, miles de euros, que suponen un esfuerzo económico para muchísimas familias, cuando ya para la mayoría lo es el simple hecho de poder enviar a sus hijos a la universidad. ¿Se acuerdan en algún momento nuestros impresentables gobernantes de estos chicos y chicas y de sus familias? Estos jóvenes, cuando por fin consiguen sus másters, logran hablar tres idiomas (pagando las clases como actividades extraescolares, claro, porque el nivel de idiomas que se imparte en la escuela pública de este país es, en general, para ponerse a llorar) y tienen no sé cuántos postgrados, acaban haciendo las maletas, porque no encuentran empleo o los sueldos que les ofrecen son irrisorios en relación a la preparación que se les exige. Estamos viviendo una oleada de “fuga de cerebros” y a los iluminados del PSC sólo se les ocurre subvencionar el analfabetismo funcional y la vagancia. ¿Creen de verdad que esta medida fomenta el empleo?

Seamos claros. Un chico o una chica menor de 25 años que no tenga una formación académica mínima (y mira que la ESO es mínima, mínimz, mínima) es, sencillamente, porque no le ha dado la gana de abrir un libro. No hay más. Sé de lo que hablo porque me dedico a la docencia y trabajo cada día con adolescentes. Cualquier estudiante de 16 años que no haya sido capaz de aprobar 4º de ESO sin tener ningún problema de aprendizaje que se lo dificulte, es porque no ha querido. Incluso en esos casos hay vías alternatvas de formación. Si llegan a los 25 años sin haber trabajado en nada o habiendo sido incapaces de conservar un empleo, no creo que lo que necesiten sea, precisamente, dinero a cambio de nada, porque se reafirmarán en su postura vital irresponsable. Aun en el caso remoto que existiera presupuesto para conceder tales créditos, debería exigírseles algún tipo de actividad, de tipo social, por ejemplo, no simplemente que se dediquen a buscar trabajo. Todos sabemos que lo que no cuesta nada, no se valora, es de sentido común, aunque sea el que menos demuestren tener los socialistas.

 Puedo asegurar que a los padres, a los profesores, cada vez nos cuesta más educar a los jóvenes en la cultura del esfuerzo, de la constancia, inculcarles determinados valores, como el del trabajo. Los “Grandes Hermanos” y los “Sálvame” juegan en nuestra contra. Pero si encima nuestros propios gobernantes los premian por no haber estudiado ni trabajado, tenemos la batalla perdida.

Y ¿sabéis lo que más me sulfura de todo esto? Que ni siquiera soy de derechas y, por tanto, no me estoy frotando las manos ni entro en éxtasis cada vez que pienso que las próximas elecciones puedan ganarlas, tanto en Catalunya como en el Estado español, partidos conservadores. Porque si algo duele es que te decepcionen una y otra vez aquéllos que durante años has pensado que te representaban.

Imágenes: www.e-faro.info

 

Praga, itinerarios y recomendaciones (VIII): los mejores parques y jardines de la ciudad

Es posible que Praga no esté a la altura de otras capitales europeas en cuanto a parques y jardines se refiere. Sin embargo, los praguenses se muestran orgullosísimos de ellos, los consideran un vestigio vivo de otros tiempos, y, a la vez han sabido integrarlos en su vida cotidiana. En Praga encontramos desde pequeños jardines casi secretos, oasis de paz en medio del ajetreo de la ciudad en donde sentarse a leer, a pensar o simplemente hacer un alto en el quehacer diario, hasta grandes parques abiertos en las afueras donde disfrutar del tiempo de ocio con la familia y los amigos.

En una estancia en Praga, me parece casi un crimen no disfrutar de alguno de sus parques y  jardines, la mayoría de estos últimos pertenecientes a palacios de los siglos XVII y XVIII y que en los dos siglos posteriores pasaron a ser jardines públicos.

Isla de Kampa

Desde la plaza Na Kampé hasta el extremo sur de la isla, prácticamente todo el espacio está ocupado por un extenso parque, que se creó al unir los jardines privados de dos antiguos palacíos. Uno de los lugares más hermosos y más relajantes en Praga.

Parque en la Isla de Kampa

Jardines del Castillo de Praga

Tanto los Jardines del Sur como el Jardín Real merecen por si mismos un recorrido tranquilo por parte del visitante del Castillo de Praga. Los primeros se diseñaron y construyeron en 1891 en el terreno que ocupaban los antiguos bastiones defensivos del Castillo. Desde ellos se contemplan unas de las vistas más hermosas de la ciudad de Praga.

Jardines del Sur

El Jardín Real se diseñó en el siglo XVI en estilo renacentista, aunque se renovó en el siglo XIX. Un relajante paseo entre sus estatuas es uno de los alicientes que ofrece una jornada en el recinto del Castillo.

El Belvedere en el Jardín Real

El Jardín Wallenstein

Estos jardines pertenecían al Palacio Wallenstein, el primer edificio civil de importancia de la Praga Barroca. Los jardines mantienen el mismo diseño que en la época de su construcción, entre 1624 y 1630. Están presididos por un hermoso pabellón que recibe el nombre de Sala Terrena. Un estanque con una fuente y una hilera de estatuas, copias de las originales construidas por Adriaen de Vries que los suecos saquearon en 1648, decoran uno de los rincones más agradables para recibir los primeros rayos del tímido sol primaveral de Praga, para leer o charlar tranquilamente con los amigos. Una enorme y diría que casi extraña construcción con una fachada que imita unas estalactitas artificiales completa el conjunto. Detrás del estanque se encuentra la antigua escuela de monta, que hoy se utiliza como sala de exposiciones de la Galería Nacional.

Jardines Wallenstein

Jardines Ledebour

Situados a los pies del Castillo de Praga, entrando por Valdštejnská 3. Podemos llegar a los Jardines Ledebour con la línea A del metro, estación Malostranská, o con los tranvías 12, 18 y 22.

Durante la Edad Media, la ladera sur del Castillo estaba ocupada por jardines y viñedos. A partir del siglo XVI, la nobleza empezó a construir sus palacios en ese emplazamiento para situar sus residencias cerca del Castillo, sede del poder real. Fue en esa época cuando se empezaron a diseñar jardines mucho más amplios, formando terrazas al estilo de los jardines italianos renacentistas. Muchos de estos jardines se remodelaron en los siglos XVII y XVIII, añadiéndoles estatuas y elementos decorativos barrocos.  Tres de los jardines que pertenecían a antiguos palacios, los Ledebour, Černin y Pálffy acabaron uniéndose y se permitió la entrada al público. Aunque permanecieron cerrados durante bastante tiempo a causa del mal estado de las escaleras de acceso a los jardines y volvieron a abrirse en 1995 y actualmente son uno de los lugares preferidos para los conciertos al aire libre.

Jardines Ledebour

El Jardín Ledebour fue diseñado a principios del siglo XVIII y posee una Sala Terrena, como muchos de los jardines de esa misma época. Si durante la estancia en Praga se celebra algún concierto en estos jardines, no podéis dejar pasar la ocasión.

El Jardín Vrtba

Se construyó, como los anteriores, en el emplazamiento de unos antiguos viñedos. Hoy en día se accede a él por la calle Karmelitská, muy cerca de la Plaza de la Malá Strana. También estuvo cerrado al público durante  unos años de remodelación y pudo volver a visitarse a partir de 1998.

Jardín Vrtba

Es un pequeño jardín barroco diseñado en 1720 por František Kaňka. Su forma escalonada en terrazas permite contemplar, desde la parte más alta, unas magníficas vistas de la Malá Strana. Como todos los jardines barrocos de la ciudad, se adorna con una Sala Terrena en la parte inferior, así como estatuas de figuras mitológicas, obra de Matthias Braun, el escultor de algunas de las figuras del Puente de Carlos.

El Parque Letná

Se llega al Parque Letná con la línea A del metro (estación Malostranská) y con los tranvías 1,8,15 y 25, bajando en la parada Sparta. Se puede llegar a pie, bajando desde la explanada del Castillo, o desde el Barrio Judío, cruzando el Puente Čechův.

El parque Letná está justo al otro lado del río si nos situamos en el Josefov, el antiguo Barrio Judío de Praga. Desde la orilla opuesta es fácil localizarlo, ya que en él se levanta un metrónomo de 23 metros de altura que es visible desde muchos puntos de la ciudad. Letná se encuentra unido a otro parque, el Chotek, cercano al Castillo, a través de un puente que se construyó en 1995.

Desde el Parque Letná, que significa La colina de verano, podemos contemplar en vivo y en directo una de las imágenes más fotografiadas de Praga: su sucesión de puentes sobre el Vltava.

El Vltava desde el Parque Letná

Si las vistas desde el parque son extraordinarias, el paraje natural que lo conforma es precioso. Es posiblemente el lugar preferido por los habitantes de la ciudad para disfrutar al aire libre de los momentos de ocio. Está siempre frecuentado por familias con niños, grupos de jóvenes, parejas paseando, ancianos tomando el sol… El parque está rodeado de antiguos palacetes barrocos y rococós que se han reconvertido en cafés y restaurantes, así como de estatuas que dan majestuosidad al entorno.

El Parque Letná

Lo primero que nos encontramos al acceder por los escalones que llevan de la terraza de la entrada al parque es un pedestal en el que se levanta un enorme metrónomo de 23 metros de altura, que ocupa el lugar de una gigantesca estatua de Stalin y sus compañeros comunistas y que se retiró en 1991.

Metrónomo en el Parque Letná

En el parque también encontramos una construcción en hierro forjado que recibe el nombre de Pabellón Hanavský, que data de 1891 y que fue erigido para conmemorar el centenario de la primera Exposición Industrial celebrada en Praga. Hoy en día alberga un restaurante y un café.

Pabellón Hanavský

Para los turistas, el Parque Letná es el lugar ideal, sobre todo en primavera y en verano, para tomarse un respiro, especialmente después de una jornada de visita por la ciudad.

Los jardines Vojan

Se encuentran en la Malá Strana, en la calle U lužického semináře, al lado de los Jardines Wallenstein. Se llega a ellos con la línea A del metro, estación Malostranská, y con los tranvías 12, 18 y 22. Datan del siglo XVII y formaba parte del antiguo Convento de los Carmelitas.  Los jardines, bastante austeros en comparación con sus vecinos Wallenstein, Ledebour y, por supuesto, con los del Castillo, constituyen otro rincón de Praga ideal para relajarse y descansar.

Jardín Vojan

 El Parque Stromovka

Parque Stromovka

Stromovka es un parque natural a las afueras de Praga (Praha 7), que actualmente se encuentra casi rodeando el Parque de Exposiciones, construido para la Exposición de 1891. Ya desde 1266 era coto de caza de los reyes de Bohemia, como prueba el Palacio de Verano, que era el antiguo Pabellón de Caza medieval.

El Parque se encuentra a unos pocos minutos del Zoo de Praga y del Palacio de Troja, justo en la otra orilla del río, por lo que se puede aprovechar la visita a este último para pasear por Stromovka. Si se viaja con niños, la visita al Zoo y, seguidamente al Parque, pueden constituir una divertida jornada.

Para llegar al parque Stromovka se pueden tomar los tranvías 5, 12 y 17, que dejan en U Výstaviště, en la entrada del Parque de Exposiciones. En metro, las estaciones más cercanas son Vltavská y Nádrazí Holesovice, de la línea C, a unos 10 minutos a pie hasta el Parque.

Imagino que muchos visitantes van a aprovechar para visitar también el Parque de Exposiciones (es un lugar muy socorrido si se viaja con niños, ya que siempre hay exposiciones interesantes, eventos, competiciones deportivas, etc).

Palacio Industrial en el Parque de Exposiciones de Stromovka

Para visitar el Parque Stromovka lo mejor es tomar la larga avenida de castaños que queda a la izquierda del acceso al Parque de Exposiciones. Si avanzáis por este camino, subiendo la ladera, dejaréis a vuestra izquierda el Planetario y llegaréis hasta el Acueducto de Rodolfo II, que se construyó en 1584, con una longitud de más de 1 km y que servía para llevar el agua del río Vltava a los estanques del Parque.

Parque Stromovka

Continuando el paseo se llega a la Casa Real, un edificio ahora abandonado que data del siglo XVII. Durante un tiempo fue el restaurante Slechta y después, a mediados del siglo XIX, rehabilitado en estilo neogótico.

El restaurante Slechta, ahora abandonado

A continuación, tomando un ramal que queda en una curva a la izquierda, se sube por un camino bastante empinado hasta el Antiguo Pabellón de Caza de los Reyes de Bohemia. Posteriormente, el edificio se amplió en estilo neogótico y en 1805 se convirtió en Palacio de Verano. Actualmente alberga la hemeroteca del Museo Nacional.

Antiguo Pabellón de Caza

Hay que regresar al camino principal que se ha abandonado para ascender hasta el Pabellón de Caza. Si continúa adelante y se toma el primer camino que queda a la derecha, se llega a un pequeño jardín de estilo francés del siglo XVI, en donde destaca una estatua que representa a una pareja.

A partir de aquí, el paseo nos lleva hasta la orilla opuesta del río, a través de un puente que atraviesa un canal del río Vltava y que llega hasta los jardines del Palacio de Troja. Desde el jardín francés, hay que regresar otra vez al camino principal que hemos dejado atrás. Seguimos el camino hasta llegar a una bifurcación: allí tomaremos el camino de la derecha. Llegará un momento en que encontremos un camino a nuestra izquierda, que pasa por debajo de la vía del ferrocarril.  Seguiremos adelante hasta que encontremos el canal del río Vltava.  Lo cruzaremos por el puente y torceremos a la izquierda, caminando paralelos al río por la calle Povltavská.  Allí encontraremos el muro que delimita una de las entradas al Castillo de Troja. Para llegar a la entrada, hay que atravesar los jardines del mismo. Justo en la entrada se puede tomar el autobús 112, que deja en la estación de metro de Nádrazí Holesovice.

UNA SUGERENCIA ESTIMULANTE: otra manera mucho más divertida y bonita para regresar al centro de Praga es tomar uno de los barcos que hacen la travesía del Vltava. Se toman en el mismo puente que atraviesa el canal y su recorrido llega hasta el Puente Palacký (Palackého Most), en la Ciudad Nueva, con la posibilidad de desembarcar también en la Isla de Kampa, junto al Puente de Carlos.

 

 

True Blood, tras finalizar la tercera temporada: friends don’t let friends drink friends

Una advertencia para los hipotéticos lectores que pueda tener esta entrada: resulta muy difícil, más bien diría que imposible, escribir un comentario sobre un libro, una película o una serie televisiva sin dar información sobre los mismos. Como no era capaz de opinar o comentar sin desvelar determinados detalles, he optado por escribir lo que me apetecía y como me apetecía, advirtiendo, eso sí, que la entrada contiene referencias a situaciones y personajes de las tres temporadas de True Blood que podrían perjudicar el interés y el nivel de intriga de aquellas personas que no han seguido la serie. O sea, que lo que sigue tendría que estar plagado de spoilers. Quien avisa no es traidor.

True Blood es una serie que parece no dejar indiferente a nadie: unos la aman, otros la odian y muchos, diría que los que más, esperan ansiosamente cada uno de sus episodios mientras se preguntan por qué razón están tan “enganchados” a una serie bastante irregular en calidad y con unos altibajos más que evidentes en cuanto a interés argumental. Ahora, tras finalizar su tercera temporada, seguramente habrá una redistribución en  la composición de estos tres grupos: los que son fans incondicionales de la serie lo seguirán siendo, porque si no se sintieron decepcionados con la segunda temporada, difícilmente renegarán de ella  tras la tercera, que a mi entender, ha reconciliado bastante a sus seguidores con las historias y los personajes de True Blood. No sé si va a hacerse más numeroso el grupo de los que odian esta serie  protagonizada por vampiros y humanos que se relacionan siempre en un dificílisimo equilibrio. Mientras tanto, yo me mantengo en la tercera categoría, apuesto a que la más numerosa.

A buen seguro que no debo ser la única persona que durante estas vacaciones ha dedicado unas horas a seguir la tercera temporada de la famosa serie televisiva True Blood, basada (cada vez más libremente) en las novelas The Southern Vampire Mysteries de la estadounidense Charlaine Harris. Los capítulos de esta tercera entrega, que se estrenó en EEUU en Junio, ya han circulado por Internet durante todo el verano, lo que ha permitido visualizarlos on line o por descarga directa.

True Blood es la adaptación de Alan Ball (A dos metros bajo tierra, American Beauty) para la pequeña pantalla de las aventuras y desventuras de Sookie Stackhouse, una camarera telépata que vive en una pequeña y conservadora comunidad del norte de Louisiana. Sookie ve alterada su anodina existencia cuando, gracias a la fabricación por parte de los japoneses de una sangre sintética, comercializada con la marca True Blood, los vampiros del mundo, después de milenios de ocultación y de verse condenados a matar para  prolongar su “no vida”, deciden “salir del ataúd” y declarar que, no siendo ya una amenaza para los humanos, pueden convivir con ellos y reclaman sus “derechos civiles”. Cuando una noche aparece en el Merlotte’s, el bar donde trabaja, Bill Compton, un vampiro partidario de la “adaptación”, se abre para Sookie la existencia de un mundo sobrenatural, más allá de lo que vemos y percibimos por los sentidos,  poblado por seres que hasta ese momento se ocultaban tras la sombría cortina de lo mítico,  en el imaginario terrorífico de los humanos o en las páginas de las novelas de terror. Los vampiros de True Blood, que aparentemente ya no van a necesitar desgarrar yugulares cada noche para alimentarse, están más cerca del glamour de una estrella del rock que de la figura  siniestra del No Muerto imaginado por Stoker, aquél que se levanta cada noche del ataúd depositado en una cripta húmeda y maloliente. Los nuevos vampiros se relacionan con los humanos, regentan negocios y dirigen partidos políticos. Pero Sookie descubrirá que es imposible vestir al lobo con piel de cordero y que los vampiros, por muy atractivos y encantadores que puedan parecer en sus esfuerzos por “normalizar” su condición, no pueden sustraerse a lo que conforma su verdadera naturaleza: el instinto depredador.

Dicen los detractores de True Blood que esta serie sólo puede gustar a fanáticos de la figura del vampiro o a descerebrados adictos al gore y al sexo explícito gratuito. Pues hay que ver, y yo pensando durante años que era un poco más profunda que todo eso… Pero sí, es cierto, True Blood puede no  gustar a quien no experimente, si no fascinación, al menos una mínima curiosidad por la figura del no-muerto. Ya sea en los rincones más recónditos de las leyendas ancestrales, en las páginas de la novela gótica o en las pantallas cinematográficas, el vampiro, un ser oscuro y maldito, sediento de sangre humana que lo mantiene en una torturante frontera entre la vida y la muerte y que es a la vez su fuerza y su atractivo, pero también su maldición eterna, es uno de los personajes que más interés ha despertado y despierta entre el público. Unos envidian su poder, otros le temen y, en el fondo, todos lo compadecen.  ¿Os habéis planteado alguna vez que no debe ser nada fácil eso de vivir eternamente esclavo de la muerte ajena para mantener la propia vida?

Acerca de la estética gore, diría que el nombre de la serie no puede engañar a nadie: en ella hay sangre, mucha, y fresca. ¿Qué se puede esperar de una serie sobre vampiros? Al fin y al cabo, no era demasiado creíble esa imagen clásica de Bela Lugosi o de Christopher Lee clavando los incisivos a una asustada muchacha en plena yugular y saliendo de ésta un modesto hilillo de sangre ¿o no? Tampoco pretendo negar que algunas escenas son en exceso sangrientas (confieso que prefiero ver morir a un vampiro deshaciéndose en limpias cenizas que estallando en borbotones de sangre y tejidos blandos), pero el hiperrealismo es propio también de otras muchas producciones cinematográficas o televisivas y nadie las ha calificado de “gore”. Por lo que respecta al sexo más o menos explícito o más o menos gratuito, creo que el erotismo y la sexualidad son inherentes al mito del vampiro, el ser que fascina al humano, lo lleva más allá de las reglas morales y le permite romper tabúes. No se le puede escapar a nadie que el hundimiento de los incisivos en la carne de otro ser no deja de ser una referencia sexual clara. Mezclar la sangre, correr por las venas del otro es una imagen amorosa y pasional usada a menudo en literatura. Allan Ball, el guionista de True Blood, explicita este universo erótico y seductor que envuelve al vampiro y lo sitúa en la sociedad actual, con sus usos y costumbres sexuales. Ni más ni menos. Que esas escenas nos puedan parecer gratuitas o explícitas dependerá de la sensibilidad de cada uno. A mí, particularmente, no me lo parecen, cualquier película española contiene más sexo gratuito que True Blood. Ahora mismo pienso también en una serie como Los Tudor, que la Primera de TVE ha estado emitiendo en prime time después de haber pasado también por Digital Plus. Sus escenas de sexo explícito no tienen nada que envidiar a las de True Blood, aunque claro está, el sexo entre reyes, reinas y nobles tiene mucho más glamour, dónde vas a parar. Recuerdo en concreto una escena en que Enrique VIII, al que da vida un Jonathan Rhys-Meyer definitivamente demasiado atractivo para el papel, aliviaba manualmente su deseo por una todavía inalcanzable Ana Bolena, mientras un discreto criado, apartaba la vista mientras sostenía una especie de palangana, dorada y regia, por supuesto, para recoger el producto final de semejante operación. Mi cerebro y mis ojos tardaron ni se sabe en ponerse de acuerdo para decodificar lo que estaba sucediendo en la pantalla, tan increíble me pareció. Si eso no es gratuito, que baje Dios y lo vea.

No voy a negar que tras una prometedora primera temporada y una segunda entrega más bien floja, en conjunto, y tan surrealista en ocasiones que se acercaba peligrosamente a lo risible, continúo preguntándome qué debe tener True Blood para “enganchar” a tantos millones de seguidores, entre ellos yo misma (hace tiempo que intento explicarme por qué todavía continúo experimentando esa extraña fascinación por esta serie, a ver si al final va a resultar que realmente pertenezco al grupo de los descerebrados adictos al gore y al sexo gratuito…), aun cuando su calidad ha mostrado bastantes altibajos. Es evidente que la “moda vampírica” de que tanto se habla, iniciada con la saga Crepúsculo, ha tenido mucho que ver. Pero True Blood marca una diferencia clara con el resto de productos televisivos, cinematográficos y literarios que tienen como protagonistas a los vampiros y que invaden las pantallas y las librerías desde hace unos años. True Blood sería, por decirlo de alguna manera, la versión socarrona y ligera de cascos de la puritana Crepúsculo. En fin, ya lo dice la canción de Jace Everett en el estupendo opening de la serie: I wanna do bad things with you

Y a propósito de Crepúsculo, parece que su autora, Stephanie Meyer, no fue tan original como se cree cuando imaginó una nueva clase de vampiros, que son capaces de sobrevivir sin alimentarse de los humanos. La idea ya se insinúa en Entrevista con el vampiro, de Anne Rice, anterior en más de dos décadas a las famosas novelas de Meyer, en la cual Louis, recién convertido en no-muerto, rechaza atacar a los seres humanos para beber su sangre y se alimenta, en un principio, sólo de animales, lo que provoca el desprecio de Lestat, su creador. Esta idea toma forma en otra famosa saga vampírica, The Vampire Diaries, de L.J. Smith, cuyas novelas fueron publicados por primera vez en 1991, y que han llegado también a la pequeña pantalla. En ellas, un vampiro casi adolescente, Stephan Salvatore, como el protagonista masculino de Crepúsculo, consume sangre animal y ama a una humana. Stephan tiene un hermano, Damon, también vampiro, que se niega a renunciar al poder, a la fuerza y al atractivo que le confiere la sangre humana y desprecia a Stephan como Lestat despreciaba a Louis en las novelas de Rice. L.J. Smith, que escribió sus novelas pensando en un potencial público adolescente, imagina, además, un triángulo amoroso entre Stephan, su novia humana, Elena, y el perverso e irresistible Damon, el “chico malo pero no tanto“.

The Vampire diaries

Esto nos recuerda, salvando las distancias, por supuesto, al triángulo Bill-Sookie-Eric en True Blood (y en su versión más descafeinada y apta para todos los públicos, a la relación de la protagonista de la saga Crepúsculo con el vampiro Edward y el hombre-lobo Jacob). Así que si tuviéramos que otorgar el título de “creadora de vampiros humanizados”, sin duda tendríamos que entregárselo a L.J.Smith, a pesar de que sea Stephanie Meyer la que haya cosechado los mayores éxitos con sus novelas.

Sookie y Eric

Sookie y Bill

Entre L.J.Smith y Stephanie Meyer se situarían las novelas de Charlaine Harris, que constituyen la base de la trama argumental de True Blood, aunque la adaptación que está llevando a cabo Allan Ball sea cada vez más libre y personal. El universo que imagina Charlaine Harris en sus novelas, su historia de amor entre una camarera un poco paleta, pero con poderes telepáticos, y un vampiro que quiere, aparentemente, reintegrarse en la sociedad después de más de 140 años de sangrientas correrías nocturnas, parecía no haber despertado la atención de los lectores por estos lares. Pero todo ha cambiado tras la llegada a las pantallas de True Blood. La mezcla de terror, de lo sobrenatural, de intriga, humor negro, mala leche, erotismo, sarcasmo y romanticismo de esta serie, que cuenta además con unos personajes mucho más complejos que los creados por L.J.Smith y Meyer, han atraído a un público adulto que no siempre se sentía cómodo con esas sagas de vampiros adolescentes.

En su primera temporada se entrecruzaban dos tramas principales: por una parte, la incorporación de los vampiros a la sociedad después de siglos de oscuridad y secretismo, y por otra, los asesinatos de una serie de mujeres que tienen en común haberse relacionado con vampiros. Cuando los conflictos entre vampiros y humanos empiezan a sucederse, se hace evidente una clara referencia al tradicional rechazo sureño de la población afroamericana. Conocer la ideología altamente endogámica imperante en el Sur, su manera de vivir, sus mitos y tradiciones es fundamental para entender la primera temporada de True Blood.

Los no-muertos aparecen organizados, además, en una compleja jerarquía o sistema social, que es uno de los elementos más novedosos e interesantes de la serie, ya que hasta entonces, el vampiro era un depredador que actuaba solo y que carecía totalmente de sentimientos o de instinto social, no ya no con los humanos, por supuesto, sino incluso con sus congéneres. Los vampiros se alinean en dos bandos, los partidarios de la “socialización” (unos más sinceramente que otros) y los que no creen en ella y se niegan a renunciar al poder y a la fuerza que les otorga la sangre humana. Hay un magistrado y unos sheriffs que controlan la comunidad vampírica y que hacen cumplir sus particulares leyes. El personaje de Bill Compton, lleno de contradicciones y en continua lucha, debatiéndose entre su deseo de llevar una vida “normal” al lado de Sookie y la influencia de los vampiros que le recuerdan constantemente a quién debe lealtad y cuál es su verdadera naturaleza, lo convierten en una especie de paria para ambos grupos, humanos y vampiros, ya que no llega a ser aceptado por los primeros y sufre el rechazo y el recelo de los segundos. En esta primera temporada se introduce el personaje de Eric Northman, el sheriff de la Zona 5 a la que pertenece Louisiana, un vampiro vikingo que tiene más de 1.000 años y que irá cobrando importancia a medida que se suceden los capítulos por su antagonismo con Bill Compton.

Eric regenta un bar de vampiros llamado Fangtasia , junto con Pam, su socia y, a la vez, “hija vampírica”, ya que él fue su creador. Pam es una vampira toda elegancia y glamour, con inclinaciones lésbicas, fría y calculadora pero dotada de una ironía y un humor negro impagables. Sus diálogos son de lo mejor de la serie.

La trama misteriosa que se teje alrededor de los asesinatos de mujeres resulta mucho más tradicional que el imaginario verdaderamente original que recicla el mito del vampiro y lo adapta a los nuevos cánones imperantes. Sirve, básicamente, para dotar de vida al personaje del hermano de Sookie, Jason Stackhouse, una especie de semental todo músculos y poco cerebro, que se convierte en el principal sospechoso de esos crímenes.

Si algo tiene que agradecer Charlaine Harris a Allan Ball, el guionista de la serie, es que recupere algunos personajes secundarios de la novela, caracterizados de manera superficial, y les otorgue forma y contenido, profundidad psicológica. Éste sería el caso de Jason, que obtiene protagonismo en la serie desde la primera temporada. Particularmente pienso que ha sido un acierto de Alan Ball, ya que da mucho juego y lo sigue dando en las temporadas posteriores, a pesar de que esta opinión no la suscriban todos los seguidores de True Blood.

Lo mismo sucede con el personaje de Tara, la huraña e irascible mejor amiga de Sookie, quien en las novelas aparece siempre de manera muy tangencial y se nos describe como una chica algo frívola, dueña de una tienda de moda y que frecuenta la compañía de vampiros ricos. En la serie, sin embargo, Tara es una muchacha negra, hija de una alcohólica y que no consigue llevar una vida estable, ni desde el punto de vista personal ni profesional. A diferencia de la Tara literaria, en la serie, el personaje es reacio a las relaciones con vampiros y no oculta su antipatía por el novio no-muerto de su mejor amiga. En True Blood, Tara será uno de los personajes imprescindibles, llegando a protagonizar una de las tramas que se desarrollan en la segunda temporada, con algunos momentos memorables.

Otro de los personajes recuperados por Allan Ball para la serie es Lafayette Reynolds, el cocinero gay del Merlotte’s, que es asesinado al cabo de pocas páginas de haberse iniciado la primera de las novelas de Harris, Muerto hasta el anochecer. Lafayette se convierte, por obra y gracia del guionista de True Blood en primo de Tara y traficante de V, la sangre de vampiro, una droga ilegal a la cual muchos humanos se han convertido en adictos. Sus efectos serían una combinación entre los de la Viagra, el LSD y la pócima que Panorámix prepara para Astérix. Obviamente, para conseguirla, los traficantes tienen que contar con vampiros bien dispuestos a ser drenados, lo que lógicamente no sucede, o bien atraer con alguna artimaña a los no-muertos para dejarlos secos. Eso, a la luz de las nuevas leyes producto de la incorporación de los vampiros en la sociedad humana, se considera un delito y el vial de sangre de vampiro se cotiza a precios muy elevados en el mercado de la droga. ¿Queréis un elemento temático más actual que éste?

En conjunto, al menos en cuanto a la caracterización de personajes se refiere, la serie televisiva ha salido ganando en relación a las novelas. Hoyt Fortenberry, el amigo íntimo de Jason Stackhouse, el policia Andy Bellefleur y su primo Terry, o Arlene, la camarera compañera de Sookie, ya en la primera temporada se convierten en piezas fundamentales de la trama argumental de la serie, mientras que en las novelas no son más que meras comparsas.

Hoyt

Arlene

En la segunda temporada, Allan Ball crea nuevos personajes, como el de la vampiresa Jessica Hamby, una joven que es convertida por Bill Compton como compensación por haber matado a otro vampiro. Reconozco que siento una especial debilidad por Jessica, inexperta y angustiada por su nueva condición de no-muerta, sin saber cómo controlar el poder que esto le otorga y todavía absolutamente ligada a los sentimientos humanos, como el del que se experimenta con el primer amor, que ella encuentra en Hoyt Fortenberry.

Jessica Hamby

Hoyt y Jessica

En la segunda entrega, True Blood apuesta definitivamente por lo sobrenatural: si resulta que los vampiros existen ¿por qué no pueden ser reales otras criaturas que hasta entonces sólo aparecerían en nuestras pesadillas? El pueblecito de Bon Temps parece ser terreno abonado para las experiencias con seres de otra naturaleza y allí nadie es lo que aparenta ser. Tal vez el caso más chocante sea el de Sam Merlotte, el dueño del bar donde trabaja Sookie, que es un cambiante, es decir, alguien que puede transformarse en un animal.

Sam Merlotte

En el caso de Sam, este cambio se traduce en un inofensivo perrito collie, que corretea por el bosque. Pero la existencia de los cambiantes anuncia ya la existencia de otros mucho menos inocentes y simpáticos: los hombres lobo. Era de esperar ¿acaso no son los enemigos acérrimos de los vampiros? Tendríamos que esperar a la tercera temporada, sin embargo, para verlos en acción e involucrando a Sookie en sus especiales y tensas relaciones con los no-muertos.

Confieso que la segunda temporada de True Blood podría haber sido una decepción completa de no ser porque de las dos tramas que desarrolla, una de ellas logró finalmente reconciliarme con la historia y sus personajes. Pero fue durante este tiempo cuando pensaba más menudo que a ver qué hacía yo esperando el siguiente capítulo si aquello se había convertido en algo parecido a un grotesco esperpento. Los doce capítulos que forman la segunda entrega se mueven entre dos historias: la trama de la Iglesia del Sol y del vampiro Godric, que se desarrolla en Dallas,  y la historia de la Ménade Maryann, que tiene lugar en Bon Temps y que convierte ese aparentemente apacible y conservador pueblecito sureño en una bacanal continua.

Los doce capítulos que la forman se inician con otro conflicto entre Sookie y Bill, cuando ella descubre que ha convertido a la adolescente Jessica en vampira y que, al ser su creador, ésta va a estar bajo su cuidado. La enamorada camarera empieza a sospechar que su amado novio vampiro puede estar ocultándole más secretos que la existencia de una vampira rebelde e inexperta.

Por otra parte, Sookie es atacada en el bosque por un extraño ser que ella describe después como un “toro humano”, que le desgarra la espalda inoculándole un veneno mortal. Sólo logra sobrevivir gracias a que su amado Bill la lleva al Fangtasia, el bar de vampiros propiedad de Eric Northman, para pedir que la curen, cuando se da cuenta que él, con su sangre vampírica  no puede hacerlo. Eric solicitará los servicios de la extraña doctora Ludwig, quien salvará la vida de Sookie, pero ella quedará en deuda con Eric. Y éste sabrá recordarle en el momento oportuno que le debe una.

En la primera historia, Sookie es convocada por el vampiro Eric, el superior de su novio Bill Compton, para viajar a Dallas donde ha desaparecido Godric, el sheriff de la zona 9. Godric es un vampiro romano que, además, fue el creador de Eric y al que éste profesa una lealtad y un cariño que sorprenden en el frío e implacable no-muerto vikingo. Los vampiros sospechan que Godric ha podido ser secuestrado por los miembros de una nueva organización religiosa, la Iglesia del Sol, dirigida por el reverendo Newlin, cuyo único objetivo es, en nombre de Dios, limpiar de vampiros la faz de la tierra. Sookie, con sus poderes telepáticos, se supone que puede infiltrarse en la Iglesia y descubrir cuál ha sido la suerte de Godric. Este personaje será uno de los alicientes de la segunda temporada. Después de 2.000 años, Godric nos mostrará cómo puede llegar a cansar eso de ser inmortal y de tener que vivir toda la eternidad rodeado de oscuridad y sembrando el mal y la muerte.

Godric

Maryann

En relación a la segunda de las tramas argumentales, a día de hoy aún no he acabado de entender el porqué de la historia de Maryann Forbes. Tenía claro que una ménade es un personaje mitológico griego, una especie de acólito del dios Dionisio. Las ménades podían ser humanas o no y, al ser poseídas por el dios, se volvían locas, por lo que se dedicaban a adorarle continuamente en un estado de desvarío orgiástico, frenético y salvaje, abusando del vino y del sexo más violento. Parece ser también que las ménades tenían bastante mal carácter y que vagaban por los bosques medio desnudas en busca de posibles víctimas, a las que no dudaban en descuartizar y comer después de hacerlas participar en verdaderas maratones de baile, vino, sustancias alucinógenas y sexo frenético y descontrolado, todo en honor al dios. Así que mientras Sookie está en Dallas ayudando a los vampiros, llega al pueblo Maryann Forrester, uno de estos personajes mitológicos violentos, irracionales y descontrolados. Primero se presenta como una asistente social o trabajadora familiar que ayuda a Tara, siempre angustiada, insatisfecha y traumatizada, para atraerla a su casa, hacer que se enamore de un atractivo y enigmático joven que recibe el absurdo nombre de Eggs y, finalmente, utilizarla en sus oscuros planes. Después descubrimos que esa mujer fue la amante ocasional de un Sam Merlotte adolescente con el que tiene una deuda que saldar, y no precisamente económica. Y cuando se quieren dar cuenta, todo el pueblo cae bajo el influjo de Maryann, quien despierta en los habitantes de Bon Temps sus más bajos instintos y las más oscuras pasiones: si alguien les promete que liberándose de sus inhibiciones, dando rienda suelta a sus deseos más recónditos y dejándose ir en una locura de alcohol y sexo van a lograr estar más cerca de la divinidad, es lógico que los conservadores y reprimidos habitantes de Bon Temps caigan en un estado de locura colectiva y se pongan al servicio de la salvaje y, por qué no decirlo, grotesca Maryann.

Si continué adelante con la segunda temporada fue porque a través de la primera de las tramas argumentales se nos descubre poco a poco quién es quién en la comunidad vampírica, cómo fueron convertidos Eric y Bill, su organización jerárquica y su sistema de lealtades. Inquietante y premonitoria fue la aparición de la vampira Lorena, la creadora de Bill, quien después de 140 años, alberga contra él una mezcla de amor antiguo y de ataque de cuernos. Y los vampiros resentidos y despechados pueden ser muy peligrosos.

Lorena y Bill Compton

Pero lo más interesante son los momentos relacionados con la Iglesia del Sol, que funciona como tantas y tantas organizaciones religiosas sectarias americanas. Sus dirigentes, el reverendo Newlin y su mujer Sarah, son la encarnación perfecta de esos telepredicadores tan famosos en EEUU, que pueden llevar a sus adeptos a cometer cualquier despropósito, incluso el más violento, llevados por el fanatismo religioso.

El reverendo Newlin y Sarah

Y la cosa se complica cuando es Jason, el ligón y más bien corto de entendederas hermano de Sookie quien, después de ver la luz y con la mejor de las intenciones, se hace adepto de la Iglesia antivampírica y se traslada a Dallas para ser adoctrinado y entrenado para convertirse en una especie de Buffy, pero en masculino y con la Biblia en la mano.

Otro de los alicientes de la segunda temporada es, sin duda alguna, la ambigua relación que se establece entre Eric y Sookie. Unidos por lo que podría llamarse un lazo de sangre (no vamos a desvelar ahora cómo se produce esta unión sanguínea entre los dos), Eric será capaz de conocer los pensamientos, estados de ánimo y deseos de Sookie, lo que la hace francamente vulnerable ante ese vampiro calculador y aparentemente sin escrúpulos. Pero lo más curioso es que esos intercambios sanguíneos provocan también que Sookie experimente inconfesables deseos eróticos hacia el vampiro vikingo y lo convierta en protagonista de sus fantasías y sueños.

El personaje de Eric Northman, que ya empezó a cobrar relevancia a finales de la segunda temporada, se convierte a lo largo de la segunda en uno de los personajes con más fuerza de la serie. Frío, calculador e implacable, no cree en absoluto en la integración de los vampiros en la sociedad humana y sólo aparenta aceptarla por los beneficios que ésta puede reportarle: dinero, al poder hacer negocios con los humanos, y , además, comida fácil, ya que no son pocos los hombres y mujeres que desean ser mordidos por un no-muerto atractivo e importante como Eric.

El vampiro vikingo tiene a lo largo de los capítulos de la segunda entrega momentos realmente inolvidables: destacaría aquél en que aparece con el cabello lleno de papel de plata mientras se está haciendo unas mechas, descuartiza sin pestañear a un hombre y, después, preocupado por su aspecto después de esa orgía de sangre, pregunta a Lafayette, a quien mantiene prisionero, si se ha manchado el pelo.

A diferencia de Bill Compton, quien siempre parece dispuesto a vender su imagen de vampiro honesto, que lucha por mantener sus frágiles sentimientos humanos y que afrontaría la muerte verdadera y definitiva antes que consentir que alguien hiciera daño o perjudicara a Sookie, Eric Northman no tiene reparos en mostrarse como un ser hedonista, calculador, orgulloso de su naturaleza vampírica, implacable y frío. Posee, sin embargo, un afiladísimo sentido del humor y una ironía demoledora que nos ha regalado a los seguidores de True Blood con algunos de los momentos dignos de recordar de esta serie. Su relación con Sookie es ambigua y así se mantiene durante toda la tercera temporada: la necesita porque sus poderes telepáticos pueden serle de utilidad, pero hay ocasiones en que no esconde la atracción que siente por ella y que, en un principio, parece ser algo meramente físico. Eric no duda en engañar a Sookie para compartir su sangre con ella y así poder controlar sus pensamientos. Además, Eric, consciente de su atractivo y muy pagado de si mismo, parece realmente sorprendido de que la camarera prefiera al taciturno Bill Compton y no dudará en jugar sucio siempre que pueda para llevarla a su terreno (o lo que es lo mismo, a su cama). Sin embargo, a medida que transcurren los episodios de la segunda temporada, seremos testigos de los sentimientos de lealtad de Eric respecto a Godric, su creador, o a sus esfuerzos, no siempre convincentemente guiados por el interés, por ayudar a Sookie. En realidad, parece que quien siempre da el primer paso para sacar a la intrépida Sookie de los numerosos líos en los que se mete es el calculador y aparentemente egoista Eric, y no su novio, el honesto, recto y aburrido consumidor de sangre sintética. Pero como sucede en el mundo real, tampoco en el de los vampiros las cosas son siempre lo que aparentan ser.

Parece que Allan Ball, el guionista de la serie, tiene un inexplicable (al menos por el momento) interés por mostrarnos a un Bill Compton más honesto, transparente y enamorado que la misma Charlaine Harris, su creadora literaria. Mientras que en las novelas, el amor de Bill por Sookie no tarda en mostrarse menos desinteresado de lo que parecía al principio, en la serie parece haberse apostado por una especie de tour de force bastante equilibrado entre los dos vampiros, no sólo en lo que respecta a su interés por la camarera de Bon Temps. Por otra parte, la innegable atracción que siente Sookie por Eric, en la serie se quiere dejar bien claro que es debida al lazo de sangre que la une con ese vampiro, y que ella misma se siente incómoda con esos pensamientos.

Sin embargo, en las novelas, la intrépida Sookie es mucho más “descocada” que en la versión televisiva y la imagen de Eric aparece a menudo en su subconsciente, pero también en ocasiones en sus pensamientos absolutamente conscientes. Esa ambigúedad, ese estira y afloja constante entre Eric y Sookie, la lucha que ella libra entre lo que le dicta el corazón y lo que los instintos le sugieren, la ambivalencia de sus sentimientos respecto a esos dos vampiros, es una de las bazas que mantiene el interés por la serie y que sus responsables han seguido jugando a lo largo de la tercera temporada. Y parece que, por el momento, los fans de la serie son más favorables al “chico malo” que al “novio oficial”. Añadir que me sumo a todas aquéllas (y aquéllos, por qué no) que siguen sorprendiéndose de lo extrañamente atractivo que puede resultar ese Eric, incluso vestido de mujer, con papel de plata en la cabeza o vistiendo algo tan poco glamuroso como las camisetas de tirantes o las chándals brillantes. rematados por mocasines Atractivos aparte, es de destacar como borda el papel el sueco Alexander Skarsgård.

 

Alexander Skarsgård

Parece ser que el actor sueco se presentó al cásting para interpretar el papel de Bill Compton, pero que otro proyecto lo alejó por un tiempo de las pruebas de True Blood. Al final, cuando pudo volver a presentarse, el papel del novio vampiro de Sookie Stackhouse había ido a parar a manos del inglés Stephen Moyer, así que tuvo que “conformarse” con el papel de Eric, que en principio era secundario. Definitivamente, tanto Alexander Skarsgård como los seguidores de la serie creo que hemos salido ganando con el cambio.

Stephen Moyer caracterizado como Bill Compton

En la segunda temporada también aparece por primera vez el personaje de Sophie-Anne, la Reina de los vampiros de Louisiana, una exquisita, elegante, sexualmente ambigua y cruel vampiresa que controla a los no-muertos de la zona y que utiliza a sus “súbditos”, entre ellos a Eric, para llevar a cabo negocios poco honestos a espaldas del Magistrado, la máxima autoridad vampírica. Sí, es cierto que la existencia de sheriffs vampiros ya era como mínimo curioso. Que hubiera un Magistrado que controlaba y castigaba a los no-muertos díscolos o que se veían envueltos en cualquier actividad que hiciera vulnerables al resto de sus congéneres ante los humanos podía digerirse. Pero lo de la Reina ya me superó. Y eso que no sabía todavía lo que me deparaba la tercera temporada en cuanto a seres regios se refiere…

Sophie-Anne

La segunda de las tramas, ya lo he dicho más arriba, me pareció sencillamente grotesca. La existencia de un ser mitológico que se pasea por los bosques cercanos a Bon Temps acompañada de un cerdo (no, no sé qué pintaba el cerdo en esa historia) y que se sirve de los incautos humanos para llevar a cabo un sacrificio que le retorne al dios de sus amores entre bacanales desenfrenadas es más de lo que podía soportar. Tal vez lo único interesante en la historia de Maryann Forbes sea que nos muestra cómo las personas que son sometidas a una educación estricta y a unas normas sociales asfixiantes pueden, en nombre de un supuesto amor por la divinidad, llegar a cometer los actos más inexplicables y atroces cuando estos quedan “santificados” y justificados por la religión. Parece que se da a entender que los humanos no hemos superado todavía el estadio de las pulsiones más básicas, que la crueldad o la lujuría, el instinto asesino, la irracionalidad, en suma, laten en nuestro interior con una fuerza tan extrema que se desbordan en el momento en que algo o alguien nos asegura que romper las normas morales y sociales que nos mantienen precariamente en un estado de cierta racionalidad es lo bueno, lo adecuado, lo “santo”.  Y esa misma lectura parece desprenderse de algunos de los momentos relacionados con la Iglesia del Sol. Pero es sólo una impresión personal, por supuesto.

Cuando se empezó a hablar de la tercera temporada de True Blood, justo al acabar la segunda, lo que destacaba la crítica era que en esa tercera entrega Sookie iba a tener experiencias con otros seres de otras naturalezas además de con los vampiros, y estaba claro que se iba a tratar de hombres-lobo, y que iba a haber mucho más sexo que en la anterior temporada. Teniendo en cuenta que había quedado más que saturada en relación a individuos y experiencias sobrenaturales, pensé que los límites aceptables en una serie que no fuera estrictamente de ciencia-ficción estaban más que superados. Lo de Sam Merlotte convirtiéndose en perro me costó de admitir, pero la historia de Maryann Forbes, con sus bacanales y sacrificios que no tenían nada que envidiar a los del mismísimo Calígula, ya me pareció que atentaban contra la inteligencia de cualquier espectador. Si además se iban a sumar los licántropos, algo lógico, de cualquier forma, porque no hay historia de vampiros que se precie sin la presencia de sus sempiternos enemigos, y parecía que la cosa no se iba a acabar aquí, me planteé seriamente abandonar True Blood a pesar de los momentos interesantes, divertidos e inteligentes que me había brindado. En cuanto a ese tan traído y llevado contenido sexual que parecía que se iba a incrementar en los nuevos episodios, no fue algo que me hiciera decantar a la hora de seguir la serie o no. Realmente, lo original de True Blood y por lo que era seguida por millones de espectadores no radicaba precisamente en sus escenas de sexo más explícito de lo que estamos acostumbrados a ver por televisión. No creo que nadie siga esta serie o deje de verla por este motivo. Lo que echaba en falta era la frescura y la originalidad de la primera temporada, su capacidad de crítica social acerca de la situación de las minorías. La integración de los vampiros, un colectivo considerado peligroso e indeseable, que gracias a los avances científicos podría controlar su necesidad natural de matar y llegar a coexistir con los humanos, me pareció una metáfora perfecta de la situación de otros grupos, desde los afroamericanos a los homosexuales. Insisto en que esa misma crítica parece mantenerse en relación a la trama argumental que gira en torno a la Iglesia del Sol y a sus fanáticos miembros, incluso en la risible historia de la ménade Maryann podemos buscar, e incluso encontrar, cierto atisbo de crítica sobre muchas cuestiones relacionadas con la fe. Pero lo que era evidente es que la línea argumental de la primera temporada había desaparecido o, al menos, había quedado muy atenuada.

¿Podemos buscarle un encaje, una justificación al sexo en todo esto? Sí y no. Podemos entenderlo como un rechazo del puritanismo o de las convenciones sociales. Los vampiros no tienen normas al respecto, sus instintos naturales no se someten a ningún control social, moral o religioso. Hacen lo que desean hacer y toman lo que les apetece en todo momento. Por eso el sexo para ellos parece ser algo infinitamente menos ritualizado o ligado a convenciones  y estados emocionales que para los humanos. Ese mismo estado de falta de control de los instintos que experimentan los vampiros es al que llegan los habitantes de Bon Temps que participan en los rituales orgiásticos de la ménade.  Incluso diría en relación al tan traído y llevado contenido sexual de la serie que se trata simplemente de un sano ejercicio audiovisual y tampoco hay que darle tanta importancia. Vuelvo a decir que en televisión he visto escenas que le van a la par a las de True Blood y en un horario poco adecuado.

True Blood es una serie gamberra, visualmente y por su contenido. Y su  gancho, si es que podemos hablar en esos términos, no sólo tiene que ver con su contenido sexual. La serie está pensada y hecha sin tabúes, qué duda cabe, pero tampoco es la mescolanza sin sentido de sexo y sangre que pretenden algunos. En ella se habla de prejuicios, de exclusión, de la complejidad de los sentimientos humanos, en resumen, y se hace, no siempre, pero sí en buena parte de su trama, de una manera transgresora, original y divertida, tanto desde el punto de vista argumental como visual. Por eso True Blood está a años luz de las películas y series de vampiros con que nos han bombardeado en los últimos tiempos. Y por esa razón, cuando la tercera temporada de la serie se inició en los EEUU y empezaron a circular por la red los episodios correspondientes, decidí que merecía que olvidara alguna de las decepciones que me había llevado con la segunda entrega y valorar qué nos ofrecía Allan Ball en esos 12 nuevos capítulos. Y es posible que en mi decisión pesara también el hecho de que estaba en puertas de las vacaciones y que iba a tener mucho más tiempo para perder delante de la pantalla de un ordenador.

En el último capítulo de la segunda temporada, Bill Compton, el novio vampiro de la telépata y a veces un poco viciosilla Sookie Stackhouse, desaparece la misma noche en que iba a pedirle que formalizaran su relación (por lo visto, en algún estado del país el matrimonio entre humanos y vampiros se había legalizado. Eso nos recuerda a algo, supongo). Pero Sookie se queda compuesta y sin novio y, por supuesto, en el inicio de la tercera temporada debe pedir ayuda al atractivo, irónico y narcisista Eric para poder localizarlo.

Alcide y Sookie

Empezarán entonces sus aventuras en Jackson, la capital del estado de Mississipi, donde Russell Edgington, el rey vampiro de ese territorio, el más antiguo de los no-muertos, poderoso y casi indestructible, parece que tiene prisionero a Bill. El personaje del rey de Mississipi, interpretado por un genial Denis O’Hare, es un vampiro de 3.000 años, radical en sus opiniones acerca de los pobres humanos, vanidoso, narcisista, cruel como se supone que tiene que ser un no-muerto, egoista y ansioso de poder y de sangre, pero a la vez  capaz de amar como sólo los vampiros que llevan miles de años recorriendo el mundo son capaces de hacerlo. Una pregunta inquietante: ¿podría convertirse Eric en un segundo Russell Edgington si llegase a  “no vivir” 2.000 años más? Creo no equivocarme si digo que Russell se convierte en el verdadero protagonista de la temporada.  Con el permiso de Bill, de Sookie e incluso del impagable Eric, Edgington es el personaje más interesante de la nueva temporada. En su búsqueda de Bill, Sookie contará también con la ayuda de Alcide Hervaux, un licántropo que, cómo no, engrosará el grupo de seres de dos naturalezas que se sienten irremediablemente (e inexplicablemente algunas veces) atraídos por la camarera. Y que aumentará en algunos momentos la temperatura corporal de la camarera, a pesar de sus lprotestas de lealtad hacia su novio vampiro desaparecido. Mientras, Eric se introduce en la “corte” de Russell, se une a su camarilla de lacayos atractivos y musculosos y, con su habitual pragmatismo y falta de escrúpulos, seduce tanto al rey como a su consorte, el frívolo y divertido vampiro Talbot,  para averiguar, entre otras cuestiones, qué ha pasado con Bill.

Russell y Talbot

En los primeros capítulos de la nueva temporada ya quedan claras unas cuantas cuestiones: que Sookie iba a acabar, como siempre, apaleada y drenada, esta vez por unos vampiros poco amigos de la famosa integración. Los miembros de la Iglesia del Sol dirían que se lo tiene bien merecido por esa afición suya de buscarse amigos poco recomendables. Cualquiera podía darse cuenta de que era cuestión de tiempo, porque las cosas no pintaban nada bien estando Russell Edginton por el medio. Además, Bill, como hubiera dicho mi abuela, no era “trigo limpio”, algo estaba ocultando, y su relación con la camarera de Bon Temps tenía alguna finalidad oculta más allá de sus arrebatos erótico-sanguíneos. Y ya era hora de que el gentleman Bill empezase a mostrar, apenas a asomar su verdadera cara, sigo sin entender por qué ese interés de los responsables de True Blood por mantener a la protagonista ciega de amor por el señor Compton, si no es para seguir manteniendo  el triángulo Eric-Sookie-Bill y, por consiguiente, el interés del telespectador por saber cómo se resuelve la “tensión sexual no resulta”, como se dice ahora, entre el vikingo y la protagonista femenina. Se hacía evidente, también, que el interés del vampiro vikingo Eric para encontrar al novio desaparecido de Sookie no era en absoluto altruista (cómo iba a serlo, viniendo de él): Eric sabía más acerca de los secretos de Bill de lo que la enamorada Sookie podía imaginar y, además, parecía tener alguna cuenta personal que saldar con el poderoso rey de Mississipi. Acerca de los hombres-lobo, su relación con los no-muertos iba a ir más allá de una salvaje, sangrienta y sana rivalidad, que es a lo que nos tienen acostumbrados en las películas de género: aquí iban a entrar en juego licántropos “buenos”, como Alcide, y otros que no lo eran tanto, como Debbie Pelt, su salvaje, descontrolada y celosa novia.

Russell Edgington

Debbie Pelt

Volveríamos a encontrarnos con antiguos conocidos, como Lorena, la vampira que creó a Bill, lo cual no auguraba nada bueno. Y conoceríamos a Franklin, el vampiro psicópata, que nos brinda algunos de los momentos más delirantes (y angustiantes) de esta tercera temporada (estupenda la actuación de James Frain, aunque cada vez que aparecía en pantalla, a pesar de sus ojos de loco y de sus colmillos ensangrentados, no podía evitar volver a ver a Thomas Cronwell, interpretado impecablemente por el mismo actor en Los Tudor).

Franklin Mott

Tara y Franklin

Otras tramas secundarias, como la de la familia cambia-formas de Sam Merlotte (el padre y la madre son impresentables, pero el hermanito que le ha caído en suerte acaba resultando insoportable, a pesar de que al principio daba hasta penita y todo),  así como las informaciones acerca de su turbio pasado, o la de Jason Stackhouse y su novia Crystal son, eso, secundarias, algo aburridas y da la sensación de que sirven de “relleno”. En las novelas de Charlaine Harris, la primera de ellas ni siquiera aparece, por lo que resulta ser una invención de Allan Ball.  En relación a la segunda, en las novelas tiene muchísima más importancia que en la serie y los personajes de la pequeña pero salvaje comunidad de Hotshoot, incluída la aparentemente dulce Crystal, ocupan un lugar destacado en la lista de personajes sobrenaturales o medio sobrenaturales de ese universo paralelo que ha creado la escritora estadounidense formado por vampiros, hombres-lobo, cambia-formas… y hadas. Que ya es lo último, no me lo negaréis. La tercera temporada también desvela el secreto de la existencia de estos seres que siempre habíamos asociado a los cuentos infantiles y que aparecen por Bon Temps con la misma naturalidad que por las páginas de La Cenicienta o La bella durmiente.  Y se les acaban sumando las brujas y los brujos, como podremos ver en la tercera entrega de la serie, aunque no se pueda tener demasiado claro, todavía, qué papel van a jugar, si no es que se han leído las novelas de Harris. Hay mundos más allá, pero según True Blood, están en éste. ¿No podría Sookie tener amigos un poco más “normales”? Porque Arlene (en plan Mia Farrow en Rosemary’s baby) o Lafayette y su nuevo novio Jesús tampoco son, que digamos, paradigmas de “normalidad” y equilibrio. Y mucho menos  la irascible y amarga Tara, que recupera en los nuevos capítulos un lugar bastante destacado y que no va a mejorar su estado mental después de eso.

Y volviendo a los comentarios del inicio, es cierto, en esta nueva temporada hay mucha sangre y mucho sexo. De hecho, esta tercera temporada rezuma ambigüedad sexual por todos sus poros. Aunque era algo patente desde los primeros capítulos, se confirma que la bisexualidad y la homosexualidad son algo inherente a la naturaleza vampírica. ¿Tendrá que ver eso con el hecho de que lleven siglos o incluso milenios de cama en cama? Ni idea.

Las luchas por el poder vampírico, las venganzas programadas durante mil años, los secretos inconfesables, y las decepciones anunciadas consiguen reanimar en buena medida el interés suscitado por los primeros capítulos de la serie, aunque no siempre. La tercera temporada tiene un inicio muy prometedor, pero pierde fuelle más o menos a la mitad para recuperarlo en los capítulos finales. Pero creo que se logra, en general, reconciliar al espectador con True Blood después de una segunda temporada muy irregular.  Así que de nuevo pasaré el tiempo que queda hasta Junio de 2011 esperando el inicio de la cuarta temporada y preguntándome, con menos frecuencia, eso sí, qué tendrá esta serie para tenerme tan “enganchada”.

 

Praga, itinerarios y recomendaciones (VII): compras en Praga

Cuando nos planteamos qué podemos comprar en Praga, en primer lugar creo que tendríamos que distinguir entre lo que son “compras” y lo que son “souvenirs” o recuerdos de un viaje, de una estancia en una ciudad o de un lugar determinado.

Las compras de determinados productos u objetos las hacemos por varias razones: porque son productos propios de ese país, porque su calidad alllí es superior o porque su precio es inferior al que podemos encontrar en nuestros lugares de origen. Un souvenir ,en cambio,  es un objeto que sirve de recuerdo de nuestra visita a un país, a una ciudad o a un lugar concreto.

Si tuviese que hacer una lista de las “compras” más típicas que se pueden hacer en Praga, ésta sería:

– cristal de Bohemia

– granates

– ámbar

– marionetas y juguetes de madera

– artesanía en porcelana

– productos relacionados con la música: CD¡s, partituras…

– grabados

– productos de alimentación: vinos, cervezas y licores, quesos y embutidos típicos, obleas de balneario

¿Dónde comprar en Praga? La ciudad, a diferencia de lo que sucedía hace sólo 15 años, cuenta con modernos centros comerciales, donde podemos encontrar supermercados, tiendas de marcas internacionales, restaurantes y cafeterías y multicines.

Estos centros comerciales empezaron a abrir a finales de los 90, aunque, desde luego, su oferta y variedad no es la de París, Londres o Milán. Con todo, las tiendas de escaparates tristes y sin gracia o los grandes almacenes socialistas en donde apenas se podía escoger el color de un vestido o de un pantalón quedan muy lejos. A lo sumo, las podemos encontrar en la periferia, en los barrios dormitorios. Actualmente, las grandes marcas han abierto tiendas en Praga, y las franquicias están a la orden del día. En la calle Pařizská, en Na Přikopě, 28 října, en la Plaza Wenceslao o en la Plaza Jungmann podemos encontrar tiendas de marcas internacionales, pero también de productos nacionales típicos.

Los principales centros comerciales de Praga son:

Palladium

Plaza de la República (Náměstí Republiky) delante de la Obecní Dům.

Myslbek Galeria

En Na Přikopě, 19-21, al lado del Palacio Kolovat.

Slovanský dům

En Na Přikopě, 22

Černá růže

En Na Přikopě, 12

Pálac Flora

En Vinohradská, 144

Vinohradsky Pavilon

En Vinohradská, 50

El Mercado de la calle Havelská (Havelský Trh) es un lugar ideal para comprar artesanía y marionetas. En la calle Celetná, Karlova y Mostecká se puede comprar cristal y artesanía diversa.

En la Plaza Wenceslao hay numerosas tiendas de alimentación, bastante lujosas, pero caras. Una solución para comprar comida y bebida típicas, son los supermercados de la cadena TECSO, el equivalente a nuestros Carrefour, Caprabo o Hipercor, en donde estos productos se pueden adquirir a precios asequibles. Los TECSO más céntricos son: MY Narodní, en Narodní třida, muy cerca del Teatro Nacional, y EX Belehradská, en la calle Vocelová, cerca de la estación de metro de I.P. Pavlova.

El cristal de Bohemia

Sin duda es el producto que todos (o casi todos) los turistas desean llevarse a casa después de una estancia en Praga. El cristal de Bohemia, por su calidad y por su talla, es mundialmente famoso. Tanto en Praga como en Karlovy Vary hay muchísimas tiendas que venden este típico cristal. Sin embargo, hay que tener en cuenta dos cosas: en primer lugar, que no todo lo que se cree que es cristal de Bohemia, lo es. Hay mucha bisutería de cristal, realmente bonita, pero que no es cristal de Bohemia. También hay que distinguir entre el cristal y el vidrio de Bohemia. Así que cuidado con las gangas, porque con este producto no existen. Los tiempos en que los turistas se llevaban cristalerías enteras a casa a precios realmente interesantes, ya no existen.  Actualmente, a no ser que se tenga un bolsillo muy lleno o se sea un enamorado del cristal y los precios no nos importen, lo más normal es comprar piezas pequeñas o medianas (una, como mucho), pero con la seguridad que lo se compra es cristal original de Bohemia.

 Dónde comprar cristal de Bohemia: yo no soy una gran aficionada al cristal y no puedo ofreceros una lista exhaustiva de los mejores establecimientos que venden este producto. Tengo en casa mis cuatro o cinco piezas y cruzo los dedos cuando se saca el polvo para que no se rompan, porque los precios ya no son ahora los que eran cuando las fui comprando. Os puedo, eso sí, dar los nombres de las tiendas más conocidas y más fiables especializadas en cristal.

Celetná Cristal: en la calle Celetná. Es una de las tiendas oficiales de venta de cristal de Bohemia de las mejores marcas, como Moser o Mottel.

Karlový Vary Celetná : también en la calle Celetná. Esta tienda pertenece a la cadena del mismo nombre, especializada en venta de cristal de Bohemia.

Blue Praha: ésta es una cadena totalmente fiable, que tiene tiendas por toda la ciudad y que es famosa porque ha sabido combinar modernidad y tradición. Está especializada en los diseños en color azul, que son PRECIOSOS. Tiene tiendas en Malé náměst (detrás de la Plaza de la Ciudad Vieja), en la calle Pařížská (la que sale de la parte norte de la Plaza de la Ciudad Vieja, hacia el Barrio Judío y el río), y en la calle Mostecká (saliendo del Puente de Carlos, en la Malá Strana, a mano derecha). En esta última tienda yo personalmente tengo muy buena experiencia, eran muy amables, muy honestos en la relación calidad-precio y se preocupaban mucho de empaquetar las piezas para evitar roturas durante el viaje de vuelta.

Erpet Bohemia Cristal: en la Plaza de la Ciudad Vieja, prácticamente delante del Reloj.

Artel Store: en la calle Celetná. De SUPER LUJO y precios en consonancia.

La marca Květná tiene una tienda en la Malá Strana, muy cerca del Museo Franz Kafka, en U lužického semináře.

 Granates

Alrededor de la Plaza Wenceslao hay joyerías en que se venden granates, ya montados o sólo la piedra. También en el Barrio Judío hay algunas tiendas especializadas en esta piedra semipreciosa. Lo mejor es comprarla sin montar. Una de las tiendas especializadas es Granat, en la calle Dlouhá, cerca de la Sinagoga Española. En Celetná Cristal también venden granates y, en general, artesanía de todo tipo, como porcelana. Si vais a Karlový Vary, podéis encontrar granates a un precio correcto en Antony.

  Ámbar

Normalmente, en las tiendas que venden artesanía y cristal, ofrecen también algún tipo de bisutería fina con ámbar o bien ámbar sin montar. Si os decidís por comprarlo, sobre todo, que sea ámbar del Báltico, no ruso, que es de peor calidad.

 

 

 

 

Marionetas y juguetes de madera

La República Checa tiene una larguísima tradición en la fabricación de marionetas y de juguetes hechos de madera. En Praga hay muchísimas tiendas que venden marionetas, simplemente es cuestión de preguntar precios y comparar. Son muy típicas las que representan al Buen Soldado Svej. Pero hay verdaderas preciosidades y otras realmente que “dan miedo”, como las colecciones de brujas. Hay tiendas en donde se exponen cientos de modelos. Sobre todo, si hay niños en casa o hay que hacer un regalo a alguno, las marionetas son una opción excelente.  En los mercadillos callejeros  (sobre todo durante los dias previos a la Navidad), los puestos de marionetas son típicos en Praga. Las dos tiendas más famosas de Praga en la venta de marionetas y, en general, de juguetes de madera son Antikva Burger, en Betlemská náměstí, entre la Plaza de la Ciudad Vieja y el Puente de Carlos, y Obchod AMI – Loutky, en la calle Nerudova, la que sube al Castillo desde la Plaza de la Malá Strana. Esta calle tiene muchas tiendas especializadas en artesanía en general.  Recordad que en el Mercado de la calle Havelská (detrás de la Plaza de la Ciudad Vieja, cerca del Teatro de los Estados y del Carolinum) hay puestos de juguetes de madera y marionetas a precios económicos.

Artesanía en porcelana

Normalmente, en las tiendas que venden cristal de Bohemia, podréis encontrar productos de porcelana tradicionales, desde vajillas hasta las famosas casitas de colores que representan los edificios de la Plaza de la Ciudad Vieja o la Malá Strana.

 

 

 

 

 

Cuadritos, grabados, fotos antiguas

En los mercados callejeros, pero sobre todo en el Puente de Carlos encontraréis pintores y fotógrafos que exhiben pequeños cuadros, fotos en blanco y negro o grabados de la ciudad de Praga.

En  Antikvariát Galerie, en la Avenida Nacional, podréis encontrar también libros, fotos, grabados, etc, aunque los precios son caros.

En el Barrio Judío venden unas colecciones de postales, que reproducen en un estilo muy característico los principales monumentos o personajes ligados a la comunidad judía de Praga.

 

 

 

 

 

 

 

Otra opción es comprar reproducciones de pinturas art nouveau, sobre todo de Alfons Mucha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Música

Los CD’s de música clásica suelen ser otra de las compras que los visitantes aprovechan para adquirir en Praga, ya que los precios son baratos.  En la Plaza Wenceslao encontraréis una de la gran cadena de venta de música, la Bontonland. Pero son muchas las tiendas de música, que además ofrecen partituras, libros sobre los músicos relacionados con la ciudad de Praga, etc.

Productos de alimentación

Los vinos checos y moravos están ganando aceptación y en los últimos años compiten con vinos de otros países con larga tradición vinícola, como Francia o Alemania. Los mejores vinos, para mi gusto, son los moravos blancos, como Veltlínské zelené, Müller-Thurgau o Muškát moravský, que es dulce, parecido al moscatel. Otro buen vino dulce muy típico es el Znovín Znojmo . Por lo que respecta a los tintos, destacan Frankovka o Svatovavřineck y Kroměříž (éste último dicen que es el vino preferido del Papa Benedicto XVI).  Los vinos de la marca Ludmila, en distintas variedades, son muy populares en el país y tienen una buena relación calidad-precio.

En Praga hay infinidad de tiendas y supermercados en donde adquirir vinos, licores y productos de alimentación. También son muchas las vinaterías y lugares de cata que venden al detalle, como U Zavoje, en la calle Havelská, o Dejà Vu en la Plaza Maltesa (Maltézské náměstí).

 

 

 

 

 

 

Por lo que respecta a la cerveza, las más populares y reconocidas en la República Checa son: Budweiser-Budvar, Budejociky Budvar (negra), Pilsner Urquell, Krusovice, Staropramen Premium, Gambrinus Světlý,  Flekovsky Lezak (sólo es posible consumirla en U Fleků y adquirirla en la tienda-museo), Svijanský Rytíř, Primátor Stout o Primátor Premium, Herold (negra), Tmavé (negra) y Regent (negra), entre otras muchas.

 

 

 

 

 

 

Otra de las compras de productos de alimentación son los embutidos y los quesos: salami poličan, jamón de Praga, salchichas koblasa o el típico queso curado de Moravia, el tvarůžky .

 

 

 

 

 

Por lo que respecta a los licores, el Becherovka, un licor de hierbas que proviene de la ciudad balnearia de Karlový Vary, es una de las compras que todo visitante de la República Checa se lleva a casa. Dicen los checos que un vasito de Becherovka tiene las mismas propiedades curativas que las fuentes termales de Karlový Vary, o sea, que cura todas las afecciones. Desde luego es cierto, porque  si se bebe más de un vasito “se te pasan todos los males”…

  

 

 

 

 

 

Otro licor típico de la República Checa, aunque no tan popular entre los turistas, es el Slivovice, que es un orujo.

 

 

 

 

 

 

Otra de las compras típicas que se hacen en Praga son las famosas Lázeňské Oplatky, las obleas del balneario de Karlový Vary. El origen de su fabricación son las hostias misales, y están rellenas de chocolate, muesli, vainilla, aunque las “de siempre” son las rellenas de azucar, avellanas y vainilla. Las más conocidas y compradas son las de la marca Kolonada. Las vais a encontrar en cualquier supermercado o tienda de alimentación.

 

 

 

 

 

 

Llevar una botella se Becherovka o de Slivovice y una caja de obleas es el típico regalo que se lleva a la familia o a los amigos y, en mi opinión, seguro que lo agradecen mucho más que cualquier souvenir.

Y, hablando de souvenirs, ¿cuáles son los más comprados en Praga? Por ejemplo, las figuras de Gólem que se venden en los tenderetes del Barrio Judío. Según la tradición, quien reciba este regalo tendrá buena suerte. Las  hay de diferentes tamaños, pero el diseño tradicional es éste.

 

 

 

 

 

Otros souvenirs son los huevos de madera pintados de múltiples colores. Esta tradición tiene que ver con los kraslice, los huevos cocidos que se pintaban y se regalaban a los niños en Pascua. Los huevos pintados se pueden encontrar en cualquier tenderete callejero, en los mercados de las plazas o en el Puente de Carlos.

 

 

 

 

Los turistas también suelen llevarse como recuerdo las casitas hechas de barro y pintadas, de madera o bien de cerámica que representan los edificios multicolores y multiformes de Praga. También tienen mucho éxito las marionetas y los juguetes de madera, las muñecas matriuskas y los soldados Svej.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Otro recuerdo son las placas de metal que representan fielmente los típicos indicadores de las calles más populares de Praga, como Nerudova, , en color rojo, con la inscripción del nombre y el distrito.

Si visitais Karlový Vary, además de la botella de Becherovka y la caja de obleas, es muy típico comprar un jarrito para beber las aguas termales, que después sirve de objeto decorativo.

Y además, tenéis todos los souvenirs típicos de cualquier ciudad europea: los imanes de nevera, las camisetas, los lápices…

 

 

 

 

 

Praga, itinerarios y recomendaciones (VI): la Ciudad Nueva

 

Na Přikopě, en la Ciudad Nueva

La Ciudad Nueva (Nové Město) fue fundada en 1348 por Carlos IV. Por eso, cuando se habla de Ciudad Nueva en Praga no se hace referencia a su zona “no histórica”, sino a un distrito que en el siglo XIV era “nuevo” en relación al resto de núcleos de población ya existentes. Sin embargo, hoy en día quedan poquísimos restos de ese pasado en sus calles y edificios, ya que buena parte de la Ciudad Nueva fue demolida a finales del siglo XIX para volver a rediseñarla más o menos con el aspecto que tiene en la actualidad.

 

Alrededores de Karlovo náměstí, en la Ciudad Nueva

El diseño y la construcción de la Ciudad Nueva se planificó al detalle alrededor de tres grandes plazas de mercado: el Mercado del Heno (la actual Senovižné náměstí), el Mercado de Ganado (la actual Karlovo náměstí) y el Mercado de Caballos (la actual Vaclavské náměstí). Por lo tanto, no fue una zona en la que la población se instalara y creciera de manera más o menos espontánea, sino que se pensó perfectamente cómo iba a ser ese nuevo distrito y qué tipo de población lo iba a habitar. En su extensión, que dobla la de la Ciudad Vieja, se instalaron artesanos y, sobre todo, comerciantes.

Este distrito praguense no tiene para los turistas tanto interés como los cuatro restantes (la Ciudad Vieja, el Barrio Judío, el Hradčany y la Malá Strana) también considerados “históricos”. Su oferta para un visitante que pasa 3,4,5 días, incluso una semana no es tan atractiva ni de lejos. El hecho de que entre sus monumentos, parques o edificios más emblemáticos se tengan que recorrer a veces unas distancias considerables tampoco ayuda a su “promoción turística”. Por eso, la mayoría de los visitantes de Praga, que disponen de tiempo limitado, lo único que conocen de este distrito es la Plaza Wenceslao y sus alrededores y, como mucho, llegan hasta la Plaza de Carlos (Karlovo náměstí), le echan un vistazo rápido a La casa que baila y se toman una cerveza en U Fleků o en U Kalicha. Sin embargo, nadie que visite Praga puede perder la oportunidad de pasear por las calles de la Ciudad Nueva, ya que será aquí donde, salvando distancias y de una manera más aproximada, podrá hacerse una idea de cómo es la vida cotidiana en Praga.

Alrededores de la Plaza Wenceslao (Vaclavské náměstí)

Para empezar el recorrido por la Ciudad Nueva propongo partir de la Plaza de la República y conocer antes los alrededores de la Plaza Wenceslao, que constituyen un importante nucleo de calles comerciales y también de interés histótico. Se puede llegar a la Plaza de la República con la líneoa B del metro y en los tranvías 8, 14 y 26. Tanto si llegais en metro como en tranvía bajaréis en la calle Na pořici, por encima de la Plaza de la República.

La Torre Jindřišská

Es la única torre que encontramos en esta zona cercana a la Plaza Wenceslao. Se puede llegar a pie desde la Plaza de la República (lo más aconsejable, está sólo a unos minutos y permite conocer la ciudad y sobre todo la zona comercial).  En este caso, hay que tomar la calle Senovažná, que queda a la izquierda si os situais mirando a la Torre de la Pólvora y el edificio de la Obecní Dům. También podéis llegar en los tranvías 3, 9, 14 y 24. La Torre queda justo en la intersección entre la calle Jindřišská y Senovažná náměstí.

 

Torre Jindřišská

Es una torre gótica de 67.7 m de altura, lo cual la convierte en la torre separada más alta de Praga. Se construyó entre 1472 y 1475 junto a la Iglesia de San Enrique y Cunegunda y a lo largo de los siglos ha sufrido avatares diversos, ya sea a causa de ataques militares (como el que tuvo que soportar en 1648 durante el ataque de las tropas suecas a la ciudad) o por fenómenos atmosféricos (en 1801, una terrible tormenta destrozó la parte superior gótica). El reloj de la torre es de estilo renacentista y se añadió en 1577.

La Torre cuenta con tres campanas grandes, la más antigua es Maria, forjada en 1518, Jindřich y Dominik. A las 9h, a las 12h, a las 15h y a las 18h es posible escuchar un repique especial. En la parte superior hay un mirador desde el cual se contemplan unas vistas estupendas. Se puede acceder por una escalera o por el ascensor rápido. El interior de la Torre está perfectamente preparado, incluso hay aire acondicionado. Unos pisos más abajo hay un muy buen restaurante, aunque caro. Como anécdota, decir que este restaurante está decorado con las maderas que cubrían el interior de la primera torre antes de las restauraciones.  Además, es muy habitual encontrarse en la Torre con exposiciones sobre temas diversos.

Suele ser un monumento muy tranquilo porque no pertenece estrictamente a las masificadas rutas turísticas y no encontraréis las aglomeraciones para hacer fotos típicas en la Torre del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja o en las Torres del Puente de Carlos.

La Sinagoga del Jubileo

Casi al lado de la Torre Jindřišská, en la calle Jeruzalemská, por encima de la Iglesia de San Enrique y Cumegunda, encontraréis la Sinagoga del Jubileo o Sinagoga de Jerusalén. Es un edificio que llama la atención por su arquitectura de estilo morisco y por el colorido de su fachada. Es una de las sinagogas abiertas al culto en Praga, aunque no está incluida dentro del conjunto de sinagogas históricas, ni por su ubicación (fuera del perímetro del Josefov o antigua Ciudad Judía) ni por la fecha de construcción, en 1906, cuando ya se había llevado a cabo el Saneamiento del Barrio Judío).

 

Sinagoga del Jubileo

Fue diseñada por Wilhem Stiassny y su construcción se debió a la conmemoración del Jubileo, es decir, los 50 años del reinado del emperador Francisco José II.  Presenta una atrevida mezcla de estilo morisco y art nouveau. Hasta 1906 no abrió sus puertas como edificio turístico y sala de conciertos.

 

Interior de la Sinagoga del Jubileo

 

Interior de la Sinagoga del Jubileo

 

Interior de la Sinagoga del Jubileo

 

Desde la calle Jeruzalemská hay varios caminos para llegar a la Plaza Wenceslao. Pero no voy a proponer la más corta, sino la que considero que es más interesante para no perderse ningún detalle del paseo por la Ciudad Nueva. En Jeruzalemská, volved a la calle Jindřišská, que es la primera a la izquierda (deshacéis camino, como si regresarais a la Torre Jindřišská). La primera calle a la derecha es Nekázanka: tomad la calle y saldréis a una larga avenida que se abre a la izquierda de la Torre de la Pólvora, llamada Na Přikopě, que literalmente significa “en el foso“. El nombre se debe a que en esta zona se extendía el foso que separaba las murallas que rodeaban la Ciudad Vieja (de las que sólo se ha conservado la Torre de la Pólvora) y la separaban de la Ciudad Nueva.

 

Na Prikopě, en las inmediaciones de la Plaza Wenceslao


Na Prikopě

Na Prikopě es una zona muy concurrida, con tiendas, restaurantes y cafés, músicos callejeros, ¡¡carteristas!! Esa animación a veces puede hacer que al turista se le pasen por alto edificaciones históricas que demuestran la importancia que tuvo esta calle como arteria que unía la entrada principal de la Ciudad Vieja con el centro de la Ciudad Nueva, que es la Plaza Wenceslao.

  • Casa Eslava (número 22), edificio de estilo clásico de finales del siglo XVIII.
  • Iglesia de la Santa Cruz (número 16), edificio construido en estilo imperio de principios del siglo XIX.
  • Palacio Sylva-Taurocca, (número 10) edificación de estilo barroco tardío o rococó.

Palacio Sylva-Taurocca

En el número 10 de Na Prikopě se ha instalado el Museo del Comunismo. No he entrado nunca, así que sólo sé que recrea el ambiente de los años del comunismo en la antigua Checoslovaquia y en concreto, en Praga. Hay exposiciones permanentes, documentales en 3D, parece interesante.

En esta calle y en la 28 Ríjna, que conecta con la Avenida Nacional (Narodní třida), alrededor de la estación de metro Můstek, se concentran muchas de las tiendas de lujo de la capital checa.

 

Edificios en 28 ríjna

La Plaza Wenceslao

Siguiendo por Na Prikopě llegará un punto en que, a mano izquierda, os encontraréis con la Plaza Wenceslao.

 

Na Prikopě llegando a la Plaza Wenceslao

En transporte público se puede llegar en metro (las líneas A y B llevan a la estación Můstek, en la parte baja de la Plaza; y las líneas A y C llevan a la estación Muzeum, cerca del Museo Nacional) y en los tranvías 3, 9 , 14, 24.

Lo primero que llama la atención que no se trata de una plaza, sino casi de un bulevar. Sus medidas son 680 de largo por 60 metros de ancho. Es peatonal por el centro mientras que los coches transitan a lado y lado. Desde Na Prikopě el visitamte se encuentra al inicio de la “plaza”, en el extremo opuesto al Museo Nacional y a la estatua ecuestre de San Wenceslao.

 

Plaza Wenceslao

El lugar que hoy es la Plaza Wenceslao fue un enorme mercado de caballos durante la Edad Media. Con el paso de los siglos, ha sido el lugar favorito en el que los praguenses se han congregado con motivo de algún suceso o manifestación que afectaba a la ciudad o al conjunto del país.

Lo primero que hemos hecho todos cuando pisamos por primera vez la Plaza Wenceslao es recorrerla de un extremo a otro en los dos sentidos. Pasear, curiosear por los tenderetes, llevar la mirada de un lado al otro, pero sin ver demasiado, dejarnos arrastrar por el bullicio y la animación que reina allí a todas horas.

 

Tenderetes en la Plaza Wenceslao

Sin embargo, no podemos olvidar que estamos en uno de los lugares en donde mejor se ha conservado en Praga la arquitectura de finales del siglo XIX, el estilo art nouveau. Los antiguos palacios barrocos que rodeaban este espacio fueron demolidos para construir edificios más altos y que seguían la moda arquitectónica que imperaba en Europa, desde Viena hasta Barcelona.

Empezando a caminar desde el extremo opuesto al Museo Nacional, el primer edificio interesante queda a la izquierda, el Palacio Koruna, un edificio construido en 1914 y que alberga tiendas y oficinas. Recibe su nombre por la torre angular que tiene en su cima una corona (koruna en checo).

 

Palacio Koruna

Continuando en dirección al Museo Nacional, a la izquierda, justo delante de la estación de metro de Můstek, en la intersección con la calle Vodičkova se encuentra el edificio de la compañía de seguros Assicurazioni Generali, donde Franz Kafka trabajó 10 meses hasta que tuvo que solicitar la baja definitiva a causa de la tuberculosis. El edificio es otra de las muestras del estilo art nouveau que encontraréis en la Plaza Wenceslao.

 

Edificio de Assicurazioni Generali, Plaza Wenceslao

El siguiente edificio que capta el interés del visitante es el Hotel Evropa, construido en 1906. Tanto por su fachada exterior como por la decoración interior es una muestra representativa del art nouveau praguense. Entrad aunque sólo sea para echar un vistazo, están acostumbrados a los turistas que entran para admirar la decoración, sobre todo del Café que hay en su interior.

 

Fachada del Gran Hotel Evropa

Interior del Hotel Evropa

Al lado del Hotel Evropa se encuentra el Hotel Meran, otra muestra de la arquitectura y la decoración de finales del siglo XIX, principios del XX.

 

Hotel Meran, en la Plaza Wenceslao

El Museo Nacional y la Estatua ecuestre de San Wenceslao

Los dos elementos más emblemáticos de la Plaza Wenceslao son, sin duda, el edificio del Museo Nacional (Narodní Muzeum) y, delante, la estatua de San Wenceslao. En una situació elevada con respecto al resto del espacio urbanístico, dominan el campo visual del visitante desde cualquier punto de la plaza.

El Museo Nacional es un edificio diseñado en estilo neorrenacentista por Josef Schulz y se acabó de construir en 1890, en el momento de máximo auge de la corriente nacionalista checa que reivindicaba el espíritu nacional del antiguo reino de Bohemia y la separación del Imperio Austro-Húngaro. Después de subir la rampa que permite el acceso al Museo, podemos contemplar las estatuas alegóricas que decoran su fachada, sobre todo las de la Historia y la Historia Natural, que flanquean la puerta de entrada.

La decoración del interior del Museo es impresionante, sobre todo el vestíbulo principal. Ahora bien, podéis echarle una ojeada y volver a salir, ya que las colecciones que expone el Museo son muy específicas y están lejos de lo que busca ver un turista que va a pasar unos pocos días en Praga (minerología, antropología, historia natural…), no son en absoluto representativas de esas disciplinas y, además, han quedado bastante desfasadas.

 

La estatua de San Wenceslao, otro icono del renacimiento nacionalista checo, está construida en bronce fundido y fue diseñada en 1912 por Josef Myslbek, uno de los más importantes escultores del país de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Delante de la estatua podréis contemplar el Memorial por dos de las víctimas del comunismo, una especia de altar circular con una placa y unas flores y las fotografías de dos jóvenes, Jan Palach y Jan Zajic. Palach, de 21 años, se autoinmoló rociándose con gasolina en las escaleras del Museo Nacional en 1969, como protesta contra la invasión soviética. Una cruz marca el punto exacto donde Palach cayó envuelto en llamas. Un mes más tarde, en febrero, Jan Zajic, de 19 años, seguía sus pasos tomando ácido y quemándose en el interior del edificio 39 de la Plaza Wenceslao. Hasta finales de los años 90, el memorial consistía en algunas flores, guirnaldas con la bandera checa y las fotos plastificadas de los dos jóvenes. Ése era el modesto recuerdo que los ciudadanos rendían a Palach y Zajic, pero nunca faltaban las flores y siempre podías ver a praguenses detenidos frente a ese casi improvisado tributo. No ha sido hasta más tarde cuando el gobierno decidió construir esa especie de altar circular y colocar en él la placa conmemorativa.

 

Memorial de Jan Palach y Jan Zajic delante del Museo Nacional

 

 

La Ópera estatal

Si habéis podido llegar a las escaleras de acceso al Museo Nacional es que habréis cruzado la calle Wilsonova, que constituye una nueva modalidad de deporte de riesgo en Praga.  Aprovechad el triunfo para dar un paseo hasta un edificio que está prácticamente al lado del Museo: la Ópera estatal o antiguo Teatro alemán.

 

Ópera estatal

La Ópera estatal ocupa el lugar donde se había construido el primer teatro de la Ciudad Nueva y que fue derruido en 1865.  Su nombre original fue Nuevo Teatro Alemán y se construyó para rivalizar con el Teatro Nacional Checo, que está en la Avenida Nacional. Su fachada es neoclásica y destaca el friso. Hoy en día es el principal teatro operístico de la ciudad de Praga. Consultad el programa, porque asistir a una ópera en este teatro es una experiencia para recordar.

A menos de 500 metros continuando por Wilsonova se llega a la Estación Principal de Praga (Praha hlavní nádraží), de donde salen y a donde llegan los trenes procedentes de otras ciudades europeas. El interés turístico de esta estación, construida en 1871 en honor al emperador Francisco José, es la decoración art nouveau de su interior, obra de Josef Fanta. Es realmente impresionante, pero si no sois unos grandes aficionados a la arquitectura y al diseño, mejor obviais esta visita, ya que el ambiente que se genera en esta estación (en el exterior, sobre todo) no es el más recomendable.

 

Hlavní nadraži

El Palacio Lucerna

 

Palacio Lucerna

Volviendo a la Plaza Wenceslao, con el Museo y la estatura de San Wenceslao a vuestra espalda, podéis caminar hasta el punto de partida, la parte más baja de la Plaza, atendiendo ahora a los edificios que quedan a vuestra izquierda. A la altura del Hotel Evropa, es decir, en la intersección con la calle Vodičkova, en el número 36 de esta calle, se encuentra el Palacio Lucerna.

El Palacio Lucerna es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, no por su arquitectura, sino por lo que ha representado y representa todavía hoy en día en la vida cultural de Praga. En realidad, es un complejo de edificios, situado entre la calle Vodičkova y la calle Štepanská, perpendiculares a la Plaza Wenceslao. Su arquitectura refleja los últimos coletazos del art nouveau praguense.

El Palacio Lucerna, en realidad, intercomunica en su interior varios de los edificios de la parte superior de la Plaza Wenceslao, formando el Pasaje Lucerna. Podemos encontrar en él numerosas tiendas y restaurantes, cervecerías, una sala de cine, un famoso bar musical y una prestigiosa sala de conciertos, la Vélky sal.

El Pasaje Lucerna fue el primer complejo múltiple de Praga (avanzándose 80 años a nuestros centros y galerías comerciales), ya que data de principios de los años 20. Fue construido entre 1907 y 1921 según el proyecto de Vascláv Havel, el abuelo de Václav Havel, el que fuera primer presidente democrático de la República Checa después de la etapa socialista, y por Stanislav Bechyné.

Uno de los alicientes para entrar en el Palacio Lucerno se encuentra en la planta baja, debajo de la cúpula de cristal, donde podemos contemplar otra de las estatuas del controvertido David Černy,  la Estatua de San Wenceslao con el caballo al revés de 1999.

 

Estatua de David Černy en el Pasaje Lucerna

No os perdais este pasaje comercial, echad un vistazo a sus tiendas, algunas un poco “checas” (entrando, a mano izquierda), tomad un café o una cerveza y contemplad la escultura de Černy. Si no tenéis tiempo en vuestro itinerario por la Plaza Wenceslao, podéis volver en cualquier momento, porque de verdad que es entretenido.

 

Entrada al Pasaje Lucerna

Café en el Pasaje Lucerna

Cervecería en el Pasaje Lucerna

Casi enfrente del Hotel Evropa podéis observar la Casa Wiehl, con una bonita y colorista fachada neorenacentista.

 

Casa Wiehl

Cuando estéis en la parte baja de la Plaza Wenceslao, en el extremo opuesto al Museo, girad a la izquierda y continuad andando unos metros en dirección a la Avenida Nacional y el río. Estaréis en la 28 Řijna (Avenida del 28 de Octubre) y llegaréis a la Plaza Jugmann (Jungmannovo náměstí).

La Plaza Jungmann, la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves y los Jardines Franciscanos

 

Plaza Jungmann. La famosa cervecería U Pinkasů se encuentra en el callejón a la derecha del edficio de fachada clara, que es una farmacia. A la izquierda de la foto, la 28 Řijna

Entrando en la plaza, a la izquierda, se levanta la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, que fue construida en 1347, al mismo tiempo que la Ciudad Nueva, por orden de Carlos IV. Sin embargo, esta iglesia que tenía que competir con la de Týn, quedó inclonclusa y sólo se construyó la nave principal.

 

Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves

Justo al lado de la iglesia se abren los Jardines Franciscanos, llamados así porque pertenecían al antiguo convento de San Francisco. Los Jardines están abiertos al público y son un remanso de paz en medio del ajetreo y la actividad febril de esta parte de la ciudad de Praga. Muy recomendables para tomarse un merecido descanso después de visitar la Plaza Wenceslao.

 

Jardnes Franciscanos

 

Jardines Franciscanos

 

En la Plaza Jungmann se encuentra el restaurante-cervecería U Pinkasů, que es un lugar recomendable para comer o tomar una cerveza, limpio y con un servicio relativamente rápido teniendo en cuenta lo que entienden los checos por un servicio rápido. Todavía se respira un ambiente típicamente checo, aunque ya no se escucha por las tardes a los clientes de toda la vida cantar tristes canciones en checo delante de una Pilsner Urquell. Los precios entonces eran baratos y ahora son razonables, teniendo en cuenta que se encuentra en una zona muy turística y que la fama del local ha ido corriendo de boca en boca. Lo principal es que se come bien, la cerveza es buena y el ambiente, agradable. Cuando he estado en Praga, no me ha importado caminar un poco si no estaba cerca de la Plaza Jungman, y he ido a almorzar o a cenaaar a U Pinkasů. El local queda un poco escondido, en un callejón bastante estrecho al lado de la Plaza. Si mirais la estatua de Jungmann que hay en medio de la Plaza, o sea, en dirección a la Avenida Nacional, la cervecería queda a vuestra izquierda.

Un consejo: esta plaza, como en general la zona de la Plaza Wenceslao, no es demasiado recomendable por la noche. En realidad, se transforma completamente. Hay que tener en cuenta que para los checos, salir por la noche no va más allá de las 22h, más o menos. En adelante, la Plaza Jungmann la toman los sin techo y por la zona de la Plaza Wenceslao se pasean algunos ejemplares mafiosos locales. No es que constituyan un peligro para el turista, pero tenedlo en cuenta.

La Avenida Nacional (Narodní třída)

La Avenida Nacional os llevará desde la Plaza Jungmann hasta el Puente de las Legiones (Most Legii) y los muelles del río Vltava. El muelle que queda a la derecha del puente es el Muelle Smetana (Smetanovo nabřaži) y siguiéndolo se llega al Puente de Carlos. Por su parte, el muelle que queda a la izquierda del Puente de las Legiones es el Muelle Masaryk (Masarykovo nabřaži), que conduce a la zona de la Ciudad Nueva que bordea el río. Praga toma aquí la imagen de ciudad moderna, con tráfico intenso, tranvías que suben y bajan, gente que se apresura hacia el trabajo y turistas que se detenienen ante los edificios más emblemáticos de esta arteria comercial o entran en los restaurantes y cafeterías, en las librerías y en los grandes almacenes. Es en esta zona precisamente por donde Praga comenzó a crecer durante el siglo XIX, más allá de los límites de las “ciudades” consideradas históricas.

En vuestro recorrido por la Avenida Nacional, hay diversos edificios que merecen la atención de cualquier visitante de Praga:

– la Iglesia y el Convento de las Ursulinas. La iglesia no hace mucho que se ha restaurado y enfrente hay un grupo escultórico en el que destaca San Juan Nepomuceno, acompañado de querubines, obra de Ignaz Platzer, realizado entre 1746 y 1747. Hoy en día el antiguo convento está ocupado por una licorería.

 

Convento de las Ursulinas en la Avenida Nacional

A continuación se levanta el inconfundible edificio del Teatro Nuevo, conocido en checo como Nová Scéna, con su exterior totalmente acristalado. En este teatro se llevan a cabo las representaciones de la Lanterna Magika, que consiste en espectáculos que combinan efectos en tres dimensiones, cine y danza contemporánea, tan típicamente checos como el teatro negro. Asistir a una representación de la Lanterna Magika es curioso, tiene su gracia, por decirlo de algún modo, pero es para verla una vez, al menos, para mi gusto. Si queréis asistir a un tipo de representación escénica tan genuinamente checa como es la Lanterna Magika, yo os recomiendo el Teatro Negro.

 

Nová Scéna

Ya enfrente de los Muelles, encontramos el Teatro Nacional (Narodní Divadlo).  Estaréis frente a uno de los grandes símbolos de la nación checa, siempre minorizada en relación a la minoría alemana. Su cúpula dorada es uno de los símbolos de la ciudad y es visible desde muchos puntos de ésta. El teatro se construyó gracias a una subscripción popular y la primera piedra se colocó en 1868. Su arquitecto fue Josef Zitek y se inauguró en 1880 con la representación de la obra Libussa de Smetana. Pero sólo dos meses después fue destruido por un incendio y su reconstrucción fue dirigida por Josef Shultz. Finalmente, se reabrió en 1883.

Si su exterior es majestuoso, su interior es digno de verse, sobre todo el vestíbulo y el auditorio, aunque éste último sólo es visible para aquellas personas que asistan a una representación. Normalmente se representan óperas de compositores checos, aunque también de compositores europeos como Verdi o Bizet, así como ballet. Actualmente se representan también obras de teatro contemporáneo.

 

Teatro Nacional

En la acera de enfrente, delante del Teatro Nacional, se encuentra el restaurante U Medvicků, uno de los mejores y más populares lugares para comer y tomar cerveza de Praga. En la esquina, ya dando al río, se encuentra el famoso Grand Café Slavia, el de mayor solera de Praga, lugar de reunión durante muchos años de artistas e intelectuales. El café, que abrió en 1881, es famoso por su ambiente relajado, la historia que encierran sus paredes y la calidad de sus cafés y especialidades de pastelería. Después de algunos años cerrado, entre 1991 y 1997, el Slavia volvió a abrir sus puertas ese año, totalmente restaurado, pero conservando la decoración art decó de los años 30. Es un lugar muy agradable para desayunar (a partir de las 8h), para tomar un tentempié a media tarde o para acabar con un buen café y algo dulce una velada en el teatro o en algún club de jazz. No dejéis de entrar en algún momento durante vuestra estancia en Praga y, si es posible, en una mesa de las que dan al río y al Muelle Smetana: las vistas son muy bonitas.

 

Grand Cafe Slavia

Por el Muelle Masaryk (Masarykovo nabřaži) hasta la Casa que baila y la Plaza de Carlos (Karlovo náměstí)

 

Puente de las Legiones (Most Legii)

Sin duda, este paseo que discurre al lado del río Vltava, a lo largo del Muelle Masaryk, desde el Puente de las Legiones (Most Legii) hasta el Puente Jiráskův ( Jiráskův Most) es UNO DE LOS MÁS BONITOS E INTERESANTES que se puede hacer por Praga.

 

Masarykovo nábřaži desde el río

Camninando por el Muelle Masaryk podréis disfrutar de una dosis de tranquilidad, contemplando el río, dando de comer a los cisnes y, sobre todo, contemplando los edificios art nouveau, que se suceden los unos a los otros. Es un recorrido de 1 kilómetro, aproximadamente, que os aseguro que si el tiempo os acompaña, se disfruta como pocos en esta ciudad.  Es una manera agradable de llegar al corazón de la Ciudad Nueva sin tener que tomar transporte público.

Cuando el Muelle Masaryk cambia de nombre y se convierte en Rašinovo nábřaži veréis aparecer ante vuestros ojos uno de los edificios que se han convertido en otro emblema de Praga en los últimos años: la discutida, amada y odiada Tančici Dům, la Casa que baila, obra del arquitecto Frank Gehry. Este edificio, conocido también como Ginger y Fred (ya que por sus sinuosas líneas se asemeja a una pareja que esté bailando) se levanta desde 1996 en la orilla derecha del Vltava y rompió en su momento con el tipo de arquitectura de otros siglos a que nos tenía acostumbrados la ciudad de Praga. La Casa que baila se ha acabado integrando en el contexto urbanístico que le rodea y ya es un elemento más que distingue a la ciudad, aunque cuando se construyó levantó una polvoreda de críticas entre los más conservadores, que opinaban que rompía con la estética de la zona (algo así como lo que pasó con la pirámide del Louvre en París, que se ha acabado convirtiendo en un símbolo de la ciudad). Aunque cuando la vi por primera vez me costó “digerirla”, ahora no entendería esa parte de la Ciudad Nueva sin su silueta al lado del río.

 

Arquitectura art nouveau y arquitectura deconstructivista en Praga

Tančici Dům

A la altura del Puente Jiráskův girad a la izquierda y tomad la calle Resslova, que os conducirá directamente hacia la Plaza de Carlos. En vuestro recorrido encontraréis dos edificios históricos importantes. El primero de ellos es la Iglesia de San Wenceslao en Zderaza (Kostel svatého Vaclava Na Zderaze), en la esquina de la calle Resslova con la calle Dittrichova (dejando el río a vuestras espaldas, a la derecha). Zderaz es el nombre que recibía esta zona de la Ciudad Nueva cercana al río. Los edificios que existían se demolieron en el Saneamiento del año 1900 y sólo se ha conservado esta iglesia. De estilo gótico, se construyó en 1380 sobre una antigua edificación románica y consta de una sola nave. En 1785 se convirtió en almacén militar. En 1927 el edificio fue adquirido por la Iglesia Checoslovaca, heredera de las ideas de Jan Huss, por tanto, protestante. En su interior destaca el altar con el crucifijo, realizado por el famoso escultor checo František Bílek en 1930.

 

Iglesia de San Wenceslao

Un poco más adelante, en el mismo promontorio que la Iglesia de San Wenceslao, pero a vuestra inzquierda, queda la Iglesia de los Santos Cirilo y Metodio ( Kostel Sv. Cyrila a Metodeje). Actualmente es una iglesia de rito ortodoxo, construida en estilo barroco en 1730 y dedicada a San Carlos Borromeo. En los años 30 del siglo XX fue entregada a la Iglesia Ortodoxa y dedicada a los santos Cirilo y Metodio, conocidos como “los apóstoles de los eslavos”, ya que en el siglo IX fueron los encargados de evangelizar, según las directrices de la iglesia ortodoxa, los territorios de Europa central, los Balcanes y Rusia. Esta iglesia tuvo un protagonismo trágico durante la Segunda Guerra Mundial. Estando Checoslovaquia invadida por los nazis desde 1938, la Resistencia checa atentó en Mayo de 1942 contra Reinhard Heydrich, el “Protector del Reich, una especie de gobernador nazi, tan cruel que era conocido como “El carnicero de Praga”, responsable de la deportación de miles de judíos y disidentes políticos checos a los campos de exterminio. Los autores del atentado se refugiaron en la cripta de esta iglesia y se quitaron la vida antes que rendirse. Los impactos de las balas todavía pueden verse desde el exterior de la iglesia. Cuando Heydrich murió días después, como represalia por el atentado, Hitler ordenó devastar y asesinar a todos los hombres de la población checa de Lidice, cercana a Praga, ya que se decía que servía de refugio para los miembros de la Resistencia. Mientras que las mujeres fueron enviadas al campo  de concentración de Ravensbrück, algunos de los niños fueron adoptados por familias alemanas sin hijos El resto acabó en las cámaras de gas del campo de exterminio de Chelmno, en Polonia. En la cripta sde la iglesia e exhiben fotografías y documentos relacionados con los hechos

La iglesia puede visitarse de Martes a Domingo, de las 10h a las 16h (hasta las 17h en verano).

 

Iglesia de San Cirilo y San Metodio

Interior de la Iglesia de San Cirilo y Metodio

Delante de vosotros aparecerá pronto la Plaza de Carlos (Karlovo náměstí), que más que una plaza observaréis que es un parque inmenso, rodeado de edificios, algunos de ellos son facultades pertenecientes a la Universidad Karlova, y de un tráfico intenso. La Plaza de Carlos fue construida en 1348 en el lugar donde, hasta ese momento, estaba instalado el mayor mercado de la ciudad, el Mercado de Ganado. Su forma actual, una especie de rectángulo, fue diseñada en el siglo XIX. Hasta finales de los años 90, esta zona no pareció beneficiarse de la remodelación que se llevaba a cabo en otras zonas de la ciudad, más turísticas y potencialmente más interesantes para los visitantes. Los edificios que circundaban la plaza no eran llamativos ni encerraban tanta historia como los de la Ciudad Vieja, la Malá Strana o el Barrio Judío. El resultado era una sensación general de cierta dejadez, con un tráfico infernal y con las fachadas de los edificios cubiertas de hollín y muy deterioradas por la contaminación. Pero parece que los responsables municipales se dieron cuenta que “la Ciudad Nueva también existe” y desde hace una década se ha invertido en la reforma de este distrito de la ciudad.

 

Plaza de Carlos

Fuente en la Plaza de Carlos

La Plaza de Carlos es, pues, un parque amplio, donde es agradabilísimo pasear o descansar en un banco a la sombra de árboles centenarios y rodeados de edificios históricos y de estatuas de personalidades célebres del país.

Desde la calle Resslova, que justo cuando atraviesa la plaza se convierte en calle Jecná, se accede a la Plaza de Carlos justo por el medio, quedando ésta como dividida en dos partes. Así, el primer edificio que veréis, en la parte derecha de la plaza, es la Iglesia de San Ignacio (Kostel svatého Ignáce), de manera que esa especie de rectángulo que es la Plaza de Carlos quedaría dividida en dos mitades.

 

Llegando a la Plaza de Carlos desde la calle Resslova. A la derecha, la Iglesia de San Ignacio

En la parte derecha de la Plaza, en el extremo norte, podréis contemplar el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva (Novoměstská radnice). El Ayuntamiento, que se construyó entre 1377 hasta 1419, fue testigo de la primera defenestración de Praga en 1419, cuando varios representantes municipales católicos fueron lanzados por una de sus ventanas. Este hecho desencadenó las guerras husitas, entre protestantes y católicos. El Ayuuntamiento estuvo en funcionamiento hasta 1784.

 

Ayuntamiento de la Ciudad Nueva

En la mitad derecha de la plaza, se levanta la Iglesia de San Ignacio. En estos terrenos construyó la Compañía de Jesús un segundo Colegio Jesuita, después del Klementinum. Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1770 y la Orden disuelta, el convento se convirtió en hospital. La iglesia fue construida por Carlo Lurago entre entre 1665 y 1670. A la derecha de la iglesia, ya tocando a la calle U Némocnice, se levanta el complejo del antiguo Convento de San Ignacio.

 

Iglesia de San Ignacio

Interior de la Iglesia de San Ignacio

Cuando los jesuitas construyeron la iglesia, otras órdenes religiosas protestaron por el hecho de que se colocase en lo alto del frontón la estatua de San Ignacio en mandorla, es decir, en el limbo que rodea toda la figura, ya que esto se reservaba para las estatuas de Cristo y de la Virgen. Sin embargo, la estatua permaneció allí y allí continúa y ese limbo se ve brillar incluso a cierta distancia. En su interior, decorado en ese estilo barroco praguense tan característico, destaca la pintura en el altar mayor, la Gloria de Ignacio de Jan Jirí Heinsch. La iglesia está abierta hasta las 18.30h.

En el número 40 de la Plaza de Carlos, tocando a la calle U Nemocnice, se encuentra la Casa Fausto, alrededor de la cual giran algunas leyendas a las que son tan aficionados los habitantes de Praga. Esta casa, en la planta baja de la cual hoy en día hay algo tan prosaico como una farmacia, pasa por ser uno de esos edificios misteriosos y poblados por fantasmas del pasado que podemos encontrar en cualquier rincón de la ciudad.

Las leyendas de la Casa Fausto

 

Casa Fausto

En el siglo XVI nace el Mito de Fausto, el doctor que vendió el alma a Mefistófeles para lograr poseer el secreto de la inmortalidad. En ese siglo, cualquier persona que quisiera avanzar en el estudio del ser humano y del Universo, se consideraba que era contrario a la Iglesia y, por tanto, aliado del demonio. Fausto, en realidad, es el hombre que desafía a Dios porque quiere ser como Él y conocer los misterios de la vida y la muerte. Más allá del mito, parece ser que en Praga residió un personaje llamado Johannes Faust, un sabio alemán que vivió entre 1480 y 1540 y que después de viajar por Europa no se sabe haciendo exactamente qué, pasó los últimos años de su vida en Praga, concretamente en la calle Melantricová de la Ciudad Vieja. La razón por la cual se relacionó a este personaje con esta casa, es posible que tenga que ver con los primeros propietarios del edificio que se levantaba en este solar durante el siglo XIV, los príncipes de Opava, estirpe muy interesada en las ciencias naturales, y también con algunos de sus futuros inquilinos. En el siglo XVI, esta casa fue alquilada por Edward Kelley, un boticario y notario inglés. Se trasladó a Praga invitado por John Dee, su compatriota y famoso matemático, astrólogo, alquimista y ocultista. La verdadera pasión de Kelley eran la alquimia y la magia, así que no le fue difícil ganarse el favor del emperador Rodolfo II, apasionado de todo lo que tuviera que ver con lo oculto y lo mágico, y fue nombrado caballero. Pero parece que su trabajo como notario le reportó mala fama y su incapacidad por descubrir los secretos de la alquimia lo indispuso con Rodolfo II. Se le acusó de practicar la magia negra y el ocultismo (la doble moral de Rodolfo II aquí es evidente) y por eso fue encarcelado, torturado y se le cortó una oreja como a un vulgar delincuente. La Casa Fausto, pues, seguía vinculada a la magia y las ciencias ocultas.

Otra leyenda dice que un joven encontró los antiguos libros de magia negra de Johannes Faust y que conjuró al demonio, que se lo llevó volando por un agujero en el techo de la casa que nunca más pudo ser cubierto. Esta leyenda la desarrolló Alois Jirasek en su obra Viejas leyendas checas.

La realidad y la fantasía se combinan cuando se habla de este edificio renacentista del extremo sur de la Plaza de Carlos, que tal vez deba su fama a la imaginación del pueblo, a sus excéntricos habitantes y a la literatura.

RECORDAD: dos de las cervecerías más emblemáticas de Praga, U Fleků y U Kalicha se encuentran en la zona de la Plaza de Carlos. La primera, en la calle Kremencova (hay que situarse en el extremo norte de la plaza, cerca del Ayuntamiento de la Ciudad Nueva, tomar la calle Odborů, pasar el cruce con la calle Na Zbořenci y con la calle Mysilkova y un poco más adelante, se encuentra U Fleků) . La segunda, U Kalicha, se encuentra en la calle Na bojišti (por la calle Jecná, la que que atraviesa la Plaza de Carlos justo por el medio. Girar a la derecha por Sokolská. Continuar por esta calle y la primera que se encuentra a la derecha es Na bojišti.

Para más información sobre estas dos famosas cervecerías o sobre otros lugares donde comer y beber en la Ciudad Nueva, podéis hacer click aquí.

 

 

De la Plaza de Carlos al Monasterio Eslavo de Emaús y la Iglesia de San Juan Nepomuceno en la Roca

Si os situais delante de la puerta de la farmacia de la planta baja de la Casa Fausto, continuad andando dejándola a vuestra izquierda hasta que lleguéis a la calle Vyšehradská. Girad a la izquierda y continuad por esa calle, caminando al lado de un muro de piedra (este muro acaba abriéndose para dar acceso a la Iglesia de San Juan Nepomuceno en la Roca). Girad a la derecha por la calle Na Slovenech y llegaréis al Monasterio Eslavo de Emáus (Klášter na Slovanech – Emauzy).

 

Monasterio Eslavo de Emaús

La zona donde se levanta el Monasterio tiene también su propia leyenda. Su nombre es Moráñ. Una antigua leyenda checa cuenta que antes de la cristianización del país había allí un bosque de robles, en el cual vivía la antigua diosa eslava de la muerte, Morana. Por eso el nombre de Moráñ. Cerca del bosque había un cementerio y, junto a él, Wenceslao I mandó construir una iglesia en el siglo X, consagrándola a San Cosme y a San Damián. En 1889, los especialistas confirmaron que, efectivamente, existía allí un cementerio y se hicieron hallazgos arqueológicos de los siglos IX al XI.

Ya en el siglo XIV, el emperador Carlos IV hizo construir un monasterio cerca del río, junto a la antigua iglesia de San Cosme y San Damián que fue conocido como Na Slovanech, una referencia clara a las raíces eslavas de esa tierra. Carlos IV invitó a monjes benedictinos croatas para que resucitaran la liturgia eslava que habían llevado a Bohemia los santos Cirilo y Metodio y que casi había desaparecido debido al empuje católico de rito latino. El monasterio se construyó entre 1347 y 1372. El día de su consagración se leyó el fragmento del evangelio en que se narra la aparición de Jesús a sus discípulos en Emaús. Por eso, el monasterio comenzó a ser conocido como Monasterio de Emaús.

El monasterio fue seriamente dañado durante un bombardeo en 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, y perdió parte de las pinturas murales góticas que había en su interior. Cuando se reconstruyó, se le añadieron las dos torres de hormigón, semejantes a las velas de un barco, que podemos contemplar en la actualidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, el monasterio dejó de ser un centro religioso y se utilizó comoo depósito y para alojar oficinas administrativas. Sin embargo, en los años 90 del siglo XX, volvieron los monjes benedictinos, esta vez alemanes y se volvió a reanudar la actividad monástica. El Monasterio de Emaús se puede visitar de Lunes a Viernes, de 7h a 19h. El claustro, posiblemente lo más interesante del interior, con unas pinturas murales que son de lo mejor del gótico europeo, no siempre se puede visitar, así que si os decidís a visitar este monasterio, espero que tangais suerte y el claustro esté abierto al público.

 

Si deshacéis camino y continais por la calle Vyšehradská, llegaréis a la Iglesia de San Juan Nepomuceno en la Roca. Es la iglesia barroca más pequeña de la Ciudad Nueva. Su aspecto exterior está bastante deteriorado y es una de las pocas iglesias de Praga que, con el tiempo, no han ido abriendo sus puertas para permitir la visita de los turistas (esto era habitual todavía en los primeros años 90, cuando no se sabía nunca si las iglesias iban a estar abiertas o cerradas). San Juan Nepomuceno en la Roca sólo abre los Domingos para la misa a las 8h, si las cosas no han cambiado. Fue construida por Kilian Ignaz Dientzenhofer. En su  interior, como curiosidad, decir que hay una réplica en madera de la estatua de San Juan Nepomuceno que Brokoff esculpió para el Puente de Carlos.

 

Iglesia de San Juan Nepomuceno en la Roca

Para regresar al centro, después de este largo itinerario por la Ciudad Nueva de Praga podéis:

regresar a pie, volviendo a la Plaza de Carlos y siguiendo  por los Muelles del Vltava hasta llegar al Puente de las Legiones y la Avenida Nacional.

– también a pie, regresando a la Plaza de Carlos, por la calle Vodičkova hasta la Plaza Wenceslao.

– en metro, desde la Plaza Carlos (estación Karlovo náměstí, línea B) hasta la estación de Můstek, en la Plaza Wenceslao o desde la Plaza I.P. Pavlova (estación I.P. Pavlova, línea C) hasta la estación de Muzeum, en la Plaza Wenceslao.

Si queréis hacer alguna consulta en relación con el contenido de la entrada, podéis dejat un comentario y os contestaré tan pronto como me sea posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Praga, itinerarios y recomendaciones (V): Malá Strana y la Colina de Petřin

Si tuviese que escoger un rincón de Praga donde perderme, éste sería, sin dudarlo ni un momento, el que forman la Plaza Maltesa y la Plaza del Gran Priorato, ya en la Isla de Kampa, en el distrito de la Malá Strana. Malá Strana, el Lado Pequeño, se extiende por una colina, entre el Castillo y el río Vltava, en el lado opuesto a la Ciudad Vieja. Tomó su nombre como contraposición a las “ciudades” del otro lado del río, más extensas y pobladas.

La Malá Strana representa la Praga renacentista y barroca por excelencia, con su trazado urbanístico y sus edificios prácticamente inalterados desde los siglos XVII y XVIII. Es la Praga de los jardines, donde descansar o sentarse a leer en primavera y en verano, de los patios interiores que guardan secretos y leyendas, de los palacetes de aire decadente, de las callejuelas escondidas. La Malá Strana invita a vagabundear sin rumbo y sin prisas.

La Malá Strana, a los pies del Castillo de Praga

La Malá Strana empezó a ser habitada hacia el siglo VIII, al establecerse en esa zona un mercado. En siglos posteriores, se establecieron en esa zona numerosos artesanos de origen germano, mientras que la población checa prefería vivir al otro lado del río. A finales del siglo XIII, el rey Otakar II concedió a esa comunidad el estatuto de “Ciudad”, con todos los privilegios y obligaciones que eso comportaba. La vida de la “Ciudad Pequeña” o del “Lado Pequeño” giraba en la Edad Media en torno a la actividad comercial del mercado que se situaba en la zona que hoy ocupa la Plaza de la Malá Strana (Malostranské náměstí). La Malá Strana estuvo rodeada por una fortifficación, conocida como la Muralla del Hambre, que el rey Carlos IV ordenó construir entre 1360 y 1362 y que hoy en día queda dentro del Parque de Petřin. El nombre de Muralla del Hambre se debe, dicen, a que el rey decidió su construcción para dar trabajo a sus súbditos más desfavorecidos en unos tiempos, la segunda mitad del siglo XIV, especialmente difíciles en toda Europa, a causa de las epidemias y las hambrunas.

Como sucedió en otras zonas de la ciudad de Praga, también la Malá Strana sufrió incendios devastadores a lo largo de su historia, dos de ellos la destruyeron completamente: la primera, durante las guerras husitas, en 1419, y la segunda en el gran incendio de Praga, en 1514. Por tanto, la Malá Strana que conocemos hoy es producto de la reconstrucción del siglo XVI y sus edificios son posteriores a ésta. Afortunadamente, la Segunda Guerra Mundial pasó por alto esta parte de la ciudad de Praga, de manera que caminar por sus calles, si logramos abstraernos de las riadas de turistas que la cruzan casi a todas horas, nos puede transportar a los siglos XVII y XVIII.

Callejuela de la Malá Strana

A partir del siglo XVII, la Malá Strana fue la zona escogida por la alta nobleza católica para construir sus palacios, cerca del Castillo, la sede del poder real. El mismo urbanismo de la Malá Strana es una metáfora de lealtad entre los nobles y el rey: el Castillo, elevado en la colina. Y derramándose a sus pies, los palacios de los nobles que le rinden pleitesía.

Vista de la Malá Strana

Cómo llegar a la Malá Strana

Podéis acceder a la Malá Strana a pie desde el Puente de Carlos. Entraréis entonces en la calle Mostecká, la calle del Puente. Justo al salir del Puente, a vuestra derecha, podéis contemplar la Casa de los Tres Avestruces, que actualmente es un hotel-restaurante de lujo.

Hotel restaurante Los Tres Avestruces, junto a la entrada a la Malá Strana desde el Puente de Carlos

Desde el Castillo, hay dos maneras de llegar a la Malá Strana: por las escalinatas (Zámecké Schody) y después cogiendo la callejuela que queda a la derecha, Zamecká.

Zámecké Schody

También se puede llegar a la Malá Strana bajando por la calle Nerudova.

Calle Nerudova bajando hacia la Plaza de la Malá Strana

En transporte público, en metro, línea A (verde) y bajando en Malostranská. O con los tranvías 12, 20 y 22.

Malá Strana. Parada de tranvía y metro

Psicodélico interior de la parada de metro Malostranská

Qué ver en la Malá Strana

Para hacer una visita más o menos completa de esta ciudad histórica praguense, os propongo una serie de lugares de visita casi casi obligada, con la certeza prácticamente absoluta que en un solo día es complicado llegar a todos ellos. Mi propuesta, por tanto, es la siguiente:

La calle Mostecká (Calle del Puente)

La calle Mostecká es muy animada, siempre llena de gente que va y viene en dirección a la Plaza de la Malá Strana o hacia el Puente de Carlos.

Calle Mostecká en dirección a la Plaza de la Malá Strana

Que el bullicio no os impida contemplar los edificios renacentistas y barrocos de esta calle.  Si avanzais en dirección a la Plaza de la Malá Strana, a vuestra derecha, se encuentra la Casa del águila negra, con unas preciosas estatuas y una reja de hierro forjado. También a la derecha encontraréis el Palacio Kaunic.

Palacio Kaunic

El Museo Franz Kafka

La primera calle a la derecha desde Mostecká es U lužichého semináře. Allí, desde 2005, se encuentra el Museo Franz Kafka, en donde el visitante puede conocer aspectos importantes de la vida de este escritor judío checo, su relación con Praga, su obra, etc.

En la plaza que hay enfrente del museo hay una escultura muy curiosa, obra de David Černý, el controvertido artista autor de los bebés que podemos contemplar junto al Museo de Kampa. La escultura en cuestión se instaló en 2004 y representa a dos figuras masculinas que están orinando dentro de una fuente que tiene la forma de la República Checa. La cosa no acaba aquí, porque los hombres “meones”, mueven las caderas y el pene mientras orinan y escriben frases de praguenses famosos en el agua. Pero aún hay más. Junto a la fuente hay un número de teléfono móvil. El paseante puede enviar un sms a ese número con un texto y las figuras escribirán ese texto que saldrá de su pene y se escribirá en el agua de la fuente.

 La Iglesia de Nuestra Señora de la Cadena

Siguiendo por la calle Mostecká, tomad la calle Lazeňská, que os queda a la izquierda. Encontraréis la Iglesia de Nuestra Señora de la Cadena, la más antigua de la Malá Strana, construida en el siglo XII.

Nuestra Señora de la Cadena

La Plaza del Gran Priorato y la Plaza Maltesa

Siguiendo por la calle Lazeňská llegaréis a la Plaza del Gran Priorato (Velkoprěvorské náměstí). Es una antigua plaza con muchos árboles, ideal para descansar o pasear tranquilamente. Rodeada normalmente por muchos turistas, pocos son los que llegan a adentrarse en este triángulo que forma esta plaza con la Plaza Maltesa. Así que, si estais de suerte, puede que paseando por esta zona de la Malá Strana os sea posible descansar un poco del “mundanal ruido”. En esta plaza se encuentra la antigua sede del Gran Priorato de los Caballeros de la Orden de Malta. El edificio que se puede contemplar actualmente, el qual ha sufrido las naturales transformaciones, es de principios del siglo XVIII. En el lado opuesto de la plaza se levanta el Palacio Buquoy, actual embajada de Francia.

Palacio Buquoy

Aquí se encuentra también el Muro de la Paz de John Lennon, que podréis haber contemplado si previamente ya conocéis la isla de Kampa.

Desde la Plaza del Gran Priorato se puede acceder a la Isla de Kampa, concretamente a la Plaza Na Kampé. Al lado de la Plaza del Gran Priorato está la rueda del Molino del Gran Priorato. Por un puentecillo que cruza el Čertovka se accede a Kampa.

Por encima de la Plaza del Gran Priorato  se encuentra la Plaza Maltesa, que debe su nombre porque en esta zona de la Malá Strana se estableció el Priorato de los Caballeros de la Orden de Malta. La plaza está rodeada de edificios barrocos, la mayoría del siglo XVII y XVIII. Estos palacetes eran las residencias de la nobleza católica. En esta plaza se encuentra la Embajada de Holanda. En su centro podréis contemplar un grupo escultórico que representa a San Juan Bautista, obra de Ferdinand Brokoff. Se construyó para conmemorar el final de la epidemia de peste de 1713.

Plaza Maltesa

San Juan Bautista, obra de Ferdinand Brokoff

 Desde el triángulo que forman la Plaza Maltesa y la Plaza del Gran Priorato se regresa a la calle Mostecká deshaciendo camino por Lazeňská.

La Plaza de la Malá Strana (Malostranské náměstí)

Esta plaza ha sido y es el centro de la Malá Strana. Fue fundada en 1227 y la mayoría de las casas que la rodean son, en origen, del periodo medieval, aunque todas se fueron reconstruyendo a lo largo del tiempo en estilo renacentista y barroco.  Estos antiguos palacios y casas particulares son, hoy en día, hoteles y restaurantes.

Plaza de la Malá Strana

La Plaza de la Malá Strana está dividida en dos partes, una más baja y otra más alta, ya que se adapta al desnivel del terreno, que empieza a elevarse en lo que es la colina del Castillo. La Iglesia de San Nicolás, la joya del barroco praguense, es el edificio que divide la plaza.

 

Iglesia de San Nicolás y Columna de la Santísima Trinidad

La Iglesia de San Nicolás de la Malá Strana

La Iglesia puede visitarse de 9h a 16h en temporada de invierno y de 9h a 17h en temporada de verano. El precio para adultos es de 70 coronas (2,70€) y de 35 coronas para jóvenes y estudiantes (1,35€). Los niños hasta 10 años no pagan. Subir al campanario, desde donde se pueden contemplar unas vistas realmente fantásticas de la Malá Strana, se paga aparte.

San Nicolás de la Malá Strana desde la calle Mostecká

Fue construida durante la primera mitad del siglo XVIII por Kristof Dientzenhofer y por su hijo Killian Ignaz Dientzenhofer. Padre e hijo formaban una familia de arquitectos muy famosos de los siglos XVII y XVIII. La iglesia fue finalizada por su yerno, Anselmo Lurago. En el interior de la iglesia destacan:

– la cúpula y las pinturas al fresco que la decoran. Esa cúpula, de más de 50 metros de altura, es el espacio interior más elevado de Praga.

– el fresco de la nave principal, obra de J. L. Kracker, representando a San Nicolás.

 – el púlpito barroco

– las estatuas de los Padres de la Iglesia que rodean la nave central, obra de F. Platzer

– el órgano, que llegó a tocar Wolfgang Amadeus Mozart

– el altar mayor

– las capillas laterales y las pinturas que las decoran, obra de Karel Škréta

Cúpula de la Iglesia de San Nicolás

Altar mayor de San Nicolás

Estatuas en San Nicolás

En la zona más elevada de la Plaza de la Malá Strana, delante de la fachada de la Iglesia, podemos contemplar la fachada neoclásica del Palacio Liechtenstein.También delante de la Iglesia de San Nicolás podemos contemplar la Columna de la Santísima Trinidad, también conocida como Columna de la Peste, que se construyó en 1713 para conmemorar el final de la devastadora epidemia de peste que asoló Europa durante los primeros años del siglo XVIII.

 

Palacio Liechtenstein

Columna de la Santísima Trinidad en la Plaza de la Malá Strana

Alrededores de la Iglesia de San Nicolás

Saliendo de la iglesia, a la izquierda, y girando por el antiguo colegio jesuita, otra vez a la izquierda, os encontraréis en la parte norta de la Plaza de la Malá Strana. Allí podréis contemplar edificios como el Palacio Smiřický, con una fachada en color crema y verde claro, o el Palacio Sternbeck , con una fachada en colores crema y ocre.

 

Palacio Smiřický

Palacio Sternberg

 Cuando estéis en medio de la Plaza, veréis que hay una calle que tiene una arcada. Es la calle Letenská. En la esquina con esta calle hay un edificio que se conoce con el nombre de Beseda, que fue el Ayuntamiento de la Malá Strana desde el siglo XV hasta finales del siglo XVIII y que ahora es un club musical.

Justo antes de entrar en la calle Letenská está la Iglesia de San Tomás. en la calle Josefská. Se puede visitar durante las horas de misa. Merece la pena visitar su claustro, es precioso.

Iglesia de Santo Tomás

Recordad que justo al lado de la Iglesia de Santo Tomás, en la calle está el restaurante U Schnellů, en la calle Tomásšká, uno de los mejores lugares para almorzar o cenar en la Malá Strana. Siguiendo la calle Letenská en dirección al Puente se encuentran el Palacio y los Jardines Wallenstein. Recordad que en la calle Letenská se encuentra el restaurante U svatého Tomaše, otra opción excelente para almorzar o cenar

El Palacio y los Jardines Wallenstein.

 Continuando por la calle Letenská, llegaréis al Palacio y a los Jardines Wallenstein (o Valdštenjnský). El Palacio no siempre está abierto al público, pero los Jardines se pueden visitar desde las 9h hasta las 19h.

Este edificio fue construido por Albrecht von Wallenstein en el siglo XVII. Era un militar muy importante y sus victorias contra los protestantes le concedieron un lugar destacado en la corte. Se hizo construir este palacio que está justo a los pies de la colina donde se levanta el Castillo de Praga, que era la residencia del emperador, para demostrar que después de éste, él era el personaje más importante del Reino de Bohemia. Pero llevó su ambición demasiado lejos y fue asesinado por el mismo emperador Fernando II.

Palacio y Jardines Wallenstein

Desde la calle Letenská se puede acceder a sus preciosos jardines, un lugar ideal para pasear o descansar. Estos fueron los primeros jardines palaciegos de Praga, diseñados entre 1624 y 1630, mientras se construía el Palacio. Están adornados con estatuas, réplicas de las que fueron saqueadas durante la guerra con los suecos, y una bonita fuente. En su centro hay un estanque, con una fuente de mármol. También es de visita obligada el pabellón que recibe el nombre de Sala Terrena, que es un amplio abierto hacia el jardín con tres arcadas y con pinturas al fresco. La Sala Terrena se utiliza para conciertos o representaciones teatrales. Otra construcción curiosa es la Casa de las estalagtitas, que recibe este nombre por la decoración de la fachada.

Palacio Wallenstein

Sala Terrena

El Parque Vojan

Saliendo de los Jardines Wallenstein, si no estais cansados de parques y jardines, podéis visitar el Parque Vojan, que está al otro lado de los Jardines Wallenstein, en la calle U lužického semináře.

Este parque es un tranquilo rinconcito escondido detrás de unos muros blancos. El Parque data del siglo XVII, cuando este espacio era el jardín del Convento de los Carmelitas Descalzos. Hoy en día forman parte del Ministerio de Hacienda. Se han conservado dos capillas que formaban parte del Convento, la de Elías y la de Santa Teresa. También podréis contemplar en un pequeño nicho una estatua de San Juan Nepomuceno, representado con un pie sobre un pez, haciendo referencia a su martirio, ya que fue lanzado al rio Vltava.

Son unos jardines mucho más austeros que los Wallenstein, ya que unos pertenecen a un Palacio y estos, a un antiguo Convento. Pero también constituyen uno de los lugares de la Malá Strana preferidos por los praguenses para descansar y relajarse. Desde el Parque Vojan se puede acceder también al Museo Franz Kafka, bajando por unas escaleritas.

Volviendo a la Plaza de la Malá Strana, podéis iniciar dos recorridos, ambos interesantes e imprescindibles. Mi propuesta es que, en primer lugar, se dé un paseo por la calle Nerudova, contemplando sus edificios y los emblemas centenarios de sus casas. Desde lo alto de la calle Nerudova, se puede descender por las hasta la Plaza de la Malá Strana para tomar la calle Karmelitzská.

La calle Nerudova

 

Calle Nerudova

Esta calle que sube desde la parte más alta de la Plaza de la Malá Strana hasta el Castillo debe su nombre actual (calle Neruda) al escritor checo de finales del siglo XIX Jan Neruda. Este escritor es autor de obras sobre la vida popular en Praga, como los Cuentos de la Malá Strana o Imágenes de la vieja Praga. Su apeliido inspiró al gran poeta chileno Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, que empezó usándolo como pseudónimo y después se convirtió legalmente en Pablo Neruda.

La Nerudova es una calle estrecha, aunque señorial, que constituia el último tramo del llamado Camino Real, el que recorrían los reyes de Bohemia el día de su coronación, desde la actual Plaza de la República hasta el Castillo.  Una de las curiosidades que muestra esta calle al visitante es que la mayoría de edificios todavía conserva sus emblemas (estos emblemas se utilizaron hasta el siglo XVIII en lugar de los números que identifican cada casa). Así, podréis observar los emblemas de la Casa del Águila roja (número 6), de la Casa de los Tres Violines (donde vivía una famosa familia que se dedicaba a la fabricación de estos instrumentos y que ocupa el actual número 12), de la Casa de la Herradura Dorada (actual número 43) o de la Casa del Cisne Blanco (número49). Justamente en la parte superior de la calle, cuando ya se llega a la última curva del camino hacia el Castillo, se encuentra la Casa de los dos Soles, donde en una placa conmemorativa se puede leer que ésta es precisamente la casa natal de Jan Neruda.

Casa de los dos soles

Emblema de la Casa de los Tres Violines

Casa del Cisne blanco

Cuando os encontréis precisamente a la altura de la Casa de los dos Soles mirad hacia atrás: la vista descendente de la calle Nerudova (si tenéis suerte y no hay demasiados coches aparcados) es muy bonita.

En la calle Nerudova podréis contemplar también magníficos palacios, como el Palacio Thun-Hohenstein (situado en el número 20 y que actualmente es la Embajada de Italia) o el Palacio Morzín (número 2, ocupado por la Embajada de Rumanía).

Palacio Thun-Hohenstein

Palacio Morzín

Recordad que las escalinatas de subida al Castillo discurren paralelas a la calle Nerudova y que son un lugar ideal para tomar fotos.

 Casi en la parte más alta de la calle, se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Kostel Panny Maire ustavičné pomoci u Kajetánů).

Para regresar a la Plaza de la Malá Strana tenéis dos opciones:

– simplemente deshacer el camino bajando por la calle Nerudova o por las escalinatas.

–  os situais más o menos frente a la Iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Veréis unas arcadas. Pasad por ellas y entraréis en un callejón serpenteante desde donde se divisan unas magníficas vistas de la Iglesia de San Nicolás. Continuad bajando hasta que salgais a la calle Tržiště, justo delante del Palacio Schönborn. Seguid bajando hasta que lleguéis a la calle Karmelitská.

Calle Karmelitská

Los Jardines Vrtba

Estos jardines son una impresionante muestra del Barroco en Praga. Estos jardines son el lugar preferido por muchos praguenses para pasear, para tomar fotos, para encontrarse con amigos… Incluso en ellos se celebran bodas. La UNESCO lo ha incluido en la lista de Patrimonios Culturales de la Humanidad. Su diseño se llevó a cabo en 1720 por parte de František Kaňka, responsable también del Klementinum. Los jardines están decorados con estatuas, obra de Matyáš Braun. La construcción llamada Sala Terrena está decorada con pinturas de Václav Reiner. Estos jardines crean un efecto visual muy bonito debido a unas terrazas que están conectadas entre si a través de escaleras que forman las formas curvas propias del Barroco. En la zona inferior hay una bella piscina con una estatua que representa a un ser marino mitológico. La fuente está entre la Sala Terrena y un aviario.

Jardines Vrtba

La Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria y del Niño Jesús de Praga.

Siguiendo la calle Karmelitská se llega a esta iglesia barroca, la más antigua de Praga de este estilo arquitectónico. Es, además, una de las más visitadas, y ya que se expone la imagen del famoso Niño Jesús de Praga. Hasta el siglo XVI fue una capilla protestante, pero a principios del siglo XVII, durante las guerras de religión, con la victoria católica, se convirtió en un templo de esta religión, que era la del poder real.

Nuestra Señora de la Victoria

La imagen del Niño Jesús llegó a Praga como regalo de boda de la noble española Isabel Manrique de Lara y Mendoza para su hija, casada con un noble checo. De generación en generación pasó a Polyxena de Lobkowicz, quien la donó a la orden carmelita en 1628.  Durante las sucesivas guerras entre católicos y protestantes, la iglesia y el convento carmelita cayeron en el abandono. Dice la leyenda que un sacerdote católico llegó al lugar y oyó una voz infantil: parece que era la del Niño Jesús, pidiendo al sacerdote que lo restaurara y que, a cambio, traería la paz. Así lo hizo el buen hombre y el milagro se produjo. Llegó la paz, por supuesto, a favor de los católicos, ya que el Niño Jesús protegió la ciudad de la invasión sueca.

Imagen del Niño Jesús de Praga

Existe la tradición de vestir al Niño Jesús con una multitud de trajes, 85 en total, algunos de ellos muy elaborados. Una parte de ellos se expone en un pequeño museo dentro de la iglesia.

Son muchos los católicos que acuden a esta iglesia para venerar la famosa imagen, y en concreto, muchos españoles, ya que está relacionada con España, de donde partió hacia Praga. Sólo he estado una vez en el interior del templo, pero recuerdo que delante del altar, había copias de una oración especial al Niño Jesús, pulcramente plastificadas y ordenadas por idiomas. Pero no había copias escritas en español. Todavía me parece ver a un grupo de indignadas señoras de mediana edad, españolas, quejándose porque, “siendo español este Niño Jesús, no le podemos rezar en su lengua“.

 Llegados a esta parte del itinerario, tenéis de nuevo dos opciones:

1. Visitar el Parque de Petřin

La visita a Petřin se puede hacer en el mismo día, teniendo en cuenta que nos va a llevar unas dos horas como mínimo. Lo ideal sería que la visita se iniciara a las 4 de la tarde, más o menos, para poder disfrutar de la mejor luz para contemplar las vistas panorámicas de Praga realmente impresionantes que ofrece Petřin. Esta visita es, en mi opinión, imprescindible si se visita Praga, y no hay que descartarla a no ser que la estancia en la ciudad sea muy breve.

2. No subir a Petřin y dejar la visita, si es posible, para una mañana o tarde. Podéis volver a la zona baja de la Malá Strana continuando por Karmelitská, tomando la calle Harantová y después, la primera calle a la izquierda os llevará a la Plaza Maltesa. Desde allí es fácil volver a la calle Mostecká o al Puente de Carlos.

También podéis tomar los tranvías 17, 18 o 22 que cruzan el río por el Puente de las Legiones (Most Legii) y os dejarán delante del Teatro Nacional (Narodní divadlo) a dos pasos de la Plaza Wenceslao.

El Parque de Petřin

 Muy cerca del funicular que sube al parque, podréis ver el Monumento a las Víctimas del Comunismo. Este conjunto escultórico se diseñó en 2002 y consta de 7 figuras humanas que descienden por unas escaleras. Cada figura representa las diferentes fases por las que pasa una persona que es perseguida en un regimen totalitario, en este caso, el comunista, que gobernó en el país de 1948 a 1989. A medida que las figuras están más alejadas, les van faltando pedazos, lo que significa las pérdidas tanto psíquicas como físicas a las que someten los totalitarismos al hombre. Al final, desaparecen, es decir, mueren. Por supuesto, es un monumento muy controvertido y en 2003 sufrió un ataque con bomba, aunque ningún grupo político o terrorista se adjudicó la autoría. Entre las figuras hay una especie de banda en donde está inscrito el número de personas muertas, encarceladas, represaliadas y perseguidas durante el comunismo en la entonces Checoslovaquia.

Monumento a las víctimas del comunismo

Si decidís visitar Petřin, lo más recomendable es tomar el funicular. En cambio, sí que recomiendo bajar a pie (en verano) porque es mucho más fácil, por supuesto, y porque el paseo es realmente agradable. Desde Petřin podréis admirar LAS MEJORES VISTAS PANORÁMICAS del Castillo, la Malá Strana, la Ciudad Vieja y el río. Hay quien concede este privilegio a la colina del Castillo o al Parque Letná, pero yo me sigo quedando con Petřin.

Vista panorámica de Praga

La manera más sencilla de subir a la colina de Petřin es tomando el funicular que sale desde el pasaje U Lanové Dráhy, al que se llega desde la calle Újezd (no tiene pérdida, sólo hay que seguir por la calle Karmelitská). El precio del funicular es de 20 coronas. El funicular tiene una parada a la mitad del ascenso, Nebozízek, pero yo os recomiendo que subais hasta la cima en el funicular.

De todas maneras, si decidís bajaros, estaréis cerca de la zona llamada La Rosaleda (Ružový sad). Ésta es una de las zonas más bonitas del parque. En esta zona hay también un restaurante.

La Rosaleda

Para disfrutar de la mejor panorámica de la ciudad, podéis subir al Mirador, una Torre Eiffel en miniatura. Tiene 63 metros de altura y se construyó en 1891, con motivo de la Exposición de ese mismo año. Sin embargo, no fue ubicada en el parque hasta 1932. Se accede a la parte más alta a través de una escalera de algo menos de 300 escalones. El precio es de  50 coronas, unos 2€, pero os garantizo que el esfuerzo y el dinero merecen la pena. Es duro subirlos, sobre todo cuando se lleva todo el día callejeando por la Malá Strana, pero al final casi resulta divertido ir subiendo en compañía de otros visitantes esforzados, que se quejan y resoplan en diferentes idiomas. Y la verdad es que cuando se llega a lo más alto y se contemplan las vistas, todos los soplidos y las quejas se transforman en exclamaciones de admiración.

Torre Eiffel en Petřin

En el Parque encontraréis también:

  • El Laberinto de los Espejos: lo reconoceréis porque su entrada se parece a la puerta de un castillo. Se construyó con motivo de la exposición de 1891. En la entrada hay un diorama (sí, eso a lo que son tan aficionados en los países del Este) sobre la Guerra de los Treinta Años, es decir, el periodo de las guerras de religión. La entrada vale 75 coronas y, la verdad, es totalmente prescindible, a no ser que se vaya con niños, a los que siempre les gustan estas cosas.

Laberinto de los Espejos

  • Iglesia de San Lorenzo, con su fachada con esgrafiados. Se encuentra delante del Laberinto, pegada al llamado Muro o Muralla del Hambre. Se dice que aquí, hasta el siglo X, se realizaban rituales paganos y que es un lugar con cierta actividad paranormal…

 

Iglesia de San Lorenzo desde la Torre

En todo el parque hay bancos para sentarse y descansar, a la vez que se contemplan las vistas. Se puede tomar un tentempie en uno de los numerosos chiringuitos de salchichas típicas, tumbarse con toda tranquilidad a respirar el aire más puro de la ciudad y, finalmente, emprender el descenso sin prisas y sin perderse esa panorámica que seguro que os quedará fijada en la retina para siempre.

El Castillo y la catedral desde el Parque

Para bajar, podéis ir siguiendo el Muro del Hambre, la construcción que el famoso emperador Carlos IV hizo construir en el siglo XIV dicen que para dar trabajo a los pobres en una época de penuria económica general.

A medida que se baja, hay que dejar el Muro a la izquierda y pasaréis por una puerta neogótica que permite atravesar las antiguas fortificaciones barrocas de la ciudad. Al fnal, hay un estanque.

Se continúa bajando y a la izquierda se ve la Iglesia de San Miguel, un templo tradicional del siglo XVIII, construido en madera, que se trasladó desde Ucrania.

Iglesia de San Miguel

Si se sigue bajando, se llega a otro estanque con una estatua de Hércules.

Al final del recorrido podréis contemplar el Palacio de Verano de la familia Kinský.

Palacio de Verano de la familia Kinský

En Petřin hay también el Observatorio de Praga, en el que se realizan diferentes actividades. Yo no he estado nunca en él, pero parece interesante, sobre todo si se viaja con niños.

Si habéis bajado andando, os encontraréis en la Plaza Kinský. Allí podréis tomar cualquier tranvía que os lleve al otro lado el río. El 22 os lleva seguro y si no, cualquiera que os deje en Narodní třida o en Narodní divadlo.

 Si habéis bajado en funicular, estaréis en la calle Úzjed. También allí podréis tomar los tranvías que cruzan el río por el Puente de las Legiones (Most Legii) y que os dejan al lado del Teatro Nacional.

 Si queréis hacer alguna consulta acerca del contenido de este post, dejad un comentario y os contestaré tan pronto como me sea posible.

Praga, itinerarios y recomendaciones (IV): el distrito del Castillo y la Iglesia de Loreto

Para organizar esta visita hay que tener en cuenta que el recinto del Castillo (excepto la Catedral), así como el Loreto están cerrados los Lunes.

Mi propuesta es que durante la mañana se recorra el recinto del Castillo, con la visita completa. Después de almorzar, lo mejor es hacer una visita a la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto y después, bajar por la calle Nerudova hasta la Plaza de la Malá Strana.

Éste sería un día largo y apretado, por lo que para aprovechar bien la jornada, teniendo en cuenta además que las aglomeraciones son habituales en los puntos turísticos en Praga, lo mejor es llegar temprano al Castillo, no más tarde de las 10h.

Para subir al Castillo, podéis hacerlo a pie, desde la Plaza de la Malá Strana (Malostranské náměstí) por la calle Nerudova o por las empinadas escaleras que suben al Castillo, planteándolo como un paseo largo. Como experiencia personal os puedo decir que yo he subido andando al Castillo, desde la Plaza de la República, siguiendo el itinerario del antiguo Camino Real: Plaza de la República – Calle Celetná – Plaza de la Ciudad Vieja – Calle Karlova – Puente de Carlos – Calle Mostecká – Plaza de la Malá Strana – Calle Nerudova – Recinto del Castillo. Y no soy aficionada al senderismo ni practico trekking ni nada por el estilo. Con esto os quiero decir que es un trayecto que se puede hacer perfectamente a pie desde cualquier punto de la Ciudad Vieja o, desde luego, de la Malá Strana.

Calle Nerudova

Pero es cierto que una jornada en el Castillo es dura y pone a prueba nuestra resistencia física. Así que aquellos a los que no les guste demasiado andar, pueden  “valorar”otras opciones.

Tomar la línea A del metro hasta Hradčanská.

Tomar el tranvía 22 (la mejor opción) hasta las paradas Pražký Hrad o Pohořelec. Es un recorrido muy agradable por el paisaje que podréis ir viendo a medida que el tranvía sube al Castillo. Además, os deja mucho más cerca de vuestro destino que la parada del metro. Otras paradas del tranvía 22 que os dejan cerca del Castillo son Královský y Letohrádek.

Tenéis unas opciónes mixtas: tomar el tranvía hasta la Plaza de la Malá Strana y desde allí, subir por la calle Nerudova. O tomar el metro, bajar en Hradčanská y subir la Antigua escalinata del Castillo (Staré Zámecké Schody). O subir andando por Nerudova y después acceder al Castillo por las Escaleras Nuevas. Si subís por la calle Nerudova llegaréis a la misma entrada del Castillo (aunque la última curva antes de llegar es realmente “heavy”), pero desde allí disfrutaréis de unas vistas de la Malá Strana espectaculares.

Subida al Castillo desde Nerudova por las Escaleras Nuevas

la Malá Strana desde el Castillo

En cambio, si subís por la escalinata, llegaréis al lado opuesto a la entrada principal. Yo os recomendaría que estas opciones “mixtas” las uséis para bajar, que siempre es más fácil.

Si se sube en el tranvía 22, lo mejor es bajar en la parada Pohořelec. Ésta es una de las zonas del distrito del Castillo que se poblaron en época más temprana (hacia finales del siglo XIV). Su nombre significa Escenario del fuego, ya que esta zona ha sufrido incendios diversas veces, la última en 1741. Hoy en día es una gran plaza abierta desde donde se domina la ciudad y forma parte del camino principal que lleva al Castillo. En el centro se puede contemplar un gran monumento dedicado a San Juan Nepomuceno, de 1572. La plaza está rodeada de casas de estilo barroco.

Pohorelec

Al otro lado de la calle Keplerova se pueden ver dos monumentos dedicados a los famosos astrónomos del siglo XVI, Tycho Brahe y Johannes Kepler, relacionados con Praga.  De camino al Castillo, bajaréis por la calle Loretenská, donde está la famosísima Iglesia de Nuestra Señora de Loreto.

El Palacio Černín

Si se continúa bajando por la calle Loretenská, a la izquierda, delante de la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto o de la Natividad (Kostel Narozeni pané), se encuentra el Palacio Černín. Se construyó en el año 1668 por el conde Černín. Destaca por la hilera de 30 columnas corintias. Delante hay una plazoleta que lo depara de la iglesia del Loreto. Hoy en día está ocupado por el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Palacio Černín

Plaza del Hradčany (Hradčanské náměsti)

A esta plaza se abre la entrada principal del Castillo. Aquí se encuentran los siguientes edificios:

Palacio Toscano: se construyó a finales del siglo XVII y debe su nombre a la Gran Duquesa de Toscana, que lo compró en 1718. La familia imperial, los Habsburgo, compraron el Palacio en 1847, y fue de su propiedad hasta 1918, cuando después de la Primera Guerra Mundial desaparece el Imperio Austrohúngaro. Desde esta fecha fue la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores, pero después este ministerio pasó al Palacio Černin. Fue restaurado entre 1994 y 1998.

Palacio Toscano

El Palacio Martinic: destaca por su fachada decorada con esgrafiados del siglo XVI, que representan escenas del Antiguo Testamento. Hay una antigua leyenda que dice que cada noche, entre las once y las doce de la noche, aparece un feroz perro negro, que acompaña a los visitantes hasta el Loreto. Actualmente, este palacio alberga el Departamento de Arquitectura de Praga.

Palacio Martinic

El Palacio Sternberg:  que se comunica con el Palacio Martinic por un pasadizo. Es un antiguo palacio del siglo XVIII y aloja una colección muy importante de pintura (El Greco, Picasso, Brueghel…) Si os interesa entrar, consultad los horarios en el mismo palacio. Este palacio no tiene una fachada que da a la plaza, por lo cual, a veces pasa desapercibido a los turistas.

Palacio Schwarzenberg: destaca su fachada que de lejos parece hecha de piedra de cantera con relieves piramidales. Pero cuando nos acercamos, se ve que son esgrafiados. Fue construido entre 1545 y 1576 por la familia Lobkowicz. A principios del XVII lo compraron los Schwarzenberg, una de las familias más aristocráticas de su época. Hoy en día  es el Museo de Historia Militar.

Palacio Schwarzenberg

Palacio del Arzobispo: fue la residencia del primer arzobispo católico después de las guerras husitas (1525), entre los protestantes nacionalistas checos, los llamados husitas, seguidores de las ideas de Jan Hus, y los católicos austroalemanes, los Habsburgos. Evidentemente, ha pasado por numerosas remodelaciones. Hoy en día podemos contemplar una fachada espectacular en estilo rococó en color crema, diseñada en la década en 1760. Como curiosidad, decir que el director de cine Miloš Forman utilizó los interiores de este palacio para algunas de las escenas de su película Amadeus, que fue rodada en su mayor parte en Praga.

Palacio Arzobispal

El Castillo de Praga

 

La colina del Castillo

 La fortaleza original que dio lugar al Castillo de Praga data del siglo IX. Tenía una función básicamente defensiva, pero con el paso de los siglos se convirtió en la residencia de los reyes de Bohemia, es decir, en la sede del poder real  y se le fueron añadiendo edificios, como la catedral, símbolo del poder religioso, hasta convertirse en el amplio recinto que podemos contemplar en la actualidad. Desde la colina del Castillo pueden contemplarse espectaculares vistas del barrio de la Malá Strana, que está a sus pies, así como del Puente de Carlos y, a lo lejos, de la Ciudad Vieja. Hoy en día es la sede del presidente de la República Checa.

Una visita al recinto del Castillo ocupa de cuatro a cinco horas si se visitan todos los edificios. Sumadle las más que probables colas de turistas que se forman en verano o en fechas señaladas (Navidad o vacaciones de Semana Santa). Así que hay que contar con tiempo y con buenas dosis de paciencia. Pero os aseguro que no quedaréis defraudados.

Hace algún tiempo que el Castillo cuenta con servicio de audioguía, aunque al menos para la visita al Palacio Real, es muchísimo mejor una visita guiada. Hay edificios del recinto del Castillo en los cuales hay que pagar para visitarlos.

  • Palacio Real (imprescindible)
  • Galería de Pintura del Castillo
  • Torre de la Pólvora o Mihulha
  • Basílica y Convento de San Jorge
  • Torre Dalibor
  • *Callejón dorado

*Parece que el Callejón Dorado está cerrado por reformas, y que éstas van a durar hasta Mayo de 2011. Tiene que reformarse el sistema de desagüe que data del siglo XVI. La entrada completa ofrece, en su lugar, una visita al Palacio Rosenberg. Realmente, es una pena que los visitantes del Castillo se pierdan esta visita.

En el Palacio Real se puede comprar tres tipos de entradas:

  • entrada A: precio 300 coronas checas. Da derecho a visitar el Palacio Real, la Catedral de San Vito, la Basílica de San Jorge, la Torre de Pólvora, el Palacio Rosenberg (en lugar del Callejón de Oro ) y la Torre Dalibor.
  • entrada B: precio 250 coronas checas. Da derecho a visitar el Palacio Real, la Catedral de San Vito, el Palacio Rosenberg  y la Torre Dalibor.
  • entrada C: precio 60 coronas checas. Daba derecho a visitar únicamente el Callejón de Oro. ignoro si esta entrada se ha mantenido para visitar alguna zona concreta del Castillo.

La Catedral de San Vito es de entrada libre, aunque si no ha cambiado, se tenía que pagar para entrar en la Capilla de San Wenceslao y subir a una de las torres.

UNA ADVERTENCIA SOBRE LAS ENTRADAS: Nunca he entendido por qué, en esta ciudad, siempre hay más de un punto en donde se venden las entradas para un mismo monumento o edificio. Esto pasaba (no sé si actualmente todavía es así) en el Castillo de Praga. Por ejemplo, en la catedral. Siempre hay una cola larguísima de visitantes para comprar la entrada en el punto de venta “oficial”, pero en un pequeño edificio anexo al templo, se vendían también entradas y pocas personas parecían  saberlo, de manera que quien se percataba de ello, podía entrar saltándose la larguísima cola. Sucede lo mismo en el Barrio Judío, poca gente sabe que en las sinagogas también venden la entrada combinada y se puede ahorrar la espera para comprarla al lado del Cementerio Judío). Son cosas praguenses, así que estad atentos a esto, os podéis ahorrar tiempo y paciencia.

Antes de entrar en el Castillo, lo más recomedable sería dar un paseo por los Jardines, que sólo están abiertos en la temporada de verano (Marzo-Octubre). Esto, claro está, si no contamos con que en verano, las colas que se forman para entrar en la catedral o en el Palacio son larguísimas. Así que otra opción es visitarlos a la salida y aprovechar las primeras horas de la mañana con menos afluencia de turistas para entrar en los recintos más visitados.

1. Puerta de Matias: entrada principal al Castillo. 2. Jardín del Bastión. 3. Salón español. 4. Capilla de la Santa Cruz. 5. Jardines Reales. 6. Torre Mihulka o de la Pólvora. 7. Catedral de San Vito. 8. Oficina de información. 9. Sala Vladislav del Castillo Real. 10. Capilla de Todos los Santos. 11. Basílica de San Jorge. 12. Palacio Lobkowitz. 13. Torre Blanca. 14. Callejón dorado o de los Alquimistas. 15. Torre Dalibor. 16. Belvedere o Palacio de Verano. 17. Fuente de Kohl. 18. Galería de Rodolfo II. 19. Galería de pinturas. 20. Estatua de San Jorge. 21.  Prepositura Vieja. 22. Torre Negra

Los Jardines Reales

El Castillo está rodeado de preciosos jardines, de los cuales destacan los Jardines Reales y los Jardines del Sur o del Paraíso .Mientras el Castillo de Praga tuvo una función eminentemente defensiva, sus inmediaciones estaban llenas de fortificaciones detrás de las murallas. A principios del siglo XVI, el Castillo se convirtió eminentemente en residencia de la familia real y esos terrenos perdieron su función defensiva. En esos años, los terrenos fueron comprados por el emperador Fernando I y allí se plantaron viñedos y se diseñaron jardines al estilo italiano para disfrute de los habitantes del Castillo. El más importante es el Jardín Real. Como he dicho antes, los jardines del Castillo de Praga son de estilo renacentista italiano, es decir, nada que ver con los que podemos contemplar en Versalles o en La Granja, de estilo francés. Pero puedo aseguraros que no tienen nada que envidiarles. El Jardín Real es, dentro de su sencillez, un lugar cuidado, donde se puede hacer un alto mientras se recorre el recinto del Castillo, a la sombra de sus árboles centenarios y disfrutar de unos momentos agradables mientras contemplamos las agujas de la Catedral de San Vito.

Jardín Real del Castillo de Praga

Los turistas ruidosos parece que se contagian de la paz que irradia este lugar y de repente pasean tranquilamente entre sus setos y sus conjuntos florales.

Jardines Reales del Castillo de Praga

A los Jardines Reales se accede por la entrada que deja a la  izquierda el Jardín del Bastión. Junto a los Jardines Reales se encuentra el edificio barroco de la Escuela de Equitación, que se ha convertido en una sala de exposiciones.  En su techo hay un jardín que se diseñó en la década de los 50 del siglo pasado.

Jardín del Bastión

Desde el segundo patio también se puede acceder a ellos  cruzando el foso de los Ciervos a través de un puentecillo.

Entrada al Jardín Real

En el Jardín Real podemos admirar dos construcciones renacentistas: el Palacio de Verano o Belvedere, que Fernando I hizo construir para su esposa Anna Jagellón y el Pabellón del Juego de Pelota, que es la construcción deportiva más antigua de Europa central, donde parece que se jugaba a un deporte parecido al tenis y también sirvió como escuela de equitación e incluso como establo.

Belvedere

Pabellón del Juego de Pelota

Delante del Belvedere se encuentra la Fuente cantante, que recibe este nombre porque desde dentro del edificio se oye el sonido cristalino del agua.

La Fuente delante del Belvedere

Los Jardines del Sur

Estos jardines se fueron creando poco a poco en las laderas debajo del Castillo. Paseando por los Jardines del Sur es recorrer la extensión total del sur del Castillo, desde la entrada principal hasta el extremo opuesto, que conecta con las antiguas escalinatas de subida al castillo. Los Jardines del Sur son, en realidad, tres jardines: el Jardín del Paraíso, el Jardín de las Murallas y el Jardín de Hartig.

Jardines del Sur

La entrada al Castillo. Patios primero y segundo

La entrada principal al recinto del Castillo está constituido por el Primer Patio o Patio Ceremonial. Se entra por una gran reja de hierro forjado flanqueada por dos estatuas que forman La Batalla de titanes (son copias de las que realizó el año 1770 el famoso escultor Ignaz Platzer). A cada lado hay los guardias de honor. Hay que  hacerse la foto de rigor con los guardias, que soportan imperturbables a los turistas que se fotografían junto a ellos. Si queréis ver el cambio de guardia, lo hacen cada hora en punto, aunque el cambio con música es a las 12h. De todas maneras, no esperéis nada espectacular, al estilo Buckingham Palace.

Entrada al Castillo

Cambio de Guardia

El primer patio es el espacio al cual se accede justo después de cruzar la imponente verja de entrada. Del primer patio al segundo se pasa a través de la Puerta Matías.

Puerta Matías

En el segundo patio destaca, en el centro, la Fuente de Kohl (1686) y la Capilla de la Santa Cruz, donde durante siglos se guardaban las joyas del tesoro y ahora es un punto de información.  En este mismo patio encontramos las antiguas Caballerizas Imperiales, que son una sala de exposiciones desde 1993, y la Galería de pinturas del Castillo.

Segundo patio

Muchas de las obras que se exponen allí provienen de las colecciones de Rodolfo II cuando este rey, apasionado por el arte (y también por la alquimia, la magia y las colecciones de objetos insólitos) instaló su corte en el Castillo de Praga y ejerció de mecenas de numerosos artistas, como su pintor personal, Arcimboldo. La colección incluye cuadros de Tiziano, Tintoretto y Rubens, Hans von Aachen y Bartolomé Spranger, y de los pintores barrocos checos Jan Kupecký y Petr Brandl, entre otros. Desde este patio se puede acceder también a los Jardines Reales.

Rodolfo II, por Arcimboldo

Para acceder al tercer patio hay que pasar por debajo de las dependencias del presidente de la República, que obviamente no están abiertas al público.

Tercer Patio

El antiguo Palacio Real

En este patio encontramos el acceso al antiguo Palacio Real y la catedral de San Vito, ambos edificios conectados por un pasaje cubierto. También podemos contemplar un monumento conmemorativo a los soldados caídos en la Primera Guerra Mundial y una pequeña estatua ecuestre de San Jorge.

Sala Vladislav

En el tercer patio encontramos el acceso al antiguo Palacio Real y, enfrente, la Catedral de San Vito. Ambos edificios están conectados por un pasaje cubierto. El antiguo Palacio Real en principio fue un sencillo castillo de madera que se construyó en el siglo IX. En el siglo XII ya se construyó el Palacio como residencia de los reyes de Bohemia. También ha sido sede de la Dieta o Parlamento. En el nivel inferior de construcción hay restos románicos. De hecho, los visitantes, lo primero que ven al entrar al Castillo es la llamada Habitación verde, que es de estilo románico, que fue una sala donde se reunían los tribunales y ahora alberga una biblioteca. Seguidamente llegaréis a la magnífica Sala Vladislav, que fue construida durante el reinado del rey Vladislav (Ladislao) II Jagellón y es obra del arquitecto Benedikt Ried, que la diseñó en estilo gótico tardío. Su techo de nervaduras es realmente impresionante. Este salón se utilizó para fiestas, bailes, incluso torneos. Los caballeros accedían a este salón a través de la llamada Escalera de los Caballeros.

Detalle de la bóveda de nervadura del Salón Vladislav

Entrando en la Sala Vladislav, a la derecha, podréis salir a un balcón desde donde contemplar (y fotografiar) unas vistas magníficas de la Malá Strana.

Balcón en el Salón Vladislav

Desde una esquina del Salón Vladislav se abre un ala, perpendicular a éste, que lleva el nombre de Ala Ludwig, en honor al hijo del rey Vladislav. Esta zona del Palacio tiene básicamente una importancia histórica, ya que allí se produjo la segunda de las famosas Defenestraciones de Praga, en 1618, cuando dos gobernadores católicos fueron arrojados por una de las ventanas. Al parecer, los dos nobles se salvaron porque justo debajo de esa ventana había un estercolero, pero los católicos quisieron darle una explicación “divina” al hecho, y afirmaron que fue la Virgen quien salvó a los dos defenestrados. En este ala se encontraban también las dependencias de la Cancilleria.

Ventana de la defenestración

Interior de la Sala de la defenestración

Desde el Salón Vladislav, a la izquierda, también podréis visitar la Sala de la Dieta (que era como se llamaba el Parlamento), decorada con cuadros de los antiguos reyes de Bohemia. Ah, y con una magnífica estufa de porcelana de color verde, preciosa. Estas estufas son típicas en los castillos y palacios de Bohemia y siempre me han llamado muchísimo la atención.

Al fondo del Salón Vladislav se abre la Capilla de Todos los Santos. Esta capilla fue construida en el siglo XIV por el famoso Carlos IV, pero la que podemos visitar en la actualidad es de estilo barroco, producto de la reconstrucción que se llevó a cabo a raíz de un incendio. Esta capilla sólo es accesible al público en los horarios de misas, los visitantes del Castillo sólo pueden contemplarla desde un mirador.

Capilla de Todos los Santos

Se puede continuar la visita al Palacio por la Sala de los Escudos de armas.

Y por último, el recorrido por el Palacio Real lleva hasta la zona llamada Ala Teresiana, que hoy en día es también una sala de exposición de arte.

Ala Teresiana vista desde el exterior del Palacio Real

La catedral de San Vito

 

Catedral de San Vito, fachada principal

La entrada a la catedral hasta ahora era gratuita. Os enlazo una noticia leída en la web de Radio Praga, que indica que van a cambiar las cosas en este sentido. Leed hasta el final, porque parece que dan la clave para seguir entrando sin pagar… Pero, por lo visto, el poder “temporal” le ha echado una mano al poder “divino” para que obtenga también una sustanciosa tajada de los miles de visitantes diarios que tiene la catedral.

El horario de visita es de 9 a 17 horas (los domingos, a partir de las 12 horas) de marzo a octubre, y de 9 a 16 horas durante el resto del año. También es posible subir a una de las torres, de 12 a 16,15 horas, para lo cual hay que pagar entrada.

Una visita a la Catedral de San Vito merece al menos una hora de tranquilidad y detenimiento. Desgraciadamente, esto es imposible en plena temporada turística. Suele haber cola para entrar en el edificio y dentro, una muchedumbre camina arriba y abajo tomando fotos. Si contáis con tiempo de estancia en Praga (una semana, por ejemplo), merece la pena subir una mañana bien temprano al Castillo y dedicar una hora a recorrer la catedral con una buena guía en la mano para no perderse ningún detalle, tanto de la construcción como de la decoración interior. Pero sé que este consejo es difícil de seguir.

La Catedral de San Vito, como la mayoría de estos edificios, se ha ido construyendo a lo largo de los siglos. La construcción primitiva parece que data del siglo IX (una pequeña rotonda que hizo construir el príncipe Wenceslao más o menos en el lugar en donde hoy se encuentra la Capilla de San Wenceslao). Hacia el año 1085 ya existía allí una pequeña basílica. Pero la construcción de la catedral propiamente dicha se inició hacia 1344, cuando el futuro Carlos IV era todavía el heredero del trono. La construcción la inició el arquitecto francés Matías de Arrás. Pero murió 8 años después i fue sustituido por el alemán Petr Parléř, quien trabajó en ella hasta 1399.  Las obras quedaron inacabadas y no se reanudó la construcción hasta 1871, cinco siglos después.  La catedral se dio por terminada en el año 1929La fachada que se contempla al entrar en el Tercer Patio es neogótica, de la última época de construcción. No os perdáis el rosetón, de más de 10 metros de diámetro, en el cual se representa la Creación del mundo. A ambos lados del rosetón hay los retratos de los constructores de la catedral. Las torres están decoradas con las estatuas de 14 santos. En el centro de la puerta de bronce se ha representado la historia del edificio.

Vista exterior del rosetón

Vista del rosetón desde el interior

En el interior destacan los vitrales, obras de artistas checos de finales del siglo XIX y principios del XX. Son especialmente interesantes los de la primera capilla a la derecha, obra de Max Swabinsky, y los de la tercera capilla a la izquierda, obra de Alfons Mucha, que posiblemente es el artista checo más conocido fuera de su país gracias a sus carteles art nouveau. La catedral tiene 21 capillas, todas especialmente bonitas.

Vitral obra de Alfons Mucha

Antes de iniciar la visita, deteneos y dad una mirada general. Os quedaréis admirados por la magnífica bóveda de crucería gótica, de una altura notable.

Nave principal de la Catedral de San Vito

A la derecha de encuentra la Capilla de San Wenceslao, que es la verdadera joya de la Catedral. Fue construida en el s glo XIV por orden del emperador Carlos IV para alojar el cuerpo del príncipe y santo Wenceslao, que vivió en el siglo X. Pero el hermano de Wenceslao, Boleslav, envidiaba su poder y lo asesinó cerca de una iglesia al norte de Praga. Pero la leyenda dice que Wenceslao pudo llegar moribundo a la iglesia y asió el picador de bronce que ahora se encuentra en la Capilla. Pronto el pueblo empezó a atribuir milagros al príncipe asesinado y finalmente, el hermano asesino se arrepintió de su crimen e hizo trasladar los restos de Wenceslao a la primitiva iglesia que se levantaba donde hoy está la catedral. Cuatro siglos más tarde, el emperador Carlos IV encargó a Petr Parléř la construcción de la Capilla. La puerta (dicen que cerrada bajo siete llaves) que hay al fondo alberga la Cámara de la Corona , donde se encuentran las joyas de la corona, que no se exponen al público.

Capilla de San Wenceslao

Dejando un poco atrás la Capilla, se llega a la Cripta. Se tiene que pagar para verla, pero el precio ¡era! casi simbólico. Hay que bajar por unas escaleras y se llega a una sala donde se da información sobre la historia de la catedral. A medida que se va bajando, se ven restos de la antigua basílica románcia. En la segunda sala hay los mausoleos reales: en el centro se encuentra el de Carlos IV, muerto en 1378. A su izquierda, la tumba de Jorge de Poděbrady, el único rey husita, que murió en 1471. El famoso y excéntrico Rodolfo II está enterrado en la parte de atrás, en su féretro original de 1612. A la derecha de la tumba de Rodolfo II está el mausoleo de la archiduquesa María Amalia, hermana de la reina de Francia María Antonieta e hija de la emperatriz María Teresa de Habsburgo.

Tumba de Jorge de Poděbrady en la Cripta de San Vito

Tumba del emperador Carlos IV en la Cripta de San Vito

Cuando se suben las escaleras de madera que retornan a la catedral, se llega al Mausoleo Real, de mármol blanco, donde están enterrados los primeros reyes de la dinastía Habsburgo que gobernaron en Bohemia: Fernando I (hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso y, por tanto, hermano del emperador Carlos V y nieto de los Reyes Católicos) y su esposa Anna Jagellón, así como Maximiliano II, su hijo, padre a su vez de Rodolfo II.

Mausoleo Real

Siguiendo por la derecha, se llega al Oratorio Real, que era donde los reyes y sus hijos oían misa. Es de estilo gótico tardío. Está conectado con el Palacio Real por un pasadizo elevado que se ve desde el exterior.

Continuando la vuelta a la catedral, llegaréis al sepulcro de San Juan Nepomuceno, con unos recargadísimos ornamentos de plata. Este personaje fue utilitzado por la dinastía Habsburgo como símbolo para recatolizar el país y eclipsar el recuerdo de Jan Hus.

Tumba de San Juan Nepomuceno

Las capillas del fondo están cerradas al público. Pero en esa zona podréis contemplar un bajorelieve de madera que describe el saqueo de Praga por parte de los protestantes. Alzad la vista y no os perdáis las esculturas del triforio (balcón) y contemplad el coro. Delante del coro hay otro bajorelieve que explica un episodio muy importante en la historia de Praga: en 1620, los checos nacionalistas y los protestantes contra los invasores alemanes y católicos. Los checos fueron derrotados en la batalla de la Montaña Blanca. Este relieve explica como Federico del Palatinado, que había sido elegido rey por los nobles de Bohemia, huyó, permitiendo la victoria de las tropas católicas lideradas por Fernando II de Habsburgo. Fijaos como el Puente de Carlos aparece representado tal y como era en la época, desprovisto de estatuas y sólo decorado con una cruz. También aparece representada la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, que todavía tiene entre sus torres el cáliz de oro (símbolo de los husitas), que después de la victoria católica se fundió para hacer el manto de la Virgen que ahora ocupa su lugar.

Bajorelieve que describe la victoria católica sobre la nobleza protestante

Salid ahora de la Catedral y dad la vuelta a la izquierda, rodeando la antigua Sala Capitular, que hoy es la Casa de la Cultura.  Os encontraréis con la estatua de San Jorge, que es una copia de la original, que se encuentra en la Basílica de San Jorge, en el mismo Castillo. Desde ese punto tendréis una magnífica vista de la fachada sur de la catedral, de su sistema de contrafuertes y de la torre de casi 100 metros de altura. Contemplad las ventanas enrejadas, con una “R” mayúscula (de Rodolfo II) y los dos relojes, el primero que marca las horas y el de debajo, los cuartos. Ambos son de la época de Rodolfo II.

La Torre y la fachada sur de la catedral de San Vito

La Puerta Dorada muestra los mosaicos del Juicio Final, de 1370.

Puerta Dorada

La Basílica de San Jorge

 

Basílica de San Jorge

 

Detrás de la Catedral (por el lado sur) está la Plaza de San Jorge. Allí  se encuentra la Basílica del mismo nombre, con su exterior vistoso, de fachada roja y torres blancas. Fue la segunda iglesia más antigua del recinto del Castillo (la primera fue la rotonda de San Vito, ubicada donde hoy se levanta la Capilla de San Wenceslao, dentro de la catedral).  Fue fundada en el siglo X por el príncipe Vratislav. En esta basílica se encuentra enterrada Santa Ludmila, primera mártir de Bohemia (siglo IX), viuda del príncipe Bořivoj, y que fue estrangulada por su nuera Drahomira mientras estaba arrodillada rezando. También están enterrados otros miembros de la dinastía Přemyslita, la primera familia real de Bohemia.

Su interior denota el origen románico de esta edificación, pero el gran incendio de 1142 destruyó la antigua iglesia, como ocurrió con otros muchos monumentos de la ciudad anteriores al siglo X.  En el siglo XIII se añadió la Capilla de Santa Ludmila, donde reposan los restos de la mártir. La fachada que podemos contemplar en la actualidad se diseñó entre 1671 y 1691, en estilo barroco. La Capilla de San Juan Nepomuceno se encuentra incorporada a la fachada de la Basílica y es del siglo XVIII. En su interior podemos encontrar exposiciones sobre todo de arte gótico, que proviene de las colecciones de Rodolfo II.

El Convento de San Jorge se encuentra al lado de la Basílica y es la sede del Museo de Arte Antiguo de Bohemia.

Para ser sinceros, la visita a la Basílica de San Jorge es de aquéllas que se hace en quince minutos, a no ser que el visitante tenga un interés muy específico en alguna de las exposiciones que hay en su interior, o bien sea un experto en arquitectura o arte románicos.

Palacio Rosenberg

Como el Callejón Dorado no va a poder visitarse durante un tiempo, la entrada completa (A) ofrece la visita al Palacio Rosenberg, que se encuentra en la calle Jiřská, la misma que lleva al Callejón Dorado desde la Catedral. Como no he visitado este edificio, ya que hasta ahora no había estado abierto al público, la información que os podría dar tendría que obtenerla de alguna guía o web, con lo cual es mejor que la busquéis vosotros mismos y, sobre todo, que disfrutéis de la visita a este palacio.

 

Torre Mihulka o de la Pólvora

Desde la catedral, por la calle Vikarská, llegaréis a la Torre de la Pólvora o Torre Mihulka, que data del siglo XV y constituia una de las torres defensivas del Castillo. Un incendio en 1541 la destruyó y fue posteriormente reconstruida. En esta torre, Rodolfo II alojaba a los alquimistas que debían encontrar la fórmula para convertir los metales en oro o para crear el elixir de la eterna juventud. Con el tiempo, la torre pasó a ser un depósito de pólvora, de ahí su nombre. A mediados del siglo XVIII dejó de ser un polvorín para convertirse en alojamiento para los guardianes de la catedral.

En 1967 sufrió una última reconstrucción y pasó a ser una galería de exposiciones, sobre todo dedicadas a la época de Rodolfo II y sus prácticas cuanto menos, excéntricas. Actualmente alberga una exposición sobre historia militar.

Callejón dorado, Torre Dalibor y Torre Blanca

Desde la calle Jiřská, pasando por delante del Palacio Lobkowicz, a la izquierda, se encuentra el Callejón Dorado o de los alquimistas (Zlatá Uličká) , que desafortunadamente va a estar cerrado al público hasta Mayo de 2011 para, por lo que parece, reformar totalmente el sistema de desagúe que era el original del siglo XVI.

Esta callejuela debe su nombre a los orfebres que habitaron allí durante el siglo XVII. Es uno de los lugares más curiosos de Praga, por sus casitas pintadas de colores, que casi parecen de juguete. Se construyeron en el siglo XVI para los guardias del Castillo, en la época de Rodolfo II. La leyenda dice que en esta calle vivían los alquimistas y magos que Rodolfo II había traído a su corte. Hacia el siglo XIX, las casitas fueron ocupadas por la población más pobre y marginal de Praga. A principios del siglo XX, los inquilinos intentaron rehabilitar sus casas e incluso se instalaron en ellas algunos intelectuales. Por ejemplo, la casa nímero 22 fue alquilada por Ottla Kafka, la hermana preferida del famoso escritor Franz Kafka, parece que para poder encontrarse a solas con un amor más o menos clandestino, y la acabó cediendo a su hermano, que iba allí a escribir entre 1916 y 1917.

Callejón dorado

Como no se puede acceder al Callejón Dorado, tendréis que seguir la calle Jiřská, os encontraréis con la Torre Negra,al lado del Palacio Lobkowicz y, a la izquierda, con la Torre Dalibor.

La Torre Negra fue construida en 1135, como parte de las fortificaciones del Castillo de Praga. Su nombre se debe al incendio que se declaró en 1541 y que, a causa del humo, la tiznó de negro durante algún tiempo. Pero antes de esto, curiosamente, era conocida como la Torre Dorada, porque la parte superior estaba cubierta de brillantes placas de plomo pintadas.  Se utilizaba como prisión, sobre todo de aquellos que estaban encarcelados por deudas. La Torre se reformó en 1983 y se habilitó una entrada para los visitantes, aunque ahora no está abierta al público.

La Torre Negra desde la entrada sur al recinto del Castillo

La Torre Dalibor fue construida en el siglo XV por Benedikt Ried y tenía una función defensiva. Pronto pasó a convertirse en prisión, uso que tuvo hasta 1781. Su nombre se debe a su primer prisionero, el caballero Dalibor Kozojedi, que fue encarcelado en la torre hacia 1498.  Dice la leyenda que Dalibor aprendió a tocar el violín mientras esperaba la muerte en su prisión, la música le servía de distracción, pero también conseguía mejor trato por parte de sus carceleros. La fama de las bonitas melodías que tocaba el prisionero se extendió por la ciudad y la gente se reunía al pie de la torre y le hacía llegar comida. De ahí el refrán checo “La miseria enseñó a Dalibor a tocar el violín“. Dalibor fue finalmente ejecutado al pie de la torre. La triste historia del caballero preso en la torre inspiró al músico checo Smetana la ópera Dalibor (1868).

En el interior de la torre se muestran las estancias donde los prisioneros eran torturados, lo cual, acompañado de la atmósfera un tanto tétrica que se crea al entrar en edificios de este tipo, hace que nos imaginemos lo que podía ser la vida miserable de los que allí estaban encarcelados. En su exterior hay una curiosa escultura que representa una calavera con una figura humana de rodillas.

Desde la Torre Negra es posible abandonar el recinto del Castillo por las Antiguas Escalinatas Reales, que llevan hasta la Malá Strana en un recorrido precioso a través de los Jardines Ledebour. Ahora bien, si por la tarde se tiene previsto visitar el Loreto y el Parque Letná, lo mejor es deshacer camino y volver a la calle Loretenská.

Iglesia de Nuestra Señora de Loreto (Pražská Loreta)

 

El Loreto está cerrado entre 12.15 y 13h. Por la tarde, cierran a las 16h, por lo que si queréis hacer la visita, no podéis tardar mucho en almorzar.

El edificio conocido como El Loreto está compuesto por una iglesia, un claustro, la Santa Casa, algunos capillas y su famosísimo campanario. El Loreto de Praga fue construido en 1626 por encargo de Kateřina Lobkowicz, una aristócrata checa que deseaba promover la leyenda de la Santa Casa del Loreto en Bohemia. Según la leyenda, la casa donde el arcángel Gabriel se le apareció a la Virgen para anunciarle la concepción de Jesús era objeto de veneración entre los cristianos. Poco a poco, estos fueron llevándose trozos de la Santa Casa desde Nazaret y los depositaban en la ciudad italiana de Loreto. Otra leyenda más “atrevida” dice que los ángeles llevaron la casa completa por los aires desde Nazaret hasta Loreto a principios del siglo XIII.  Otros dicen que una familia italiana, apellidada Angeli, se encargó de desmantelar la casa y depositarla en tierras italianas, de ahí la presunta intervención angélica en el traslado.

La devoción por el Loreto en tierras de Bohemia se inicia a raíz de las guerras entre católicos y protestantes a principios del siglo XVII.  Durante la época de las sangrientas guerras de religión, los católicos construyeron más de 50 réplicas de la Santa Casa en Bohemia y Moravia, y la de Praga es la más grande y más importante. Ésta sería una estrategia clara de la dinastía Habsburgo y de la nobleza católica checa para “recatolizar” a los checos que profesaban ideas protestantes.

Santa Casa

La fachada que da a la Plaza del Loreto fue construida entre 1721 y 1724 por Kilian Ignaz Dienzenhofer. El bonito campanario con cúpula en forma de bublo y linterna (tan típicos del barroco praguense) es de 1634. Tiene un carrillón de 27 campanas que suenan cada hora. El carrillón de Loreto es protagonista de una de los centenares de leyendas que circulan sobre la ciudad de Praga. Se dice que durante la grave epidemia de peste que sufrió la ciudad a principios del siglo XVIII, una madre viuda veía como sus pequeños morían uno detrás de otro. Cada vez que moría uno de sus hijos, la madre pagaba para que las campanas del Loreto sonasen en recuerdo del niño muerto. Así sucedió hasta que murió el más pequeño y después de él, la pobre mujer. Nadie podía pagar para que las campanas tocasen en recuerdo de la desgraciada madre. Pero por intercesión de la Virgen, el carrillón sonó milagrosamente con una melodía tan hermosa que nadie nunca había oído nada igual.  El carrillón del Loreto suena cada hora, no sé si en recuerdo de la viuda, pero sí con una melodía preciosa.

En el patio del Loreto, además de la Santa Casa, podréis contemplar dos fuentes: la de la Ascensión y la de la Resurreccion, ambas de 1740.

En el interior de la Santa Casa se pueden contemplar diversos cuadros que describen episodios de la vida de la Virgen y una talla de madera del siglo XVII.

Dedicad unos minutos a dar un paseo por el claustro. La galería de la planta baja alberga varios altares y capillas. La más famosa es la de Santa Liberata (entrando en el patio, la primera a mano derecha).

Es una mártir de origen español, que lleva un vestido hecho de reales y luce una barba auténtica. Se dice que el padre de Liberata la quería casar con un muchacho que no era cristiano. Ella pidió a Dios que hiciese algo que la liberase de aquel compromiso, así que Dios la escuchó e hizo que le creciera barba.

Después de ver a la santa con barba, podéis pasar a la Iglesia de la Natividad y de Jesucristo, construida entre 1734 y 1737. La parte que tal vez llama más la atención en el Loreto (después de la Santa con barba, claro), es el Tesoro, que se conserva en el primer piso del claustro. Contiene más de 300 piezas que forman una respetable colección de orfebrería de los siglos XVII y XVIII.  Pero la joya entre las joyas es la custodia de diamantes llamada El Sol de Praga, que fue realizada en Viena entre 1696 y 1699. Como su nombre indica, tiene forma de sol del cual salen rayos formados por más de 6.000 diamantes. Las fotos, como no podía ser menos, están prohibidas en la zona del Tesoro.

Novy Svět (El Nuevo Mundo)

Saliendo del Loreto por la Plaza Loretanská, tomad la calle que us queda a la derecha, Černinská. Pasaréis por delante del Monasterio Capuchino, que data del 1600. Dejaréis atrás la diminuta estatua de San Juan Nepomuceno y llegaréis a la zona de Novy Svět, que significa Nuevo mundo. Es un lugar ideal para dar un paseo tranquilo antes de abandonar el distrito del Hradčany.

Novy Svět

Es una zona de casitas pintorescas que fue construido en el siglo XIV para proporcionar viviendas a los trabajadores del Castillo. Ha sufrido diversos incendios, el último de ellos a mediados del siglo XVI. Por eso, la mayoría de casas que podemos contemplar en la actualidad son del siglo XVII. Notaréis que esta zona tiene un aire muy diferente al resto del Hradčany. En todo caso, se parece un poco al Callejón Dorado. Es muy tranquila y humilde. Tradicionalmente vivieron  aquí los habitantes más pobres de Praga, aunque se esforzaban por adornar sus casas con emblemas dorados para identificar sus modestas casitas: uvas, un pie, un arbusto… En el número 1 una placa identifica el inmueble como el lugar de residencia de Tycho Brahe, el astrónomo oficial de la corte de Rodolfo II. Hoy en día, muchas de estas casas están ocupadas por los talleres de artistas

Al final de  Novy Svět, girad a la derecha por  U Kasáren y después a la izquierda y volveréis a encontraros en la Plaza del Hradčany.

  

 

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