Los nuevos vampiros (I): de Stoker a Stephanie Meyer

Después de leer los libros que forman la exitosa saga Crepúsculo (y supongo que todos estamos de acuerdo que éxito no s sinónimo de calidad, pero tampoco son incompatibles), parece indudable que su autora, Stephanie Meyer, cuando decidió dar vida a los personajes vampíricos de sus obras, conocía a la perfección las características más destacables que Anne Rice, hace más de tres décadas, imaginó para sus personajes de su Entrevista con el vampiro. Estas características los alejaban de la imagen arquetípica que hasta entonces éxistía de esos no-muertos en la literutura o el cine.

Hasta ese momento, el modelo del vampiro literario era Drácula, el personaje de la novela homónima de Bram Stoker publicada en 1897. Aunque se cree que Stoker recurrió a las leyendas de origen eslavo sobre el personaje de Vlad Tepeš, lo cierto es que sus referentes remiten a la tradición escrita. El primer autor que se aproxima al mito del vampiro, como ser inmortal, nocturno, el no-muerto sediento de sangre humana, condenado a la vida eterna, fue Goethe con La novia de Corinto. Por tanto, el mito de raíz popular y, por tanto, oral, queda enmarcado dentro de la literatura del Romanticismo, movimiento caracterizado por el deseo de recuperación de los mitos y leyendas de tradición popular. No hay duda de que Stoker tenía que conocer obras como El vampiro de John Polidori, pero parece aceptado que la influencia más inmediata sobre la novela Drácula proviene de Carmilla, de Sheridan Le Fanu, publicada en 1872. Las novelas que, en mayor o menor medida sirven de modelo a Stoker tienen en común mostrarnos a un vampiro con unas características muy definitorias y que han pasado a formar parte de nuestro imaginario literario y, más tarde, cinematográfico.

  • El vampiro, como encarnación del mal, asimilado al diablo y enemigo de Cristo. De aquí su repugnancia por todo lo que es sagrado y que tiene la virtud de poder luchar contra su poder infernal (crucifijos, agua bendita, etc)
  • El vampiro es un ser nocturno y sólo durante la noche tiene el poder de atacar a los humanos. Durante el día, el vampiro duerme.
  • El vampiro necesita descansar en un ataúd sobre tierra de su país natal. En cualquier otro lugar, el descanso le está prohibido.
  • Su único afán es conseguir nuevas víctimas para saciar su sed de sangre, en primer lugar, y también para aumentar las legiones de criaturas infernales a través de las cuales domina el mundo.
  • No hay nada de humano en este ser. Su condición de inmortal no le pesa, y su etapa de antiguo humano no es ni una carga ni un lastre del pasado.
  • El vampiro odia al género humano, ya que los hombres son sus enemigos naturales.

El cambio básico que fue capaz de operar Anne Rice con los protagonistas de su novela, Louis y Lestat, tiene que ver con la esencia de lo que, tradicionalmente, ha sido y ha representado un vampiro. Aunque Louis acaba resignándose a ser lo que es, nunca disfruta con ello, como sí sucede en el caso de Lestat. Mientras que éste último se siente poderoso y privilegiado, la inmortalidad es un premio y no un castigo, Louis siente repulsión por el ser en que se ha convertido. No olvida que fue un hombre, que amaba a una mujer y que ésta murió, que era joven y tenía grandes esperanzas puestas en el futuro. Louis no puede soportar ser una criatura que, para sobrevivir, tiene que sembrar el terror y la muerte entre los humanos. Incluso, durante un tiempo, intenta alimentarse únicamente de la sangre de los animales (no podemos perder de vista este detalle, ya que será recuperado por Stephanie Meyer en sus novelas). Lestat le echa en cara su debilidad, es decir, que sea demasiado humano, se ríe de él porque no sabe aprovechar las ventajas, la fuerza y el poder que le proporciona su inmortalidad. Para Lestat, ser inmortal es sinónimo de poder, para Louis, de tormento eterno.

Anne Rice, además, introduce otra novedad: con el personaje de Claudia, una vampira que era una niña cuando fue convertida y que, mientras su mente madurará y será la de una adulta que, además vivirá eternamente, su cuerpo siempre será el de una niña. Claudia, como Louis, se odiará cuando llegue a ser consciente que está atrapada para toda la eternidad en un cuerpo infantil. Y como Louis, odiará a aquél que los creó, es decir, Lestat. El tema del paso del tiempo, obviamente diferente para los humanos que para los vampiros, es otro de los elementos que Meyer desarrolla en la segunda novela de la saga, Luna nueva. Así, pues, las diferencias entre los vampiros clásicos y los personajes de Entrevista con el vampiro de Anne Rice son evidentes, porque estos últimos son capaces de experimentar sentimientos absolutamente humanos, de recordar su pasado y torturarse al hacerlo, de sentir compasión por sus víctimas y repulsión por lo que son.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: