Del Barça al nacionalismo español

La semana pasada, navegando por la red para buscar qué se había escrito acerca del partido Barça-Inter, acabé leyendo, sin quererlo ni buscarlo, una serie de comentarios, escritos por seguidores o aficionados del Real Madrid que todavía estaban en fase de éxtasis, cómo no, al saber que el Barça no jugaría la final de la Champions en el Bernabeu. Se les notaba aliviados porque los seguidores barcelonistas no profanarían el templo del fútbol madridista ni las calles de su ciudad. Incluso, en el día siguiente al partido, vi por televisión como grupos de seguidores del Real Madrid lo celebraban en Cibeles. Ya se sabe cómo son las rivalidades futbolísticas y no me sorprendieron determinados comentarios, más allá de la constatación de que, a veces, el ser humano disfruta más de los fracasos de su rival que de los éxitos propios, recordemos aquello de “el perfume más agradable es el del cadáver de nuestro enemigo”. Probablemente, si se hubiera dado la situación inversa, numerosos barcelonistas habrían hecho más o menos lo mismo, aquí también tenemos nuestro grupo de aficionados que, si no gana el Barça, se consuelan con las derrotas del Real Madrid. No sé si esto debe pasar entre todas las aficiones de equipos con rivalidades deportivas similares, es posible.

Pero la cuestión que llamó mi atención fue el tono extremadamente agresivo, grosero, resentido, empapado de menosprecio y de prejuicios de aquellas palabras, no sólo contra el FC. Barcelona y su afición, sino contra todo lo que tuviese relación con Catalunya y los catalanes.  Esos comentarios no celebraban una victoria de su equipo, sino la derrota de su eterno rival, pero lo que en realidad les alegraba era que entendían que aquello era una derrota de los catalanes. Parecía como si, en realidad, se hubiese jugado la final de una confrontación entre España y los “putos catalanes de mierda”. Allí no tenía cabida el fútbol, el Inter no pintaba nada. Eran ellos, los españoles, quienes habían ganado no sé qué batalla contra Catalunya y los catalanes. Eso fue precisamente lo que me sorprendió, no porque me sintiera especialmente ofendida como seguidora del Barça o como catalana (este estadio creo que por aquí lo tenemos más que superado por repetitivo), sino porque entendí que no se trataba de provocaciones orquestadas por los cerebros extremistas y enfermizos de siempre, alimentados de tópicos seculares, como una epidemia recurrente que aparece cada cierto tiempo y que los catalanes confiamos en que no se extienda entre la población sana. Aquello era un estado de opinión que ya no tiene nada que ver con el fútbol y que, como la enfermedad de que hablaba, infecta cada vez sectores más amplios de la sociedad española.

No es nada nuevo, ya lo sé. La identificación “Barça-Catalunya-nacionalismo” es antigua, como antiguos eran algunos de los tópicos y prejuicios anticatalanes que estaba leyendo. Como antigua es la actitud flemática que adopté y que es la que impera mayoritariamente en Catalunya: pensar que los prejuicios son fruto del desconocimiento y de la falta de cultura. No sé si somos ingenuos o estoicos, pero es cierto que siempre hemos creído que la actitud anticatalana se alimenta de una mezcla de tópicos, de rumores malintencionados, y que sólo personas ignorantes y fanáticas pueden darles crédito sin sonrojarse. Ahora, después de pensarlo con detenimiento, pienso que sí, que pecamos de ingenuos. Porque estos tópicos no sólo son opiniones sin fundamento y que expresan de la manera más visible, chillona, exaltada y, evidentemente, grosera, el viejo sentimiento anticatalán, el de siempre, el de toda la vida, que no es un invento franquista, el que nos considera separatistas, insolidarios, egoístas, avaros, antipáticos, cerrados en nosotros mismos, interesados… Es el anticatalanismo que raya extremos a veces  casi patológicos, explotado sabiamente no sólo por la extrema derecha, que al fin y al cabo es lo que podríamos esperar, sino por todo el espectro político español, de extremo a extremo. En ese momento tomé conciencia que lo que se está extendiendo por la sociedad española es precisamente lo que, si les preguntásemos, jurarían rechazar con toda vehemencia: el nacionalismo, un nacionalismo español radical y muchísimo más excluyente que el resto de los nacionalismos periféricos (vasco y catalán, sobre todo).

No entiendo, si no, por qué en un partido de fútbol entre el Barça y el Real Madrid, los seguidores de este equipo agitan banderas españolas, por ejemplo. Quién excluye a quién? Ésta es la gran paradoja: critican el supuesto separatismo catalán, pero a la vez, perciben a los catalanes como diferentes, como no “españoles”. Y pienso, además, que la mayoría de nacionalistas españoles no tienen conciencia de serlo o bien se niegan a admitir que lo son.

Manipulación, propaganda y exaltación, éste es el peligroso combinado que se está sirviendo para alimentar el nuevo nacionalismo español, tanto desde la derecha como desde la izquierda. Y observo que el mensaje arraiga, desde las más altas instancias políticas y culturales hasta la gente de la calle. Hay que ser español y sentirse orgulloso. De aquí la gran inversión mediática que se está llevando a cabo para encontrar elementos cohesionadores de la sociedad española que constituyan un motivo de orgullo, que acaben con ese sentimiento de inferioridad que se arrastra desde hace siglos, como, por ejemplo, la selección de fútbol, “la Roja”, con todo el despliegue de publicidad, espacio ilimitado en las televisiones, concentraciones urbanas, eslógans (Podemos, Vamos a desafiar al mundo, Disfruta de la Roja), etc, todo ello animado por los últimos éxitos deportivos. Imagino que el objetivo último no se escapa a nadie medianamente perspicaz.

Otro elemento que tiene que cohesionar a todos los españoles es la lengua, el elemento cultural identificativo por excelencia de toda comunidad humana. Los nacionalistas españoles econocen en el “español” una superioridad y unos valores que la sitúan por encima del resto de lenguas que se hablan en el estado, que minusvaloran y no perciben como parte de un patrimonio cultural común.   

Y aún así, no hay una percepción general de la existencia de este nacionalismo español, lo cual es lógico, ya que el nacionalismo es la ideología que demonizan y rechazan de plano. Porque su nacionalismo no parte de una uniformidad étnica o de una identidad histórica, por eso no aceptarían ser etiquetados como nacionalistas. Al contrario, se presentan como defensores de la democracia y de la estricta legalidad constitucional que no excluye a nadie. Pero defendiendo la esencia de lo “español” hay implícita una exclusión de todo aquél que no pueda o no quiera ser considerado como tal.

Es un nacionalismo que dice valorar y proteger la “pluralidad cultural” española, pero que no se la cree, para ellos, la riqueza cultural española es más bien “folklórica”, porque “España es Una”, no nos equivoquemos. Defienden la superioridad del español y si no se atreven a afirmar que el catalán o el gallego son dialectos (con el vasco no se atreven, es evidente), es porque una aseveración de este calibre despide un tufo a franquismo rancio e ignorante que es lo que precisamente necesitan obviar.

Y yo, mientras tanto, no acabo de entender determinadas cuestiones:

–      Por qué desde España se respeta y se entienden los nacionalismos en los países bálticos, en la antigua Yugoslavia, en el Kurdistán o en las antiguas repúblicas soviéticas, pero se rechaza el nacionalismo vasco, catalán o gallego.

–      Por qué son capaces de comprender la diferencia entre nación y estado y el concepto de nación sin estado en los casos palestino o saharaui, pero se cierran en banda cuando la cuestión la tienen en casa.

–      Por qué quieren vender la idea de España como una nación, cuando España no tiene una unidad histórica, lingüística y cultural única, hasta los nacionalistas españoles más radicales son capaces de darse cuenta de ello, otra cosa es que quieran admitirlo.

–      Por qué no se les pasaría por la cabeza minusvalorar lenguas como el islandés (unos 300.000 hablantes, aproximadamente), el danés (6 millones de hablantes), el finlandés (5 millones de hablantes), el noruego (5 millones de hablantes), el lituano (4 millones de hablantes), el estonio (1 millón de hablantes), el letón (1 millón y medio de hablantes), el albanés (6 millones de hablantes)… Pero, en cambio, consideran que el catalán, con 7 millones de hablantes y 3 millones más que lo entienden aunque no lo hablen habitualmente, es una lengua pijama, una lengua para estar por casa, que se tendría que usar sólo en el ámbito familiar y coloquial.

–      Por qué los políticos de este país niegan ser nacionalistas aunque sus actitudes y su discurso lo desmienten? Tanto la derecha como la izquierda españolas remarcan el carácter no excluyente de la nación española, mientras que los nacionalismos parece que lo son por definición. Pero, de momento, quedan excluídos todos aquellos que se permiten cuestionar el concepto de unidad nacional. Y pienso que esto no es una opinión subjetiva porque, como he dicho anteriormente, basta con observar las banderas españolas en los partidos de fútbol, las manifestaciones anticatalanas con cualquier excusa (trasvases, etc), los comentarios insultantes, los boicots a los productos catalanes, los manifiestos a favor del uso del castellano en Cataluña, creando polémica y agravios, como si fuese precisamente esta lengua la que estuviese amenazada y necesitase ser objeto de protección. Esta actitud se mantiene contra un “enemigo”, un adversario, contra aquellos con quien se tienen agravios no resueltos, pero de ninguna manera contra los que se cree que forman parte del mismo grupo o de la misma nación.

Cuando en 1916 preguntaron a Rovira i Virgili, uno de los más importantes ideológos del catalanismo, qué pensaban los catalanes sobre los españoles, respondió: “Si usted me pregunta si los catalanes odian a España, le diré que no; si me pregunta si aman a España, le diré que tampoco”.  Esto no es ni bueno ni malo, es una postura muy catalana, teniendo en cuenta los pocos motivos que históricamente se han tenido en Catalunya para sentirse queridos y valorados por los españoles. Pero ahora, y a tenor de las circunstancias, tendríamos que hacer un ejercicio de sinceridad y preguntarnos: ¿Quién excluye a quién? ¿Quién odia a quién?.

Anuncios

7 Responses to Del Barça al nacionalismo español

  1. Jose says:

    Buena amiga, en la mayoría de tus comentarios y argumentos no puedo estar más deacuerdo, como en todos los referentes al uso que hacen los uniformadores, de símbolos que son de todos, como: la bandera (la rojigualda), la Villa de Madrid como capital de España y de todos los españoles incluyendo a los catalanes, pues no, Madrid lo es solo (para los uniformadores y excluyentes) la capital de esa España homogénea, exclusivamente castellana y por lo tanto excluyente, por desgracia desde muchas instituciones madrileñas, políticas, Asamblea Autonómica, mediáticas, deportivas, etcétera, es en el apartado deportivo donde nos encontramos con un símbolo como es el Real Madrid, el cual está totalmente invuido en esa idiología uniformista, de ahí que los periodistas y los medios directamente madridistas, todos ellos forman parte de ese conglomerado de manipuladores informativos y propagandísticos del uniformismo, y por desgracia ocurre algo parecido aunque no tan descarado con las instituciones españolas, desde todos sus sectores.
    Pero con lo que no puedo estar deacuerdo es en esa continua dualidad en la que, a lo mejor sin darte ni cuenta, caes continuamente entre lo español y lo catalán, la cual es imposible, es como si hicieses lo mismo con lo catalán y lo barcelonés, es un imposible ya que Cataluña es España, pero eso sí, de una España a la que pertenecemos todos, no de esa España que nos quieren vender y con la que nos quieren hacer tragar (la España uniformada y exclusivamente castellana, por lo tanto excluyente), sino de la España unida en la historia y diversa fruto de esa misma historia, la España de la Unidad en la Diversidad, sin que sea medianamente coherente defender lo uno sin lo otro, es decir, poco nacionalista español o españolista se puede ser sin defender la diversidad de España, y al defender lo español intrínsicamente se está defendiendo lo catalán, etc., pero igualmente es imposible defender lo catalán, negando de partida la españolidad de Cataluña, que es la principal característica de Cataluña, sin la cual sería imposible realizar una mínima explicación de Cataluña y lo catalán.
    Un fuerte saludo de un vallisoletano, viejocastellano, meseteño, castellanoleonés y al igual que el resto español.

  2. Ana says:

    Si la gente tiene ese concepto de los catalanes sera por algo, yo soy canaria y vivo en Barcelona, y la verdad eske no puedo agradecer para nada el trato ke me han dado aki, me ha costado muchisimo integrarme por el simple echo de ke no sabia hablar catalan, y eso, le pese a kien le pese, estando en España es un atraso total. Me siento canaria y me siento española, y aunke lleve años aki, no me sentire nunca catalana. No obstante, si me siento madrileña pq el año ke vivi alli me trataron todos como si estuviera en mi propia casa.
    No lloreis tanto pq si el rio suena agua lleva.

    • universcat says:

      Por supuesto, tienes todo el derecho de sentirte lo que quieras y de donde te apetezca. El mismo derecho que tengo yo, también le pese a quien le pese. Lamento muchísimo que no te sientas a gusto en Cataluña, espero que pronto puedas volver a Canarias, o a Madrid, para encontrarte como en casa. Saludos.

  3. Pablot says:

    Yo vivo en catalunya desde hace 6 años, mi novia es catalana y soy de madrid, de Rivas-Vaciamadrid (buscadlo por al red, aclarará cosas a quien quiera prejuzgar).

    En madrid he tenido amigos catalanes, casi familia, puerta con puerta y su integración ha sido total. Aquí he tenido bastantes problemas y no me siento agusto, peor quiero a mi novia, a su familia y me encanta catalunya, no los catalanistas.

    Al contrario que Ana, yo no me siento español, no entiendo eso del sentimiento, lo soy políticamente hablando porque un mapa político dice que donde nací se lama España.

    Hasta que llevaba un tiempo viviendo aquí no empecé a darme cuenta del acoso político en los medios, las calles… y la tirantez. Al tiempo me di cuenta que aunque conocer, conocí a más gente catalana, realmente amistad, mayor o menos, era sólo con gente de fuera, españoles, portugueses, uruguayos, etc.. Tuve algún problema con algunos amigos de mi novia, que ella no se daba cuenta y yo la verdad… me callaba, porque eran sus amigos y no quería meterme en esas movidas. Recibí algún comentario “suave” para ser despectivo, como tildado de “españolito”.

    Más tarde me empecé a dar cuenta de que cuando hablaba en un grupo de gente (soy muy sociable, bromista y hablador), el catalán que se le veía nacionalista o catalanista, no te escuchaba o simplemente sonríe con cara seria y ya está.

    Me fui de madrid porque la ciudad es muy grande y no me gusta, me agobia su velocidad, sus calles estrechas… y Barcelona es preciosa. Si no vuelvo a Madrid es porque me estresa la ciudad y Barcelona me gusta muchísimo, Catalunya en general.

    Lo que ahora vuelvo a apreciar es que en Madrid, no hay sentimiento de arraigo alguno (por lo general) y que al contrario de lo que me respondían aquí cuando yo decía que era de Madrid, no está lleno de fachas, eso es más bien por clases y no por territorios.

    No soy madridista, de hecho siempre he dicho que soy antimadridista, allí lo decía sin problema, pero ahora que tampoco me gusta el Barça por la herramienta que representa, hay que tener mucho cuidado con decirlo.

    La bandera española en Colón nos la coló Aznar y… bueno pues ahí e ha quedado y no tiene más importancia, aunque no me gusta. Eso si, Catalunya tiene banderas de “la verdadera patria” (patria, esa palabra me da grima) en todas partes, cada calle tiene unas cuantas.

    Con todo esto quiero decir que en todas partes hay de todo, que en toda España hay miedo a los fantasmas del pasado pero que en Catalunya hay un conflicto que los políticos no quieren dejar de lado (da pasta) y muchos otros sitios no, es más, el nacionalismo llama al nacionalismo y se alimentaran mutuamente, crecerán y los ciudadanos y personas libres pagarán el pato.

    Tristemente quiero decir que me quiero ir de Catalunya, pero irse del país no es fácil y no quiero volver a Madrid. Me encanta Asturies, pero es que en este país, de lo mío, sólo puedo currar en una de estas dos ciudades.

    • universcat says:

      Lamento que no te sientas a gusto aquí, en Catalunya. Tiene que ser duro no sentirse bien en un lugar y estar casi obligado a quedarse. Sobre lo que me dices, solo puedo añadir que tengo amigos nacionalistas y no nacionalistas, que votan CIU, ERC, pero también alguno vota al PP. Tú te has sentido mal aquí, yo prefiero no explicarte lo que me he tenido que oír en Madrid o en Andalucía. En fin, cada uno tiene historias que explicar. Lo principal es el respeto y tal vez eso falta por ambas partes.

      • Pablot says:

        Completamente de acuerdo!, es que uno no puede vivir sin el otro, a´si que si ha uno es que ciertamente el otro también está.

  4. Pablot says:

    Quiero añadir un par de cosas.

    Nunca he visto en este país tal nivel de manipulación mediática. Sé que La Razón, El mundo y esas cosas… son lo que son y no son mejores para anda, me refiero a que aquí es muy difícil encontrar un periódico o medio que no esté financiado por la Generalitat y huela mucho.

    Cuando empecé a darme cuenta e que la movida era mas gorda de lo que pensaba en Madrid, que allí nos preocupamos por vivir y ser felices, empecé a hacer pruebas. Por ejemplo, pregunté en la oficina dónde estaba Teruel, a lo que la mayoría no lo sabía. Luego pregunté la Rioja y me mandaron a paseo. Me pareció curioso porque muchas veces me han dicho que los españoles temen el nacionalismo catalán porque tememos lo que no conocemos. Es extraño, pero si te pones a preguntar, muchos catalanes a penas han salido de Catalunya a ver el resto del país. Ni mi novia, a la que conocí en una de mis visitas a Barcelona (ella no conocía Madrid).

    Claro que hay catalanes que no responden a esta descripción, y son muchos, pero hay un porcentaje más elevado de lo habitual, es innegable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: